Eduardo Sojo

Detrás del nombre un caso, tiendo a pensar que siempre hay toda una historia. O sea, todo caso trae una historia detrás, obvio. Pero a veces los protagonistas traen una propia. La idea de la entrada es contar la historia de Eduardo Sojo, el del caso “Sojo” de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Aclaro que no tenía idea de quién era Sojo hasta que leí un artículo de Giselle Taboada sobre el caso que me encantó. Así que vaya el reconocimiento para la autora, pues de ahí saco todo lo que viene a continuación.

Aclaración cortísima para todos los que no son abogados ni fanas del Derecho Constitucional: el caso “Sojo” es “el Marbury v. Madison criollo”. ¿Y eso qué es? Bueno, en síntesis, el caso donde la corte crea el control de constitucionalidad (no sean exigentes con precisiones).

¿Quién era Eduardo Sojo? Un español nacido en 1855. Era periodista y era dibujante. Obviamente se dedicó a la caricatura política. Y sí, los muchachos españoles no tenían mucho humor con el antimonárquico y republicano Sojo, con caricaturas como esta.

¿A dónde se va Sojo? A nuestro país. Y sí, se dedica a lo mismo que hacía en España, al periodismo. Funda “Don Quijote”, semanario político que decía: “Este periódico se compra pero no se vende”. Sojo firmaba con el seudónimo Demócrito.

El periódico estaba dedicado a la sátira política, con artículos sumamente irónicos y con una ácida crítica a los políticos de la época. Denunciaba corrupción, fraude electoral, clientelismo político y la dilapidación de los fondos públicos.

Sojo ridiculizaba a las figuras políticas de la época: a Julio Argentino Roca lo hacía como un zorro y Miguel Juárez Celman, como un petiso con farol como corona. Cuando lo amenazan de meterlo preso si sigue haciéndolo así al cordobés lo hace como un burro.

A Luis Sáenz Peña lo hará como un Pavo. A José Evaristo Uriburu lo hará como un cangrejo con los labios cerrados por un candado. ¿Y cómo se autocariturizaba Sojo? Como el hidalgo caballero Don Quijote de la Mancha.

A los políticos de entonces no les caía bien Sojo. Lo metieron preso muchas veces. Lo persiguieron. Lo quisieron sobornar. Sojo siempre volvía a las andadas, burlándose de cada incidente. Y así aumentaba su fama y su éxito.

Sojo incluso estrena una obra en el teatro, pero la prohíben por las referencias a los políticos de la época. Sojo reta a duelo al intendente de la capital, Torcuato de Alvear (no se andaba con chiquitas, parece).

Pero todo lo bueno termina. La famosa revista “Caras y Caretas” a todo color en 1898, opacaría a su seminario. En 1905, Sojo edita su último número y vuelve a España, donde moriría en 1908. Para entonces, su apellido estaba en el “Marbury v. Madison criollo”.

Sí, esto fue un hilo el 13/09/26.

¿Algún comentario?