En el día del abogado, uso como excusa un caso que leí hace poco, sobre el ejercicio de la profesión o, en realidad, quizás sobre cómo lidiar con los clientes.

Para mí, por mi trabajo, es algo ordinario, pues litigo en ese sistema día a día. Reza me hizo Los abogados son los primeros en ser criticados por la supuesta alta litigiosidad. Vaya uno a saber qué se interpreta como “alta litigiosidad”. ¿Alta en relación con qué? ¿Con los incumplimientos contractuales? ¿Con los accidentes de tránsito? ¿Con la informalidad laboral? ¿Con la cantidad de delitos?
El caso “Verge c/ Arte Gráfico Editorial Argentino S.A. s/ Daños y Perjuicios” que resolvió la Cámara Civil el 07/07/26 me hace pensar que gran parte de esa crítica es injusta.
¿Por qué? Porque me niego a creer que todavía los abogados, en pleno siglo XXI, sigan asesorando a sus clientes de forma tal que la única alternativa al conflicto sea una demanda en tribunales.
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Vamos al caso. El fotógrafo Guillaume Emmanuel Vergé abrió la Revista Ñ y descubrió que una nota del 18/11/21 tenía una foto de su autoría. En ella se veía a la filósofa feminista Catherine Malabou en una plaza. Debe haberse sentido orgulloso de su trabajo, seguro. Sin embargo, su orgullo debe haber dado paso a la indignación cuando se dio cuenta de que no se le daba el crédito. O sea, no se lo reconocía como autor. Encima, no le habían pagado por su uso. Obviamente debe haber mandado un correo electrónico a Clarín diciendo más o menos: “che, usaron mi foto sin mi permiso, me deben plata”.
Uno esperaría que del lado de Clarín no tenían muchas opciones. ¿La foto era de Vergé? Sí. ¿Estaba claro que era de él? Sí. ¿Teníamos su autorización para usarla? No. ¿Le pagamos por su uso? Obvio que no, si ni siquiera teníamos su autorización. ¿Alguien controló esto antes de publicar la nota? Debe ser, pero se equivocó.
Mi área de ejercicio por supuesto no se compara con la de un abogado de Clarín. Pero no hace falta mucho conocimiento, sino tan solo sentido común y un poco de pragmatismo para pensar en un consejo profesional para la situación. “El fotógrafo tiene razón, lo arreglemos con las disculpas que correspondan y obviamente, hay que pagarle”.
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Me aventuro a pensar que tal vez el consejo no existió. O si existió, no lo siguieron. O tal vez Vergé, asesorado a su vez por sus propios abogados, pidió una locura de dinero. Todo terminó con una demanda por 6000 euros en 2023. El monto, para una empresa como Clarín luce absurdamente bajo todavía.
¿Cuál fue la gran defensa de Clarín? “El actor no tiene legitimación activa”. ¿What? Sí, en la contestación de demanda ese fue el gran argumento: Guillaume Emmanuel Verge no es Gullaume Darribau, son dos personas distintas. Parece joda, pero no. La contestación ignoró que Verge era Darribau, pues es simplemente su seudónimo. Como si Adrián Suar te demandase y vos te defendieses diciendo “No, Adrián Suar y Adrián Kirzner Schwartz no son la misma persona”.
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La sentencia de primera instancia del 30/09/25 le dio la razón a Verge por la módica suma de $ 6.000.000. Cortita, no se ensaña con la defensa. Es aséptica. Cita la Ley 11.723 y también el artículo 72 del Código Civil y Comercial para dejar en claro el derecho de autor y el uso del seudónimo como principales fundamentos. Es que el caso era sencillo. Si la foto era de Vergé, la usó la demandada sin su autorización, hay que pagar, no hay otra.
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En ese punto puedo imaginarme al abogado de Clarín recomendado “no apelemos, era un caso perdido, lo cerremos”. Pero no, todo termina en la cámara luego de los agravios y su contestación. Se confirma el monto de la indemnización y el rechazo de la excepción. Es, otra vez, un fallo corto, conciso y clarito. Como lo que exigía el caso.
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Me quedaré con la duda de cómo este caso se litigó tanto. ¿Por qué? ¿Hubo exceso en lo que pretendía Verge? ¿Sus abogados no lo pudieron convencer de pedir algo razonable? ¿Clarín no quiso arreglar y reconocer su error? ¿Sus abogados lo asesoraron para patear el caso? Son muchas preguntas que, me parece, se responden como cada uno quiere, aunque, para algunos, aunque no se crea, una foto no vale un juicio.