¿Qué se puede decir de esto?

Iba a seguir el modo cine y comentar la película Nuremberg con Rusell Crowe y Rami Malek, pero uno de mis hermanos que no es abogado me preguntó el título sobre este evento, que puede verse completo acá. Si se quedaron con las ganas del comentario de la película, lean a Andrés Rosler en Seúl.

Se pueden decir muchas cosas. Muchísimas cosas. Seguro malas. Pero veamos SI podemos aprender algo como abogados y, de paso, como ciudadanos. Solo diré diez.

1. Es un error. No hay que ser Sherlock Holmes para darse cuenta que la parte que propuso al testigo (creo que era la acusación) cometió un error. Citó a una persona como testigo que no tenía nada para aportar al caso. Aparentemente, un homónimo.

2. Es insólito. En el 2026, cometer un error de este tipo en un juicio es insólito. No solo porque supuestamente avanzamos en las técnicas de litigación y demás, sino porque se supone que los abogados somos profesionales. Además, el contexto lo hace más insólito: no es el primer juicio oral de abogados novatos, supuestamente es el juicio por mega corrupción más importante de la historia.

3. La inquisición siempre dice presente. La parte que ofreció el testigo, cuando se da cuenta que no es el correcto, rápidamente se da cuenta que no sirve preguntar y se calla. Inmediatamente el presidente del tribunal acude al rescate e interroga al testigo. Eso era absolutamente innecesario. Deje ir al testigo y listo, no le siga preguntando. Incluso sobre algo que ya le preguntaron, sobre si trabajó en AFIP. O sea, si fuese un examen, alguien podría objetar la pregunta por repetitiva, pero no, a la inquisición no se la objeta.

4. La inquisición siempre busca la culpa. Aunque ni siquiera debería haberle preguntado algo más, es curiosa la postura del presidente del tribunal, que osa cuestionar la conducta del pobre testigo. Automáticamente quiere ver si no le tira la culpa de semejante desatino cuando le pregunta por qué no preguntó para qué era, por qué no dijo que no era el testigo, etc.

5. El secretismo al rescate, siempre. Menos mal que en rescate del testigo cuestionado apareció el amigo tribunalicio de siempre: el secretismo. El testigo dice que quiso preguntar de qué se trataba la cosa y que lo mandaron a freír churros, que no le podían decir.

6. La ignorancia de que hay vida más allá de los expedientes. El pobre señor Santos, que no era el Santos testigo desnuda su realidad cuando cuenta que estaba en el exterior con su hija y que se tuvo que volver para declarar en este caso. Un espanto la situación. No sabemos si estaba viviendo en otro país o si estaba de vacaciones. Cualquiera de las alternativas es horrorosa. Se tuvo que volver para este papelón de menos de 3 minutos. Toda la situación demuestra la profunda ignorancia de muchos operadores judiciales sobre más allá de los expedientes: hay seres humanos, de carne y hueso, que tienen vidas, familia, ocupaciones, etc. Y merecen nuestro respeto.

7. La falta de explicaciones. El pobre señor Santos lo dice bien claro: nadie le explicó nada. Ese es otro clásico, yo diría no de los tribunales, sino del sector público. No estamos acostumbrados a explicar. Pero, más allá de eso, no explicar al testigo propio qué va a hacer en la sala del tribunal, de qué se trata, qué le vamos a preguntar, qué le pueden repreguntar, quién va a estar, quién no, etc. es, seguramente para los que saben, una mala práctica profesional. Ojo, no dije mala praxis, pero si le preguntamos a Binder seguro dice que sí.

8. El nivel de la litigación es bajísimo. Si esto pasa en un juicio supuestamente estelar, lo que nos espera al resto de los mortales, que tenemos casos alejados de los flashes, es, sin duda perturbador. Uno podría ver el vaso medio vacío y creer que no tiene remedio. Otro podría ver el vaso medio lleno y decir que hay mucho todavía para mejorar. Elijan su propia aventura.

9. La imagen de la justicia no es un invento. ¿Cómo creen que contestará el Sr. Santos una encuesta sobre la justicia argentina luego de su pequeña experiencia? Mal, como la mayoría. Con experiencias así, uno no puede no comprender la mala imagen del sistema. No es un invento. No es un cuento. No hay conspiración alguna detrás.

10. La responsabilidad, como siempre, es nuestra. ¿De quién? Pues de los abogados litigantes, por supuesto. Si hubiera habido una buena teoría del caso, si hubiera habido una buena preparación del caso, un diálogo previo con el Sr. Santos (no este, sino el otro), nada de esto habría ocurrido. Sí, al final, en el sistema, la principal responsabilidad siempre cae en los litigantes, no hay otra.

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