Hace un tiempo hubo un cruce mediático en el que se habló de cooptación y de sectas por parte de colegas que ejercen la profesión. Su respuesta me pareció impresionante (La Gaceta, 17/03/26). Como ando corto de creatividad, me inspiro en ese texto para armar este otro, más genérico. Y sí, “abogados” incluye a “abogadas” en este mes de la abogacía.

Los abogados sabemos que nuestros clientes son la razón de nuestra existencia y por eso los respetamos.
Los abogados acompañamos a los clientes en sus decisiones sin juzgarlos, pues para eso están los jueces.
Los abogados reconocemos que son los clientes quienes están en mejores condiciones éticas para saber qué es lo mejor para sus vidas.
Los abogados somos quienes acompañamos a nuestros clientes cuando toman decisiones sobre su vida y deciden pelear por sus derechos en los tribunales.
Los abogados guardamos silencio respetuoso de la historia personal de nuestros clientes, porque respetamos su intimidad y debemos ser capaces de empatizar con el dolor.
Los abogados somos quienes nos alegramos y celebramos los éxitos de nuestros clientes.
Los abogados no cooptamos a nuestros clientes, sino que conversamos con ellos y respetamos sus decisiones.
Los abogados escuchamos a nuestros clientes, no los subtitulamos. Los abogados no controlamos a nuestros clientes, sino que los asesoramos para que decidan por sí mismos.
Los abogados aprendemos de nuestros clientes, quienes siguen creyendo en la justicia. Lo hacen a punto tal de venir a vernos.
Los abogados no ejercemos la abogacía para agradar, sino para defender los derechos de nuestros clientes, coincidan o no con las preferencias de quienes los enfrenten, los persigan o busquen ejercer algún poder sobre ellos.