Dos ejemplos de peleas que hay que dar

¿Cuáles son las peleas que debemos dar en un caso? ¿Todas? ¿Realmente? No, solo algunas. Acá les cuento de dos.

Cortesía de Gemini

¿El caso? Una reivindicación de un automotor (una rareza, sí) en el que pedí que se ordenase no solo el embargo, sino también su secuestro, para, de esa forma, ir con todo cocinado a la mediación.

El juez me lo rechazó, pero con malos argumentos, que incluían una norma derogada y una cuestión de competencia que no tenía nada que ver. Apelé obviamente, con fundamento en el título registral del automotor y en lo obvio: el auto puede desaparecer, se puede ir andando, ja.

La Cámara en lo Civil y Comercial Común me dio la razón, sobre todo porque “el peligro en la demora se entiende igualmente acreditado ante la naturaleza del bien en cuestión; y porque en el caso no puede descartarse que el rodado pudiera verse afectado en lo que atañe a su mantenimiento, y en definitiva, a su valor, agregando a esa situación que el automóvil es una cosa esencialmente peligrosa, y su circulación puede originar accidentes que comprometan la responsabilidad de su propietario, es decir del titular registral. Pueden también cometerse faltas o infracciones, que hagan pasible a su conductor de multas, y tanto en este caso, como para el cobro de las deudas fiscales, los organismos correspondientes dirigen sus acciones contra el dueño del vehículo”.

Sin embargo, no siempre se gana y no siempre se lo hace por goleada. La cámara me exigió una caución real que, obviamente, mi cliente, de escasos recursos, no tenía. ¿Qué hice? Pues pedir la modificación al juez del caso de esa exigencia y así, merced a la lógica de “no le podés exigir algo imposible” me dio la razón, pues solo pasó a exigirle caución juratoria.

Si mal no recuerdo, el caso lo resolvimos en mediación, que simplemente regularizó lo que habíamos obtenido antes por este secuestro: el auto en poder de mi cliente.

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