¡Ufff! ¡Tantas cosas hay para decirles a los antijuradistas! Acá solo tiro algunas, con la esperanza de que en algún momento se sumen a los juradistas. Como se dice, la esperanza es lo último que se pierde.

¿Qué decirles a los antijuradistas? Al menos, tres cosas:
1. En primer lugar, advertirles que cada vez son menos, casi como una especie en peligro de extinción y nos solidarizamos por su situación.
2. En segundo lugar, Francia. No, en serio, advertirles que, con el tiempo, sus usuales críticas, cuestionamientos, objeciones y prejuicios se van cayendo como fichas de dominó.
3. En tercer lugar, decirles que cuando se sumen a la ola juradista no les guardaremos rencor, ni les diremos “se los dijimos”. No, nada de eso, los recibiremos con los brazos abiertos.
Las fichas de dominó
A continuación, les prometo un viaje súper rápido a través de esas fichas de dominó de los antijuradistas. Espero lo disfruten. No les prometo profundidad, sino vértigo.
1. “No es de nuestra tradición jurídica, no estamos acostumbrados”
1. Esto de la tradición jurídica es una mentira que se cae no solo por el triple mandato de la Constitución de 1853/60. ¿Hay algo más importante que esté en nuestra norma máxima tres veces? ¿A qué tradición se refieren? A la omisión de implementarlo, pese a los antecedentes incluso anteriores a nuestra Constitución.
2. Sobre la falta de costumbre los antijuradistas tienen razón. No estamos acostumbrados. ¿Por qué? Porque incumplimos la Constitución. Pero ojo, no hay que subestimar al pueblo argentino. Hubo un tiempo en que no estábamos acostumbrados al sufragio universal. Hubo otro tiempo en que no estábamos acostumbrados al voto femenino. Y hasta hace unos años los lugares de votación dividían nenes por un lado y nenas por otro. Votamos con boletas partidarias hasta el año pasado en que “no estábamos acostumbrados” a la boleta única. Y lo hicimos. Y no pasó nada.
2. “La sociedad no está preparada”
El jurado ha luchado muchísimo con las excusas del estilo “la sociedad no está preparada”, “no tenemos cultura”, “nos falta conciencia cívica”, “falta educación suficiente”, etc., como pilares de la resistencia a su implementación.
Los antijuradistas que argumentan esto son cada vez menos, pues se exponen al escarnio público, pues estos “argumentos” tienen un tufillo elitista y hasta discriminatorio.
Yo voy más a la cuestión práctica. Quiero tocar nuestro orgullo: ¿Qué tienen los catamarqueños o mendocinos que no tengamos los tucumanos? ¿Por qué alguien de La Matanza, San Martín o La Plata puede ser jurado y alguien de San Miguel de Tucumán, Alberdi o Concepción no? ¿Es que acaso son especiales?
3. “Los juicios con jurado son lentos e ineficaces”
Todo lo contrario, los juicios por jurados son más rápidos y eficaces. ¿Quieren números? Ahí tienen, números de Buenos Aires, con un promedio de 2 días y medio (sí, no es joda, léanlo acá). Y Neuquén, promedio de 5 (tampoco es joda, se puede ver en este estudio).
Los juicios por jurados son realmente continuos. Nada de audiencias martes y jueves como suelen hacer algunos tribunales técnicos.
Como dice Andrés Harfuch: «En general, la justicia técnica es un desastre haciendo los juicios. El de Cristina, por ejemplo, ni siquiera fue un juicio sino una sucesión de conexiones por zoom que duró 3 años». ¿Otro ejemplo de “juicio” eterno? Pues la causa Cuadernos, que tiene una perspectiva de más de cinco años de duración, como lo explica Francisco Carrió acá.
4. “No hay plata, es demasiado caro”
En este punto, nos adelantamos a los que cuidan celosamente los recursos públicos para alejar fantasmas sobre el costo de estos juicios. En parte es por su escasa duración. Si miramos a Buenos Aires, un estudio indica que el 60% se realiza en uno o dos días y si miramos a Neuquén, el promedio es 5 días. En la vecina Catamarca, que ya cuenta con su ley de juicio por jurados, hicieron un análisis de costos que apenas superaba el millón de pesos en un escenario pesimista en cuanto a gran cantidad de juicios. Tucumán no es Catamarca, se podrá argumentar, pero allí está Mendoza, donde si seguimos su ejemplo, en el primer año se realizaron 12 juicios. ¿Tanto dinero costarán estos juicios que probablemente no lleven más de 5 días? ¿Tanto para no hacerlos? ¿Y más teniendo en cuenta que ya tenemos todo el sistema de videograbación y las salas de audiencia? A lo sumo habrá que poner 12 sillas. Incluso Monteros tiene una sala lista para ser usada.
5. “Los jurados no saben derecho, no entienden nada”
De vuelta, el jurado aprecia la prueba de los hechos. El derecho se lo explica el juez, con las instrucciones que han sido litigadas y debatidas por las partes. Los jurados entienden y bastante bien lo que hacen.
¿Números? Ahí están, en este estudio del INECIP del sistema neuquino, con lo que opinan los jueces, las juezas y las partes sobre la comprensión de la ley y las instrucciones por parte de los jurados en Neuquén.
6. “El jurado te puede declarar culpable por cualquier cosa”
No, no y no. Los jurados reciben las instrucciones del juez, previo litigio de las partes. Si te acusan de homicidio simple, no te pueden condenar por un homicidio agravado.
Irónicamente, los jueces profesionales a veces te dicen «pero si yo conozco el derecho, esto no es un homicidio en ocasión de robo, es un homicidio criminis causa» y zassss, marche preso con perpetua. ¿La congruencia? Te la debo.
7. “Es imposible que haya unanimidad”
¡A los antijuradistas les encanta el argumento de los jurados estancados!
En Buenos Aires, durante los tres primeros años, de 173 juicios, solo 3 se estancaron (0,02%). Según nos comenta Andrés Harfuch, siempre presto a brindar información actualizada en la materia, que también puede consultarse en el sitio web de la Asociación Argentina de Juicio por Jurados, solo se dieron 2 casos en Entre Ríos, 1 en Mendoza y 6 en Buenos Aires. Los datos hablan por sí solos, la cantidad de jurados estancados es ínfima para echar por la borda una regla milenaria como la unanimidad.
Es que la experiencia indica que los casos de jurados estancados son excepcionales, raros. Sin ir más lejos, en Estados Unidos, a nivel federal, son el 2%.
Sin embargo, como todos los eventos raros que nos aterrorizan, los sobreestimamos. ¿Y qué pasaría si se generalizan y empezamos a tener jurados estancados por todos lados? Caos. Histeria. Desprestigio (sí, incluso más). El sistema de justicia por los suelos (o los subsuelos, mejor dicho).
¿Y por qué se dan esos casos? En la mayoría, los jurados estancados son producto de casos deficientes a nivel probatorio. Las soluciones no deben buscarse en normas, sino en las prácticas. Si se eleva la excelencia, es decir, el nivel o calidad del litigio, se disminuirán los jurados estancados y las normas que prevén qué hacer en esos casos quedarán como una curiosidad para las generaciones futuras.
8. “Los jurados son fácilmente corruptibles”
¿En serio? ¿Es más fácil “comprar” a 12 personas de las cuales desconocemos su identidad hasta finalizar su selección y empezar el debate o a tres jueces que conocemos de toda la vida?
Como dijo Harfuch del jurado: «Es el juez más independiente que hay. El juez del Estado está siempre sospechado de que lo coimearon, o quiere ascender, o quedar bien con alguien. Los jurados no”.
9. “Los jurados son fácilmente influenciables por los medios”
Casos mediáticos siempre hay. Y sin embargo frente a esos las partes pueden seleccionar a los jurados. El juez puede llegar a aislarlo si es necesario. Y si no puede llegarse a conseguir 12 ciudadanos realmente imparciales por la contaminación mediática, se puede pedir cambiar de jurisdicción. ¿Podemos hacer algo de eso con los jueces técnicos? No, como dicen los niños, “toca toca, la suerte loca”.
10. “Los jurados son fácilmente influenciables por argumentos emocionales”
Uno cree que si hacemos llorar al jurado tenemos ganado el juicio y no, no es así. Lamentablemente (para algunos) el jurado se convence con pruebas, no con lágrimas ni quejas ni conmovedores alegatos.
Mucho tiene que ver la deliberación del veredicto. Son 12 personas (des)elegidas por las partes que deben llegar a la unanimidad. Al frente tenemos… bueno, tres empleados del Estado profesionales en el arte de juzgar y sin necesidad de unanimidad. ¿Se comprende el punto?
Conclusión
Concluyo acá mi viaje y espero haber movido por lo menos a algunos antijuradistas a que abracen la revolución juradista que se está dando en Argentina.