El derecho a la pereza, ¿el derecho más importante?

La entrada de hoy es lo más roja que he escrito en muchísimo tiempo. Espero ser tildado de comunista, colectivista y anticapitalista. ¿Por qué? Pues porque lo dedico al libro donde aprendí (según su visión) el mejor derecho de todos: “El derecho a la pereza” (1880), de Paul Lafargue. ¿Lo vemos?

Primero, antes que nada, el dato de color: Paul Lafargue era yerno de Karl Marx y parece, por esta carta del suegro, que era bastante “fogoso” con su hija por su temperamento criollo (era cubano).

Publicado a fines del siglo XIX, cuando en Argentina empezaba la “Revolución del 80”, el librito, tenaz enemigo de ese afán por el laburo, tira frases para remera como este par.

Ojo, Lafargue se inspira en los filósofos de la antigüedad que “enseñaban el desprecio al trabajo, esa degradación del hombre libre; los poetas cantaban a la pereza, ese regalo de los dioses”.

Por supuesto, añora la Grecia dorada donde los únicos que laburaban eran los esclavos. Los filósofos podían pelearse por “el origen de las ideas, pero se ponían de acuerdo si se trataba de aborrecer del trabajo”. Claro, con esclavos cualquiera aborrece el trabajo…

¿Y qué querían los griegos para sus ciudadanos? Pues, según Lafargue, con cita de Jenofonte, el ocio porque «el trabajo ocupa todo el tiempo y con él no hay ningún tiempo libre para la república y los amigos».

El yerno de Marx no duda en citar al mismísimo Cristo en defensa de su tesis, que en su sermón de la montaña, según él, predicó la pereza: “Miren cómo crecen los lirios en los campos; ellos no trabajan ni hilan, y sin embargo, yo les digo, no estuvo nunca tan brillantemente vestido.”

Pero no se queda en eso nomás: en una muestra de fe maravillosa, compara los viejos tiempos religiosos en donde había tres meses (SÍ, TRES MESES) de descanso. Luego vino la Revolución y se fue todo al demonio…

Lafargue no se anda con chiquitas, califica el amor al trabajo de “locura” y dice, sin ruborizarse que, en vez de los famosos derechos, la cosa iba por otro lado, pues había que proclamar…

Ojo, el muchacho no es ningún soñador y tira que la solución para garantizar el derecho a la pereza está en el progreso industrial: “la máquina es la redentora de la humanidad, el Dios que liberará al hombre de las sórdidas artes y del trabajo asalariado, el Dios que le dará el ocio y la libertad”.

Ponéle que no sea la máquina. Que sea la IA o los robots o lo que sea. Lafargue “la vio” y dijo que el problema del capitalismo no va a ser “…encontrar productores y duplicar sus fuerzas, sino descubrir consumidores, excitar sus apetitos y crearles necesidades artificiales”.

¿Y qué deberá hacer la clase obrera en ese horizonte para alcanzar el derecho a la pereza? Lafarque no duda un segundo en tirar la respuesta. Un visionario el yerno de Marx.

Sí, esto fue un hilo el 03/05/26.

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