Un hermoso experimento

Inauguro noviembre con recomendaciones de series o películas. ¿Por qué? Porque pintó, así de sencillo. En esta oportunidad, The American Experiment (2026), cortito y al pie.

Sí, ya sé que soy medio (¿medio?) pro yanqui, pero bueno, ustedes lo saben, así que tomen este mini comentario/reseña de la miniserie The American Experiment (2026) como de quien viene, “con pinzas” si quieren.

Primero, cuando digo que es una miniserie, lo es: tiene tan solo 5 capítulos. Ojo, no son los típicos capítulos cortos de media hora o de cuarenta minutos. No. Todos pasan la hora. Sin embargo, no se hacen largos, para nada. Seguro es mérito del director.

Segundo, ¿dónde se ve? Pues está en Netflix, que la estrenó porque Estados Unidos de América cumplió el 4 de julio pasado la módica suma de 250 años desde que declaró su independencia de Inglaterra.

Tercero, se impone una gran aclaración: es una miniserie, pero documental. O sea, hay recreaciones de sucesos históricos, pero en general hay mucha voz en off y entrevistas con distintos protagonistas o expertos. Y cuando digo protagonistas hay tan diversos como Hillary Clinton, Mike Pence o Al Gore, entre los conocidos. No, el bueno de Donald no aparece, ja, pero sí lo hacen Kamala Harris y Ted Cruz. En cuanto a los expertos, en general son del área de la historia, lógicamente.

Cuarto, la miniserie se centra específicamente en un espacio temporal determinado, que va desde la existencia de las colonias, pasa por la Declaración de la Independencia y la sanción de la Constitución para llegar finalmente hasta los primeros gobiernos estadounidenses. Definitivamente es un viaje hasta la mismísima formación de Estados Unidos, con un detalle sobre los Padres Fundadores.

Quinto y obvio: si les gusta la historia, les va a encantar la miniserie. Pero si les gusta el derecho también. Ni qué decir si les gusta el derecho constitucional. Me atrevo a decir que los constitucionalistas (o aquellos que se dan de tales) deberían verla.

Sexto, tal vez los políticos también deberían verla. Ojo, no para copiar un modelo ni nada por el estilo. Tal vez para recordar algo que, humildemente, se perdió: el diálogo para negociar y hacer compromisos. ¿El gran ejemplo? Los compromisos que los Estados hicieron al negociar la Constitución. Cómo nacen la Cámara de Representantes y el Senado o el instituto del Colegio Electoral son los ejemplos que recuerdo ahora. Si quieren pueden agregar la negociación de Alexander Hamilton, Thomas Jefferson y James Madison para que el Estado Federal asuma las deudas de los Estados con el condicionamiento de localizar la capital en el sur.

Séptimo, si no los convencí de nada de esto, al menos véanla para tomar dimensión del liderazgo de George Washington. Ojo, también de sus errores, como el de una pequeña escaramuza que llevó a dos potencias a una guerra. Pero en lo personal, la miniserie me sirvió para valorar su liderazgo, que no se agotó en ganar la guerra de la Independencia. No, también fue el que, con su sinceridad y su vulnerabilidad, paró un cuasi golpe de estado de su ejército. Es el mismo que, cumplida la labor, devolvió su nombramiento al Congreso Continental. Y es también el que, pudiendo continuar como presidente, dice “no, me vuelvo a mi granja”.

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