Leer un texto de doctrina es solo para abogados valientes (o necesitados de un argumento salvador). Tal vez mucho tenga que ver con ¿cinco cositas que tenemos con el lenguaje? Porque doctrinarios, abogados y jueces, seamos sinceros, están todos mezclados.

Sí, ya sé, muchos procesalistas, activistas y garantistas querrían que hiciera hincapié sobre algunos relatos para jugar a su favor en esa lucha encarnizada por el protagonismo en la materia, pero no.
1. El plural “de modestia”: ¿cuán habitual es leer a un autor hablar de sí mismo en primera persona del plural (“nosotros”)? ¡Muy habitual! Si bien no son Riquelme (que habla de sí mismo en tercera del singular), tampoco son reyes o papas. Aflojemos.
Y no, no lo usen de modestia. No hagan pose. Usen la primera persona del singular. Así, tal vez, el autor se haga cargo de lo que dice y no se esconda de un oscuro e indeterminado “nosotros”. ¿Nosotros quiénes?
2. Abuso de mayúsculas: obvio, el amor por las mayúsculas no podía faltar. Repitamos: LA MAYÚSCULA NO DENOTA MAYOR RESPETO. Si tiene duda entre usar minúsculas o mayúsculas, use las primeras, porque seguro que las segundas sobran.
3. Uso excesivo de extranjerismos: está todo bien, la doctrina es para especialistas y bla bla bla, pero paremos la mano con meter palabras y frase de otros idiomas a troche y moche. Despidamos a su mínima expresión a anglicismos, galicismos, italianismos y latinismos.
4. El caso de “y/o”: el que no haya abusado de esto, que arroje la primera piedra. Significa que dos elementos están incluidos en una mención de manera conjunta y por separado. ¿Por qué la usamos tanto?
Una tesis (que tiene mucha fuerza) es el miedo irracional por dejar afuera supuestos (al fin y al cabo, los abogados vivimos de supuestos) al creer que “o” es sí o sí excluyente. Notición: no siempre lo es, respiremos en paz.
¡Dáme alternativas que no puedo vivir sin el “y/o”! Bueno, si usamos el “o ambos”. Como en este ejemplo:

5. Párrafos excesivamente largos o cortos: los primeros son un clásico en los abogados. Amamos los párrafos unioracionales larguísimos con mil subordinaciones, incisos y demás cosas que nos rompen la cabeza y nos obligan a releer para ver si entendimos algo.
Al lado de semejantes bodoques, los párrafos excesivamente cortos, son un defecto menor, pero defecto al fin. Hay que ser como Aristóteles y buscar el justo medio parece.
Si se sintieron golpeados, no me peguen a mí. Les paso la fuente, este lindo artículo de Mariano Vitetta.
Sí, esto fue un hilo el 08/09/24.