Hace un tiempo me invitaron a pensar en una propuesta para mejorar la justicia en Tucumán. No fui muy original, pues propuse una vieja deuda que tenemos los tucumanos: la implementación del juicio por jurados.

La invitación fue de la Fundación Federalismo y Libertad. La verdad, aproveché la oportunidad para volver sobre uno de mis temas favoritos, pero les juro que no hay solo oportunismo, sino argumentos detrás. El texto formará parte de un libro que se publicará con varias propuestas sobre distintas áreas temáticas. Mientras tanto, como ya compartí por ahí, me hicieron una entrevista en la que hablé largo y tendido sobre el tema. Los que prefieren escuchar más que ver, está en Spotify y si no soportan algo largo, pueden ver si se enganchan con el reel correspondiente.
¿Harto de videos y podcasts? No se preocupe, para eso es esta entrada, que condensa las principales ideas de la entrevista que me hizo Pablo Pero. Y de paso, sigue machacando sobre el tema: hay que implementar el juicio por jurados en Tucumán.
1. Legitimidad
Como siempre, uno empieza por el problema, aunque duela: en cualquier encuesta, el Poder Judicial siempre sale perdiendo en lo que hace a su valoración. Es, por así decirlo, una institución con mala nota. Pablo empezó preguntándome por esto y rápidamente vinculé con la propuesta para cambiar esto: el juicio por jurados puede ayudar a democratizar la justicia, aumentar la confianza pública y mejorar la legitimidad del sistema. ¿Mucho? No lo crean, en todas las jurisdicciones donde se lo implementó, los resultados, con investigaciones empíricas, lo demuestran. No es humo.
2. Sistemas inquisitivos y acusatorios
Esta quizás es la parte más “técnica” o para abogados. Pablo me pidió profundizar sobre las diferencias entre los sistemas inquisitivo y acusatorio-adversarial. Para los penalistas, no es nada novedoso. Es, se diría, hasta hartante: venimos escuchando hablar sobre la reforma procesal penal en toda América Latina hace años. En particular, Tucumán, como siempre digo, ha avanzado muchísimo a lo más evolucionado de un sistema acusatorio adversarial en donde, prima la lógica de que una parte acusa, la otra se defiende y el juez resuelve. Nada de jueces inquisidores con investigaciones a cargo, manejando los tiempos de oscuros expedientes a su antojo, como se mantiene todavía en gran parte de la justicia federal. Sin embargo, a pesar de haber avanzado muchísimo, a Tucumán le falta la frutilla del postre de ese sistema, que es el juicio por jurados, que ya tienen otras provincias del NOA, como Salta, Jujuy y La Rioja.
3. Pero ¿cómo funciona esto?
Esta es la parte más de divulgación me parece, pues concretiza o baja a tierra el concepto. ¿De qué hablamos cuando decimos “juicio por jurados”? Aclaro desde un principio, mal que le pese al modelo escabinado cordobés, hablamos (o, mejor dicho, hablo) del jurado clásico, yanqui, de las películas, con doce ciudadanos que no saben de derecho.
¿Cómo los elegimos? Partimos de un sorteo del padrón electoral. Sin embargo, no termina ahí la cosa, pues explico su selección a través del litigio de las partes con esa maravilla que es la audiencia de “voire dire”. Cada una de las partes podrá ir recusando a los potenciales jurados que no le aseguran la imparcialidad. ¿Usted se acuerda de alguna vez que pudo elegir al juez que lo iba a juzgar? O, mejor dicho, ¿descartar a un juez que consideraba que no podría ser imparcial para juzgar su caso? Bueno, como explico en la entrevista, ello es posible en el juicio por jurados.
Acá aprovecho para aclarar una particularidad que tiene el jurado argentino y que es admirado por los juradistas estadounidenses: la paridad de género como regla para la integración del jurado. Nunca podremos tener un jurado de 12 hombres o 12 mujeres. Siempre en mitades.
¿Qué hace el jurado? ¿Qué hace el juez técnico? Esas preguntas, cruciales, también son objeto de la entrevista, cuando explico los roles de ambos. Mientras el jurado se encarga de juzgar los hechos (¿el delito ocurrió? ¿quién lo cometió?), el juez se encarga del derecho.
¿Cómo se encargan de eso? Bueno, el jurado lo hace a través de su veredicto, al cual llegan luego de una deliberación secreta y en donde debe alcanzarse la unanimidad. En este punto, intento llevar tranquilidad: no es una quimera, la unanimidad se alcanza y no solo en Estados Unidos, sino en Ramos Mejía, San Martín, Neuquén, Resistencia o lugares similares. No pensemos en el extranjero ni subestimemos a nuestros conciudadanos.
Por otra parte, el juez tiene, junto con el litigio de las partes, el gran trabajo de confeccionar las instrucciones en las que se le explica el derecho aplicable al caso al jurado.
¿Y qué pasa si el jurado encuentra no culpable al acusado? Pues ahí termina todo. El veredicto es definitivo e irrecurrible. ¿Y si lo encuentra culpable? En ese caso el acusado puede recurrir, pues es su derecho (artículo 8 de la Convención Americana de Derechos Humanos). Esta solución es la que mejor respeta el ne bis in idem: pues deja en claro que el Estado solo tiene una chance de conseguir la condena. Nada de procesos recursivos eternos, reenvíos, nuevos juicios y un vía crucis legal para el acusado.
4. Ventajas de esto
Al pasar repaso las ventajas del sistema. Aunque no se crea, los juicios se agilizan. No duran meses ni años, sino días. Al mismo tiempo, permite acercar la justicia al ciudadano, obliga a los abogados a abandonar ese lenguaje barroco e inentendible. Pero, sobre todo, exige un nivel de litigación y profesionalismo altísimo. Con un mejor litigio, tendremos mejores juicios y una mejor justicia. No hay otra. El jurado obliga a que todos presenten las pruebas de su caso de manera clara y directa. ¿Si no lo hacen? Posiblemente pierdan.
5. Un consenso inédito
Al final destaco algo que podría parecer contraintuitivo: en este tema no hay “grieta” de ningún tipo. Hago un repaso (luego de recomendar varias películas juradistas) sobre las distintas provincias que lo han implementado. ¿La conclusión? Elijan el color político que quieran: todos en alguna jurisdicción lo han implementado. Y de paso, cumplieron la Constitución Nacional. Lo que se dice, un negocio redondo.