Manual de cómo trabajar conmigo

El título parece una locura, pero les aseguro que esta práctica es muy recomendable para cualquier ámbito laboral, no solo de los abogados.

Creo que descubrí esto del “Manual de cómo trabajar conmigo” en un artículo que escribió Martina Rúa (La Nación, 13/04/24). La idea es, en un principio, sencilla: así como cualquier electrodoméstico viene con un manual de cómo funciona, cada empresa hace un proceso en el cual al ingresante se le enseñan “cómo se hacen aquí las cosas”. Entonces, ¿por qué no hacer un manual de cómo trabajar con nosotros? De esa forma, la gente que empiece una relación laboral con nosotros podrá saber a qué atenerse. La idea es evitar el desgaste de explicar una y otra vez cómo “funcionamos”, cómo es nuestra forma preferida de trabajar. Y sí, la idea viene de ejecutivos de empresas yanquis que la implementaron, seguramente hartos de repetir una y otra vez lo mismo.

Cuando leí el artículo de Rúa, me pareció una idea fantástica. En un principio pensé que algo así había implementado en mi oficina, pero no, no era lo mismo. En la oficina tenemos un “Manual de trabajo” pero no es sobre cómo trabajar conmigo, sino que condensa prácticas, visión, objetivos, distribución de tareas y hasta información recurrente sobre el trabajo general de la oficina. Y es un mamotreto de 76 páginas. Nada que ver con el documento conciso de no más de 2 carillas que se propone adelantarse a las expectativas de los otros, hacer explícito lo implícito y evitar malentendidos. Wow, pienso, esto no va a ser tan fácil como me lo imaginaba. Sin embargo, ahora que vuelvo a pensarlo, tal vez sea una buena oportunidad en este tiempo que estoy viviendo. Capaz que cambie de trabajo y de equipo de trabajo en los próximos meses. Probablemente enfrente nuevos desafíos con nuevas personas. Sin duda un documento como ese, sobre todo porque seré el “jefe” (no el líder, pues eso es otra cosa) va a ser muy útil. Entonces, con eso en mente, intenté hacer ese Manual, con obvias consultas a mi actual equipo.

1. Honestidad

a. En el hacer. Solo se equivocan los que hacen. Y todos nos equivocamos. El tema es ser honesto con las equivocaciones. No intentés tapar el Sol con las manos. Valoro que, en el hacer, por más errores que tengás, seas honesto, los compartás y veamos juntos qué solución existe.

b. En el no hacer. También nos equivocamos en el no hacer. Porque somos seres humanos. Se nos pueden pasar las cosas. La solución es la misma: honestidad para compartir el problema y buscar la solución. Nunca taparlo.

c. No es una opción mentir. Somos grandes. Detesto los que la caretean, los que la versean, los que dan vueltas, los que intentan maquillar la realidad. ¿Los que mienten? Sí, los que mienten. Tanto te equivoqués por hacer o por no hacer, asumílo y busquemos la solución al problema. Si mentís, no vamos a tener un problema. Vamos a tener dos. Y se complica.

2. Confianza

a. Esencial. La confianza es esencial para trabajar conmigo. Si no puedo confiar en vos, no podré trabajar con vos. No pasaremos de la etapa de control. Aspiro a que el control sea reemplazado por la confianza.

b. Incremental. Roma no se hizo en un día. La confianza no se ganó en un día. Es un proceso en el cual tenés que aportar tu granito de arena diario. Poco a poco. ¿Y sabés qué? Es de los dos lados. Vos también tenés que confiar en mí. Sino esto no funciona.

3. Actitud

a. Podés no tener conocimientos ni experiencia para trabajar conmigo. No es un problema. Nadie nació sabiendo. Menos “sabiendo hacer”. Lo que no podés no tener es actitud para cambiar esa situación. Eliminá la vergüenza de preguntar cómo se hacen las cosas. No es una opción.

b. La actitud va de la mano de la curiosidad. Si preguntás ¿por qué se hace así? y, además, no te contenta la respuesta “porque siempre se hizo así”, vas a ir por buen camino.

c. Detesto a aquellos que esperan que las cosas pasen. Amo a aquellos que hacen que las cosas pasen. Necesito a ese tipo de personas trabajando conmigo. Son los proactivos, los que asumen la responsabilidad de que las cosas pasen. Sumáte a ese grupo. Como digo siempre, “no te preocupés, ocupáte”. Acostumbráte a hacer sin esperar que alguien te diga qué tenés que hacer.

4. Pensamiento crítico

a. Lo valoro mucho. Quiero que hagás las cosas no porque lo ordeno, sino porque estás convencido de hacerlas así. Quiero que tus críticas me ayuden a mejorar en nuestro trabajo.

b. Si al preguntarte por qué se hace así una determinada cosa, tu respuesta es “porque así lo ordenó”, tenemos un problema. La obediencia debida no va conmigo. Y la obsecuencia tampoco.

c. Recordá que trabajar conmigo no anula tu capacidad de pensar por vos mismo y valorar críticamente situaciones o prácticas. Es más, tenés que hacerlo. Animáte a pensar en forma autónoma. El peligro que hay que evitar es que tu “piloto automático” se prenda mucho más de lo que corresponde al hacer tu trabajo.

d. La frutilla del postre, para mí, sería que además de pensar críticamente, podás hacerlo creativamente. Si lo hacés, serás más que bienvenido en mi lugar de trabajo.

e. Gran aclaración gran. Al mismo tiempo y sin que sea contradictorio, si ordeno algo, es porque me hago cargo de la decisión. La crítica dio paso a la ejecución. Y sí, muchas cosas no nos gustan. Pero la idea no es que todos terminemos “poniendo una mercería”.

5. Comunicación

a. No soy de entender indirectas. Si necesitás algo, vení y decímelo, sin dar vueltas. Como contrapartida, soy muy directo. O al menos, aspiro a serlo.

b. Manejo tres niveles de comunicación. Si es urgente para ya (right now), te voy a llamar por teléfono o te voy a ver en persona. Si me interesa, pero me lo podés contestar en el día, te mando un mensaje de WhatsApp. Si quiero que en algún momento me contestes sin apuro, te escribo un correo electrónico (sí, bien old style).

c. El feedback también lo manejo en varios niveles. Si es urgente va de forma directa. Si es de medio término será una nota o un archivo en tu carpeta. Si es menos importante será un correo electrónico. ¿En general? Uno al año como balance de todo.

d. La paciencia no es una de mis virtudes. Andá al grano, no des mil vueltas cuando te comuniqués conmigo. Valoraré siempre tu magnífico poder de síntesis.

6. Pragmatismo

a. Detesto a quienes dan vueltas a un tema. Encará. Definí. Hacé. Abrazá lo práctico, andá al hueso. No te demorés. Elegí la solución más simple al problema. Avanzá. Eliminá la rumiación mental.

b. No lo hagás de cualquier forma. No solo tenés que cumplir con el objetivo de ser eficaz. Aspiro a que seas eficiente, pues no solo me gusta la gente que cumple el objetivo, sino que además gasta la menor cantidad de recursos. Sí, parece mucho. Lo es.

c. Lo perfecto es enemigo de lo bueno. Tomátelo en serio a este refrán. El peor escrito es mejor que el escrito que no se hizo. Siempre el algo es superior a la nada, que sea tu impulso para avanzar. Borrá la parálisis por el análisis. Hacé.

d. Desdramatizar. Valoro mucho la capacidad de resolver problemas. Sin embargo, prefiero una solución práctica y un problema desdramatizado a una solución brillante con un problema agigantado. Problemas habrá siempre. Intentá que no escale. Agarrálo chiquito. Cambiá de perspectiva. Y solucionálo. No hagás un problema del problema. No lo agigantés.

e. Concentración. Concentráte en el problema. Olvidáte de buscar culpables. Sé suave con las personas y duro con el problema. No me gusta perder tiempo buscando culpables. Me gusta solucionar problemas y solucionarlos rápido.

7. Humanidad

a. Hacia adentro. Creo que también podría ser llamada “empatía”. O reconocer que todos somos humanos. Todos podemos equivocarnos. Todos tenemos una vida. Todos tenemos problemas. El trabajo no lo es todo. Será importante, pero no es lo más importante. Apuesto a que hagás tu trabajo de manera eficiente para que podás volver a tu vida.

b. Hacia afuera. Detrás de los expedientes hay gente. Hay personas de carne y hueso. Nunca lo olvidés. Tienen problemas, tienen familia. Lloran. Ríen. Se emocionan. Son seres humanos. A veces valoran más tu escucha que tu habilidad jurídica. A veces se quedan con tu calidez al atenderlos en vez de tu brillantez académica. Tenélo en cuenta cuando hagás tu trabajo. El día que lo olvidés, te habré perdido. Ojo, profesionalismo no es frialdad.

8. Responsabilidad

a. Indispensable. Si querés trabajar conmigo, tenés que ser responsable. Básicamente te tenés que hacer cargo de lo que hacés y también de lo que dejás de hacer. De tus decisiones, de tus acciones y de sus consecuencias. Todos somos adultos.

b. Imposible. En ese contexto, no es una opción descargar tu responsabilidad en tus compañeros, los clientes, los empleados, los jueces o el Gauchito Gil. En tu ámbito de responsabilidad, vos sos el responsable y te tenés que hacer cargo. Por supuesto, hay límites y uno no puede hacerse cargo de lo que está absolutamente afuera de su ámbito de influencia. Somos seres humanos.

c. Siembra futura. Pero no solo te hacés cargo de lo que pasó, sino de lo que va a pasar. Eso es sembrar para el futuro. ¿Es mucho? No. Es lo lógico. Todos nos equivocamos. Algunos aprendemos. Muy pocos podemos aprender y evitar volver a equivocarnos con lo mismo. No te digo que te exijo que lo logrés, pero sí que no parés intentándolo.

9. Burocracia

a. La detesto. En su mal sentido, por supuesto. Es mala palabra para mí. Todos los requisitos tontos, insólitos, absurdos, los formulismos innecesarios y las prácticas del “siempre se hizo así” sin saber por qué. Si te convertís en burócrata trabajando conmigo es porque algo hicimos mal ambos.

b. Sobre todo detesto la burocracia llevada a cabo por la mentalidad del empleado público. Luchá con todas tus fuerzas para resistirte al aburguesamiento, al estancamiento, a jugar al quedo.

c. Evitá las formalidades lo máximo posible. Hay que cumplir las normas. Lo sabemos. Lo sé. Lo sabés. Pero hasta ahí nomás. No hace falta exagerar formalidades que no están ordenadas.

10. Ubicación

a. Claridad hacia afuera. Es fundamental que tengás claridad hacia afuera en tu ubicación. Tenemos casos claros, grises y oscuros en lo que hace a su predicción. A veces defendemos posiciones claras, grises y oscuras. Otras recurrimos a sabiendas de las pocas chances de éxito que tenemos. Lo más importante es que tengás clara la posición. Eso permite manejar las expectativas. Y no creérsela. Si creés que tenés una posición clara cuando es oscura, te perdí. O, como digo, cuando creés que en un “lance” realmente tenés razón. Ahí también te perdí.

b. Claridad hacia adentro. Valoro que tengás claridad hacia adentro en tu ubicación. ¿Qué significa eso? Que puedas distinguir, por ejemplo, que cuando te hago un feedback y te corrijo, habrá cosas que son “principales” y otras que son “accesorias”. Las primeras son errores. Las segundas son preferencias, opciones, elecciones. Probablemente no coincidamos en las segundas, pero eso no significa necesariamente que te equivocaste.

***

En fin, no sé si seré un tipo fácil para trabajar, pero al menos, como un electrodoméstico, vengo con un manual de instrucciones. Es algo, ¿no?

¿Algún comentario?