De esos casos que no se olvidan

Hay casos que no se olvidan. Este es uno de esos. ¿Por qué? Tal vez por lo humano o por lo difícil: se me quemaron muchas veces los papeles.

Cortesía de Gemini

El caso C. empezó en 2021 cuando una madre quiso la restitución de sus dos hijas menores de edad. ¿Qué había pasado? Las dos niñas fueron llevadas por el padre desde la provincia de Buenos Aires hasta una localidad del interior tucumano. Obvio, sin autorización de la madre.

Esta, desesperada, planteó su restitución ante la Jueza en lo Civil en Familia y Sucesiones de Monteros. ¿Tuvo éxito? No, la jueza rechazó la restitución. ¿Argumentos? Pocos. Apelamos a la cámara del fuero. Tampoco tuvimos éxito. ¿Argumentos? “Las niñas están bien donde están”. Un desastre todo.

Fuimos en casación a la corte. En el medio pedí que la cámara habilitara días y horas para que tramitase el recurso, por obvias razones. No me dieron ni la hora. Finalmente, el caso llegó a la Corte Suprema de Justicia de Tucumán. En un principio, no habilitó días y horas. Planteé revocatoria y, aunque no lo crean, me hicieron lugar, habilitaron días y horas para, al mismo tiempo, hacer lugar a la casación. Ya era fines de 2021.

Pero, como bien dijo un profesor en la facultad, “una cosa es tener una sentencia y otra cosa es ejecutarla”. En este caso lo aprendí en carne propia. De nada sirvió la habilitación de la feria: se abrió un tortuoso camino para que la restitución se hiciera efectiva. Hubo quejas por retardo de justicia, escucha a las niñas sin permitir que el psicólogo de nuestra parte estuviese presente y, el colmo de lo absurdo, una jueza que en un decreto puso “voy a pedir a la corte que me diga qué es lo que tengo que hacer” (bueno, más o menos así). Todos mis recursos en los que intentaba poner un poco de orden y razonabilidad fueron infructuosos. A veces la obcecación es demasiada.

Debo confesar que en algún punto de la maraña de recursos y procesos cruzados me perdí. En el medio, la corte, sorprendidísima por el oficio de la jueza, lo contestó en forma seca diciendo algo así como “cumpla y deje de joder”.

Así como uno no hace todo, debo confesar que este caso tuvo mi atención plena gracias a una integrante de mi equipo. Al mismo tiempo, otro, recién incorporado, puso el pecho a las balas y se ofreció para ir el día correspondiente a efectivizar la restitución. Finalmente, hubo final feliz para la Sra. C. y las niñas, que regresaron a su hogar, como se destacó en el diario (La Gaceta, 01/04/22), en la web del Poder Judicial (Justucuman, 01/04/22) y en otro sitio web de noticias (Primera Fuente, 01/04/22). Sin duda alguna, este es uno de esos casos que nunca se olvidan: me costó un montón ganarlo, luego hacerlo cumplir y en el medio se me quemaron (varias veces) los papeles.

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