Los jueces tienen que ser como este gato negro

¿Otro título chocante? Y sí, pero juro que no detrás no hay humo, sino razones y argumentos.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Probablemente sea así. Cuando vi esta en Pinterest no pude no reírme y, al mismo tiempo, pensar el título de esta entrada. Sí, estoy repetitivo, porque ya dije que me encantaría que los jueces dejaran hacer su trabajo a sus colegas abogados.

La idea es sencilla, aunque en un contexto donde se pide a los jueces que hagan justicia a cualquier costo, llevándose puestos procedimientos, normas, el derecho de defensa y el respeto a los litigantes, parece revolucionaria: sean imparciales y parezcan imparciales. Al fin y al cabo, se supone que los jueces deben serlo. Se supone que los jueces juzgan, no litigan. Se supone que los jueces evalúan las teorías del caso de las partes, no que hacen una propia. Se supone que los jueces escuchan y valoran los testimonios, no que los producen. Se supone que los jueces proveen las pruebas, no que las ofrecen (y menos que menos, que las producen).

Sí, se supone muchas cosas. O al menos yo lo hago. Tal vez por mi formación pienso todo eso. Un colega que es de aquellos “abogados en función judicial” como dice Gustavo Arballo, me lleva siempre la contraria: “Agustín querido, lo de producir pruebas de oficio es el modelo en Europa, dejáte de joder”. Claro, me tilda de proyanqui y medio loco por ser fanático del juicio por jurados. Pero yo insisto, ese es el modelo constitucional: alguien acusa, otro defiende, otro juzga y otro impone la pena. Una magnífica distribución de roles y funciones. Y sí, ese modelo también se aplica al proceso civil. ¿Qué implica que los jueces sean como este gato negro? Muchas cosas, que impactan en todos los involucrados en un caso judicial, pero en especial en los jueces. Resumo solo cinco, rápidas y al pie.

1. Respete a las partes

Las partes son personas capaces que trajeron su conflicto a tribunales. Es su conflicto. Es su problema. Es su caso. Que el azar haya decidido que justo le caiga a usted como juez juzgarlo no lo transforma en su conflicto. Siempre seguirá siendo de las partes. Respete su espacio, respete su decisión y por el amor a Dios, no piense que usted sabe más que las partes sobre el tema.

2. Confíe en el litigio

Confíe en que el litigio a lo largo del proceso es la mejor herramienta para que usted pueda resolver el conflicto que le traen las partes. No es su conocimiento del derecho. No es su buena intención con aquel litigante “más vulnerable”. No es su simpatía con una de las partes por lo que le pasó. No. De ninguna manera. El litigio es lo que permitirá que usted pueda contar con la mejor información para resolver el conflicto. Y sí, es una gran responsabilidad que recae en los abogados de las partes.

3. Reconozca a sus colegas

Recuerde que las partes están asesoradas por colegas suyos. ¿Quiénes? Pues los abogados. Sí, usted antes que juez es abogado. Sus colegas son profesionales. Cumplen un rol con dedicación y compromiso. Atendieron a las partes, las asesoraron y las defienden. Han venido haciendo la mayor parte del trabajo duro. Y lo seguirán haciendo. Reconózcalo: son colegas, no niños pequeños a los cuales usted deba corregir o ayudar para, desde su punto de vista, mejorar la posición en la que se encuentran en el litigio.

4. Admita que no lo sabe todo

Usted en su posición solo sabe lo que se produce en el proceso a través del litigio. O lo que le dejan saber las partes. No lo sabe todo. Es más, ignora muchas cosas y las seguirá ignorando: el contexto económico particular de las partes, las negociaciones entre ambas, la situación personal de las partes, el cómo lidian con la incertidumbre del proceso o incluso la presión de su entorno para cerrar el caso con un acuerdo. Reconozca sus campos de ignorancia. No es su tarea preguntar el porqué de las decisiones de las partes, sino tan solo juzgar su caso.

5. Acepte el desafío de no ser “metiche”

Metiche diría mi mamá. “Entrometido” quizás se diría en un lenguaje más moderno. Usted debe garantizar imparcialidad y con ello garantizará la justicia. Es un desafío para usted no inmiscuirse más allá con preguntas, prueba de oficio y toda esa terrorífica caja de herramientas que tiene a mano. Acéptelo: es un desafío no caer en la tentación de, cual Torquemada, echar mano a esa caja y ponerse “a trabajar el caso”. Recuerde: usted no lo trabaja. Lo trabajan las partes y usted, como el gato negro que ilustra esta entrada, solo mira y juzga. Ese es su desafío. Abrácelo y cúmplalo.

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