¿Cuántas veces nos hemos golpeado contra la pared al recibir como respuesta a nuestros pedidos en la justicia el famoso “oportunamente”?

La pregunta que encabeza esta entrada estoy seguro que puede ser respondida por la mayoría de los abogados litigantes con un: “¡Un montón de veces!”. El tema no es que una respuesta se repita muchas veces. Es más, eso no es indicador ni de acierto ni de desacierto. La respuesta puede repetirse infinidad de veces y estar bien como esta mal. Sin embargo, en tribunales, muchas veces las respuestas surgen por inercia, costumbrismo, piloto automático o, lo que es peor, el modo robótico o directamente zombi al estilo de The Walking Dead.
Uno aspiraría a creer que del otro lado no tenemos robots ni caminantes. Es decir, aquellos que dan respuesta a los pedidos que hacemos los abogados en los tribunales, son seres humanos, con raciocinio, sentido común y al menos, algo de conocimiento del derecho (nótese la mínima expectativa que tengo al respecto). Sin embargo, la realidad diaria nos hace dudar si no estamos en alguna serie distópica.
Algo de eso me pasó en un caso que en teoría era sencillo. Padre y madre acuerdan en mediación el porcentaje de alimentos a descontar de a la pensión del primero a favor del hijo menor de edad en común. Hacen el acuerdo, lo firman y disponen que empezará a regir desde su firma, con el correspondiente oficio a la Comisión Nacional de Pensiones Asistenciales. Hasta ahí, divino.
La cosa se complica cuando se presenta el acuerdo en el juzgado para su homologación. De acuerdo a sus cláusulas, pido se libre el oficio correspondiente. La inercia tribunalicia hace de las suyas y me responden con el siempre bien ponderado “oportunamente” pues en el curioso razonamiento judicial, antes debía sacarse el beneficio de litigar sin gastos, correrse vistas a ministerios y homologarse el acuerdo.
Perplejo recurrí la cuestión, diciendo más o menos algo así como “oiga, hay un acuerdo, hay un chico de por medio, no hace falta todo eso que usted dice, no se olvide de los derechos del niño, la razonabilidad y la mar en coche”. No tuve eco. Quedé más perplejo pues no pude hacer mover de su posición ¿al robot? ¿al caminante? del otro lado del mostrador.
Gracias a Dios, no, a los legisladores, existen los recursos ante otros tribunales, pues el caso subió a la cámara por mi apelación en subsidio (sí, una cosa así tuvo que ir a la cámara, una locura).
Finalmente, la cámara puso un poco de razonabilidad en toda esta situación, revocó la absurda resolución y ordenó que se librase el oficio a la Comisión Nacional de Pensiones Asistenciales. Lo malo es que se perdió tiempo (el recurso más escaso de todos). Lo bueno es que nunca tuve un problema similar en ese juzgado luego de este fallo.