Sigo en modo “vamos con lo que hay detrás”. Me parece que es habitual que nos aprendemos la papa de un fallo y, posta, olvidemos el contexto detrás del caso. Vive pasando. Así que vamos con los hechos detrás del caso “Sojo” de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Vamos al Proyecto de Ley sobre el Arrendamiento de las Obras de Salubridad de la Capita Federal que se debatía en el Congreso en 1887. El maravilloso Estado había gastado 21 millones de pesos moneda nacional en 16 años para dotar de aguas corrientes, cloacas y desagües a la ciudad.
Obviamente, había fracasado. ¿Entonces? Pues se le ocurrió al gobierno de Juárez Celman (el “burrito cordobés”) contratar directamente a la empresa Canevalli & Cía para que finalizara las obras y luego, como arrendatario, las explotase.
O sea: donde el sector público no pudo, podrá el sector privado (ponéle). ¿El precio? Los 21 millones gastados, así el Estado salía empatado. ¿Cuánto faltaba para terminar? 6,5 millones. ¿El plazo para hacerlo? 3 años.
Las críticas eran tremendas. La obra está casi terminada y se la entregás al sector privado, como que hay gato encerrado. ¿Encima contratación directa? ¿Por casi medio siglo? ¿Es joda? En 10 años ya va a tener ganancias. Y va a haber el doble de usuarios, o sea, doble renta.
Canevalli y Cía no lo hacía de onda, por supuesto: se llevaba el arrendamiento y la explotación del negocio por los próximo 45 años y los usuarios le tenían que pagar por mes seis pesos y cincuenta centavos oro.
Tanto quilombo era que hasta “el Zorro” Roca había dicho “muchachos, paren la mano, la cortemos con el quilombo ese”. No le dieron pelota al comprovinciano.

Por supuesto, como dijo La Nación (sí, ya en esa época existía), “La oposición tenía toda la razón; pero el gobierno tenía todos los votos necesarios para producir el hecho”. Así nació la Ley 1992, sancionada el 09/09 de 1887.
El 04/09/1887, Sojo publica la caricatura con los diputados como carneros, el presidente Juárez Celman, el vice Pellegrini y el ministro Wilde q defendió el proyecto sobre una prensa apretando a la República que daba monedas al plato del cual pescaba la empresa.
¿El epígrafe? Por si no se lee: “Salió condenada al fin y muy pronto estará en cueros, pues votan como carneros, todos los de Celemín. Los argumentos que gastan son de presión y opresión, así por esta razón si no convencen, aplastan”.
Al día siguiente de la publicación, el honorable diputado Lucio V. Mansilla, indignado, lleva la caricatura y contagia al resto de los diputados su falta de buen humor: obtiene una resolución para meter preso a Sojo por violar su inmunidad. ¿El tiempo? El resto de las sesiones.
Ese mismo día a las 20:30, Sojo termina preso en la Penitenciaría. Sí, no se jodía en esa época. La prensa criticó no solo el procedimiento ilegal, sino el tono del “discursito” de Mansilla que no se guardó nada, yendo desde los piojos a las patadas, pasando por los godos…

Con Sojo preso, Don Quijote igual se publicó con esta caricatura, donde él es Don Quijote, Juárez Celman como “Herodes, Rey de Judea” y Mansilla como “Caifás” sobre un carnero con ballesta en mano y el zapato “para las patadas ofrecidas”.

Las mujeres lloronas eran la “prensa independiente”, la “liberad de imprenta”, la “opinión pública” y la “cultura: señora resentida por el lenguaje de Mansilla”. El quilombo escaló: el Ministro de España en Argentina reclamó “amistosamente” por Sojo.
Mansilla tuvo que dar explicaciones, así que contestó algo así como “no quise ofender a los españoles”. Para qué… Don Quijote aprovechó para hacer una nueva caricatura de Mansilla pidiendo perdón de rodillas en la edición del 25/09 de 1887.

A todo esto… Sojo había presentado un habeas corpus ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación que, aunque no tenía a Fayt en sus filas, ya hacía cronoterapia. En esa misma edición, se hizo acreedora a esta caricatura, “Los siete durmientes”, con los jueces durmiendo…

Lo corto acá para que quede claro que el caso fundador del control de constitucionalidad en Argentina empezó con una joda (como tantas cosas en este país, por supuesto). O un negociado. O una crítica. O un periodismo activo. Elijan su propia aventura.
Para los que no vieron la entrada sobre quién era Eduardo Sojo, se las dejo acá.Y sí, la fuente de esta entreada es la misma que la de esa: un artículo de Giselle Taboada.
Sí, esto fue un hilo el 20/09/26.