Sigue la feria y quiero hacerme cargo de un pedido de un lector amigo que me pidió que “haga hablar” a los números de este informe comparativo interanual de la actividad judicial no penal desde febrero a diciembre de 2019 a 2025. Lo intentaré.

Siempre doy la bienvenida a los números sobre el Poder Judicial que vengan a sacarlos de las penumbras. Y no me canso de repetir lo mismo: no nos enamoremos de los datos sueltos, sin contexto y sin un enfoque cualitativo. ¿Por qué? Porque somos expertos en mentir con estadísticas judiciales. Solo con números y un buen trabajo podremos descubrir atrasos reales, por más que sean cortesanos. Además, malas mañas o sesgos hay hasta en la mismísima Corte Suprema de Justicia de la Nación, como recordé acá y acá.
Los datos
El informe se compone de solo 7 páginas. Si sacamos la carátula y los gráficos, en solo una página se quiere resumir cómo se hizo. Bastante pobre a mi modo de ver, pero no soy un experto en cómo hacer informes. Comparte cuatro indicadores: a) sentencias dictadas; b) actuaciones firmadas; c) causas ingresadas y d) presentaciones recibidas en SAE. Analizaré cada uno por separado, con el desarrollo de puntos que me llaman la atención o merecen un comentario.
a) Sentencias dictadas
Este es, sin dudas, el indicador estrella. Es el primero que se utiliza para decir “estamos trabajando un montón, sacamos ‘X’ cantidad de sentencias en ‘Y’ período de tiempo” y descorchar un champagne. Intentaré evitar caer en lugares comunes y aplausos fáciles.
1. Lógica caída. Tanto en las sentencias definitivas como en las interlocutorias los datos marcan una lógica caída en su cantidad, para el período 2019/2020. Evidentemente la pandemia hizo de las suyas. Mientras las primeras se redujeron casi la mitad, las segundas lo hicieron casi en un tercio. ¿Por qué unas más que otras? Supongo que porque resolver cuestiones interlocutorias es más fácil que resolver cuestiones de fondo.
2. Sinuoso camino posterior. Entre las definitivas se observa que en los años posteriores se recuperó más o menos el nivel pre pandemia primero (2021) para luego subir un 30% (2022), caer dos años seguidos (2023 y 2024) y finalmente alcanzar el pico máximo (2025).
Entre las interlocutorias el camino es similar: recuperación primero (2021), subidón que se mantiene (2022, 2023 y 2024) y caída (2025).
¿Por qué? Nadie sabe. Y es imposible saberlo. Los números así, sin contexto, no nos dicen nada. Es que para valorar si son buenos o malos nos faltan datos del in put, de los ingresos. Siendo claro: si no sabemos cuántas sentencias vencían en el período, no sabemos nada.
b) Actuaciones firmadas
En este apartado se cuentan “todos los movimientos de decretos, sentencias, notas o informes actuariales, actas, cédulas, oficios, mandamientos, edictos, escritos y otras diligencias, en estado firmado en unidades judiciales”.
Si bien se entiende el cambio post pandemia, el dato es intrascendente porque la categoría mezcla todo. Y nuevamente, no sabemos si se firmaron en tiempo. O si quedaron cosas sin firmar. De nada sirve que tengamos un montón de movimientos firmados si los hicimos tarde. ¿O no?
c) Causas ingresadas
El dato que sorprende es que entre la pre pandemia y la post pandemia si bien hubo un aumento de la litigiosidad, no fue más que un 25% entre los extremos (2019 y 2024). Entre 2021 y 2025 las variaciones son menores de año a año (+4,48% en 2022, -1,30% en 2023, +5,29% en 2024 y -0,5% en 2025).
Esto sería un indicador que la litigiosidad en Tucumán se ha estabilizado, a pesar de que con la digitalización es más sencillo litigar. ¿O no?
d) Presentaciones recibidas en SAE
Otra vez, se nota el cambio que hizo la digitalización y el sistema SAE. Los números más que se duplicaron de un año a otro. Sin embargo, luego no hay grandes variaciones, siendo entre los extremos de solo +6,77% (2021 y 2025). No hay mucho más para crecer, por más que nos peleemos, no vamos a llevar todo a tribunales.
Apreciaciones
¿Qué se puede decir de estos números? No mucho más que lo ya dicho. Aplauso porque son algunos números y se difunden, lo que no es poco. Sin embargo, falta contexto. No son suficientes. No se puede valorar si se trabaja bien o mal con datos puros. Faltan parámetros. Faltan objetivos. Faltan detalles sobre los recursos usados para lograr esto. Falta con qué comparar. Falta bastante. Todavía, me parece, seguimos en la oscuridad.