¿Podemos aprender de Elon?

Se viene la feria. No podía dejar de compartir algo que me llevé de la biografía autorizada de Elon Musk: su “algoritmo” como lo prometí. ¿Podemos los abogados aprender algo de este ingeniero multimillonario emprendedor?

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Elon Musk es un personaje, sin duda alguna. Con su genialidad, que algunos calificarían de locura, ha renovado industrias tan disímiles como la automotriz y la aeroespacial con dos empresas que lidera, Tesla y SpaceX. Sí, además es dueño de X (ex Twitter) y provee de Internet vía satélite a través de Starlink. Personalmente, no había dimensionado el impacto de su actividad hasta que leí la biografía que le hizo Walter Isaacson. Aprendí mucho de muchas cosas y, sin duda, recomiendo su lectura.

Ahora bien, Musk tiene su particular visión para liderar, gestionar equipos, en fin, para “hacer que las cosas se hagan”. En algún punto se parece a la genialidad/locura de Steve Jobs, que empujaba a las personas a salirse de sus límites y así, lo terminaban ayudando a distorsionar la realidad, a transformarla.

Musk tiene sus propias máximas para hacer las cosas. Las resume en lo que él llama “el algoritmo” al cual lo acompañan algunos corolarios. Así como lo hice con Mercado Libre y sus principios, vale la pena un breve repaso para pensar qué cosas como abogados, jueces, fiscales, defensores, funcionarios o empleados podemos aprender de esta particular filosofía en nuestro trabajo.

El algoritmo

El algoritmo de Elon Musk consta de cinco “mandamientos” que repite a lo disco rayado. Cito textual cómo los define Musk y vemos si tienen posibilidades de ser adaptados a nuestra realidad.

1. Pon en cuestión los requisitos de las especificaciones

“Todos ellos deben estar identificados con el nombre de la persona que los ha estipulado. No aceptes nunca un requisito que venga estipulado por un departamento, por ejemplo «el departamento legal» o «el departamento de seguridad». Debes conocer el nombre de la persona concreta que haya estipulado dicha especificación. Después, cuestiónalo, no importa lo inteligente que sea dicha persona. Las especificaciones indicadas por las personas inteligentes son las más peligrosas, porque tienen muchas menos probabilidades de que alguien vaya a ponerlas en cuestión. Hazlo siempre, hasta cuando la indicación proceda de mí. Y, después, haz que las especificaciones sean menos idiotas”.

Me encanta este mandamiento porque en mi opinión va en contra de las dos grandes leyes que rigen tribunales. No solo hay que preguntar por qué las cosas son como son, por qué los requisitos existen, sino que Musk agrega algo puntual a lo que en ámbitos tribunalicios se suele evitar como a la peste. ¿De qué hablo? Pues de la responsabilidad individualizada. Alguien creó el requisito o la especificación o la exigencia o la forma de hacer las cosas. No es “el Juzgado” ni “la Fiscalía” ni el impersonal “siempre se hizo así”. De ninguna manera, detrás de todo eso hay siempre una persona de carne y hueso. Luego de identificarla y de cuestionar lo que parece incuestionable, adhiero a que hay que buscar que sea menos idiota. ¿O es que buscamos hacer las cosas siempre en piloto automático sin cuestionar anda?

2. Elimina tantas partes del proceso como sea posible

“Quizá después tengas que volver a incluirlas. De hecho, si no acabas viéndote obligado a incluir de nuevo al menos un 10 por ciento de ellas, es que, para empezar, no habías eliminado las suficientes”.

Comparto este mandamiento e intento ponerlo en práctica en la oficina. No es fácil. Aclaro que esto se aplica a los procesos de trabajo, pero también al proceso judicial siempre que se pueda. Concentrar varios pasos en uno solo o directamente eliminar lo que no es esencial ni agrega valor, realmente cambia la manera de trabajar que tenemos.

3. Simplifica y optimiza

“Eso tendrías que hacerlo después del paso 2. Un error habitual consiste en simplificar y optimizar una parte o un proceso que, para empezar, no tendría que existir”.

Amo simplificar y optimizar. Los abogados creemos que cuando hacemos las cosas complejas justificamos nuestro trabajo. Tal vez por eso tenemos ese lenguaje rebuscado que nos caracteriza. Nada que ver, en lo simple está la belleza. Desde un recurso corto y efectivo a una demanda justa e incluso a la charla eficiente con el cliente. En todo, la simplicidad y la optimización deberían mandar.

4. Acelera el tiempo de los ciclos

“Todos los procesos pueden acelerarse, pero hazlo solo una vez hayas seguido los primeros tres pasos. En la fábrica de Tesla, cometí el error de pasarme mucho tiempo acelerando procesos que, después entendí, podrían haberse eliminado directamente”.

A ver, si por mí fuera todos mis procesos los haría más rápido. Sin embargo, no estamos construyendo un auto, sino litigando un caso. Muchas veces lidiamos con restricciones que no dependen de nosotros: el cliente, la parte contraria, los plazos dispuestos en las normas que establecen tiempos muertos, etc. De cualquier manera, en lo que de nosotros depende, soy un obsesivo para bajar tiempos si es que está a nuestro alcance.

5. Automatiza

“Este debe ser el último paso. El gran error de Nevada y de Fremont es que empecé queriendo automatizar todos los pasos. Deberíamos haber esperado hasta haber cuestionado todas las especificaciones, eliminado las partes y los procesos innecesarios, y pulido todos los errores”.

Definitivamente este paso es el último. En nuestro trabajo de abogados hay un montón para automatizar. Obvio, también hay humanidad. No es cortar y hacer botellas. Hay seres humanos detrás de cada caso que llevamos. Sin perjuicio de eso, en un caso hay un montón de actividades que pueden automatizarse. Tal vez a raíz de eso, cada vez que me encuentro con oficinas que no tienen ni un modelo para hacer una actividad repetitiva que hacen todos los días entro en crisis. He allí una razón de por qué son tan lentos nuestros tribunales. No es por maldad, sino por incompetencia e ignorancia. 

Corolarios

A esos mandamientos los acompañan estos corolarios:

1. Todos los directivos que ocupen puestos técnicos deben tener experiencia de machaca

“Por ejemplo: los managers de los equipos de software deben pasar al menos un 20 por ciento de su tiempo programando. Los managers de los techos solares deben pasar al menos un 20 por ciento de su tiempo instalando tejados. De otro modo, serían como un jefe de caballería que no sepa montar a caballo o un general que no sepa blandir la espada”.

Este corolario de Musk es simplemente lo que algunos exigen para ser jefe: antes debes haber sido empleado, haber hecho la tarea y, por qué no, destacarte. Sin embargo, ojo, no todos los litigantes son buenos jefes de litigantes. No todos los relatores serán buenos jueces. Mal que le pese a Elon, se necesitan otras habilidades para liderar.

2. La camaradería es peligrosa

“Dificulta que la gente ponga en cuestión el trabajo de las otras personas. Existe una tendencia a no querer echar a un colega a los leones. Eso hay que evitarlo”.

Esto es una locura específica de Musk. Me inclino a no compartirlo. Si bien reconozco que la tendencia es real, estimo que uno puedo inocularse contra ella. Por más camaradería que tenga con todos los de mi oficina, creo que me conocen lo suficiente como para saber que, si de mí dependiese y si fuera necesario, llamaría a los leones.

3. Equivocarse está bien

“Pero no estés equivocado y seguro de ti mismo a la vez”.

Cuánta sabiduría resumida en una pequeña frase. Hay que desmitificar el fracaso y el error. Todos somos seres humanos. Todos nos equivocamos. De los errores se aprende y demás. Parece un lugar común, sobre todo en esta moda de “hablemos de nuestros fracasos”. Sin embargo, Musk pone la cuota justa: no debemos estar equivocados y al mismo tiempo seguros de nosotros mismos. Como decía una ex jefa, “a Seguro se lo llevaron preso”.

4. Jamás pidas a tus tropas que hagan algo que tú no estás dispuesto a hacer

Adhiero 100% a este corolario. Siempre desconfié de los jefes que mandan a otros a poner la cara o el cuero. Uno tiene que estar dispuesto a dar el ejemplo siempre. Y eso incluye hacer lo que le pedimos a los otros. Creo que es algo a lo que aspiré desde que empecé a estar a cargo de mi oficina. Habría que preguntarles a mis colegas si lo cumplo.

5. Cuando haya problemas que resolver, no te limites a reunirte con tus jefes

“Organiza reuniones con los trabajadores que están justo por debajo de ellos”.

Esto sirve para todo tipo de organizaciones. En resumen, no escalemos el lío hacia arriba sin antes intentar solucionarlo con los anillos alrededor de los jefes, hagamos caso a este corolario. Estoy seguro que solucionaremos mil problemas antes de comunicarle la existencia de ellos a nuestros jefes.

6. Cuando estés contratando a gente, busca a las personas que tengan la actitud adecuada

“Las competencias pueden aprenderse. Los cambios de actitud exigen un trasplante de cerebro”.

Durísimo el corolario, pero real. Gente brillante o talentosa que no funciona en equipo o que es tóxica no pueden ser nunca nuestra opción. En cambio, aquellos que saben trabajar en equipo, que son proactivos, que tienen actitud para aprender, pueden desarrollar cualquier competencia. Tiendo a pensar que en tribunales este corolario no lo estaríamos implementando y es fuente de muchos problemas.

7. Nuestro principio operativo es un sentido obsesivo de la urgencia

Esto es una locura de Musk personal que lleva a sus empresas. Personalmente no lo comparto en general, aunque sí en particular. No todo nuestro trabajo es urgente ni mucho menos, no nos mintamos a nosotros mismos. Ahora, aquella pequeña porción que sí lo es, le demos el tratamiento que se merece. Los jueces, sobre todo, deberían hacer carne este corolario.

8. Las únicas normativas son las que dictan las leyes de la física

“Todo lo demás son recomendaciones”.

Obvio que esto no es trasladable a nuestro ámbito. Vivimos envueltos en normativas. Eso sí, tal vez deberíamos reformularla y darle un sentido adecuado a nuestro contexto. Podría ser que las únicas normativas son las que dictan los legisladores para poner en su justa medida a la locura creativa que tienen los jueces, que hacen brotar derecho de principios, valores y cualquier cosa que se les ocurra, como Moisés agua de las piedras.

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Releo los mandamientos del algoritmo y sus corolarios. La verdad es que todos podríamos aplicarlos en nuestros ámbitos de trabajo. ¿No sería diferente la justicia en ese caso? No lo dudo. No solo sería diferente, sino que sería mejor.

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