Lo que hay que tener para ganar un juicio

Es, sin duda, algo que todo litigante querría saber. ¿Lo sabemos realmente? ¿O ignoramos muchas veces los puntos básicos según un viejo verso?

***

Siempre vuelvo a lo mismo, que no es otra cosa que hacer hincapié en que todos los abogados y no solo los jueces (como dice Leticia Lorenzo acá), debemos administrar y moderar expectativas. En algún punto sí, ser los malos de la película y derrumbar castillos en el aire de los clientes, por qué no, aunque suene feo o duro.

Aunque suene espantoso, también nos sirve a nosotros cada vez que ejercemos. Ser realistas, enfrentar las limitaciones o restricciones del sistema, de las pruebas, del litigio, es fundamental. Caso contrario nos creemos Superman y emprendemos lo que mi profesor de Derecho Laboral caracterizaba no como juicios, sino como “aventuras judiciales”.

¿Es que no pueden emprenderse “aventuras judiciales”? No hay norma que las prohíba, pero si vamos a meternos en camisa de once varas, como decía mi madre, lo menos que podemos hacer es estar conscientes de en qué nos estamos metiendo.

Por supuesto, los abogados somos actores de reparto y no protagonizamos la obra (a pesar que algunos con su ego crean que sí lo hacen). El desafío que tenemos es concientizar a los clientes, los verdaderos litigantes, los que ponen el cuero, sobre las dificultades del litigio. No hay que pintar catástrofes, pero tampoco todo color de rosa.

Pero, además, para aquellos que no son empleados públicos como yo y, según Ángel Ossorio, en El alma de la toga, realmente son abogados, les puede servir para decidir tomar o no un caso.

Agustín Gordillo, que ya no está con nosotros, con ayuda de un viejo verso veneciano, supo explicar al pasar el tema que implica tomar o no un caso que sabemos que, a pesar de ganarlo, no podremos ejecutar luego. Joaquín Guillermo Martínez también concluyó este interesante artículo sobre el ejercicio profesional, con el recuerdo del mismo viejo verso.

La lectura de ambos me permitió recordarlo de manera completa, pues si bien lo utilizo a diario para pintarles el panorama a los clientes, me di cuenta que no siempre lo explico en su totalidad. Sirva de excusa mi mala memoria para recordarlo y exponerlo aquí. Los que sepan italiano, pueden leerlo acá o traducirlo con el Traductor de Google. Sin embargo, para mí, la versión más linda es la que dice: «Es necesario, para emprender pleito, caja de banquero, pierna de ciervo, paciencia de ermitaño, tener razón, saberla exponer, encontrar quien la entienda y quien la quiera dar y deudor que pueda pagar».

Caja de banquero

Todo litigio entraña costos y lo sabemos: tasa de justicia, bonos profesionales, bonos previsionales, honorarios (por supuesto), gastos de transporte, etc.

Debo confesar que este aspecto es uno de los que omito con mis clientes. Quizás porque la gran mayoría de los costos son cubiertos por el beneficio de litigar sin gastos, por la gratuidad del proceso o por ser clientes de la Defensa Pública. Sin embargo, es un tema a hablar cuando, por ejemplo, deben pagarse los honorarios de un perito.

El tema es concientizar a los clientes que seguro se va a gastar dinero en el litigio. ¿Lo tiene? ¿Lo puede conseguir? ¿Vale la pena conseguirlo? ¿Es mucho o es poco para su situación?

Pierna de ciervo

Otra mea culpa. También suelo omitir esto con mis clientes, la necesidad de moverse rápido, de estar preparado y alerta, de tener comunicaciones ágiles, rápidas. Todo según las necesidades del caso. ¿Por qué? No sé. Tal vez porque todos en este mundo moderno estamos a un mensaje de WhatsApp. ¿Será tan necesaria hoy la pierna de ciervo? Quizás tal vez menos.

Paciencia de ermitaño

Esto sí lo hablo, aunque no como “paciencia de ermitaño”. Debemos tener en cuenta los tiempos procesales, que muchas veces, mora judicial mediante, son extensísimos. Eso, a pesar que tengamos la posibilidad de apurarlos muchas veces. Habrá seguro a lo largo del litigio, lo que debe saber desde un principio el cliente, momentos en los que no haya nada más que hacer que esperar. He ahí la paciencia de ermitaño.

Tener razón

¿Quién duda de tener razón? En general, nadie. Todo el mundo llega convencido con nosotros de que se ha cometido con su caso la más grande injusticia desde que el mundo es mundo. Una vez que lo hacemos bajar un cambio, podemos analizar el caso con más detenimiento. Tal vez no sea tan claro en su totalidad como está convencido el cliente. Ojo, no digo que sea oscuro en su totalidad, pero tal vez algún grisecito puede tener.

Aunque todos nos podemos enamorar de nuestro caso y creerlo claro, la realidad es más compleja. Eso sí, debemos reconocer que puede ser fuerte, aunque al mismo tiempo, que no es perfecto. Los casos perfectos no existen. Tal vez los fáciles y difíciles, pero es otra cuestión.

Saberla exponer

Gran tema este. Podemos tener razón, pero no saberla exponer. ¿Y qué implica saberla exponer? Hablar para que se nos entienda, escribir para que se nos comprenda. Ser claros, breves, concisos y demoledores. Sí, sí, todo eso de lenguaje claro unido a la argumentación viene acá. En teoría, esta parte la hablo con mis clientes diciendo “bueno, supongamos que sabré exponer bien el caso”, pero es solo una hipótesis. Luego hay que llevarla a la práctica. Eso implica mucho trabajo y, aunque suele redundante, práctica, sobre todo con la oralidad.

Encontrar quien la entienda

Teléfono para los jueces. Es frustrante creer que tenemos razón y que la supimos exponer, pero nos encontramos con alguien del otro lado que no nos entendió. O, como decía un profesor de la Escuela Judicial del CAM, que “no nos supimos dar a entender”. La mayoría de las veces, cuando se producen estos malentendidos uno pone la culpa afuera y se tienta con atacar al juez: “es un burro, no sabe nada”. Intentemos evitar caer en esas salidas fáciles. Si sabíamos que lidiábamos con un burro, deberíamos haber hecho algo al respecto: o lo recusábamos si era posible o adaptábamos el lenguaje a rebuznos. No hay otra.

…y la quiera dar

Ufff. Sigue sonando el teléfono para los jueces. Ya superamos todos los obstáculos y encontramos a alguien que nos entendió. Eso no es poco. Sin embargo, todavía ese alguien debe querer darnos la razón. ¿Pero cómo? ¿Es que los jueces no dan la razón a los litigantes cuando estos los convencieron de la solución de su caso con argumentos claros y contundentes? Lo siento por pinchar el globo, que es lo que hago muchas veces con los clientes, pero no, no siempre hacen eso los jueces. ¿Por qué? Y bueno, se me ocurren varias razones, pero muchas son extra jurídicas: contextos sociales adversos, contextos económicos adversos, un análisis consecuencialista de la decisión, un cambio en las circunstancias normativas o incluso la entrada por la puerta de la política, que hace salir por la ventana a la justicia, como decía Francesco Carrara. El tema es que muchas de esas cuestiones están fuera de nuestro control o área de influencia, lamentablemente.

Y deudor que pueda pagar

Este es, insólitamente, el requisito final, pero cada vez más me convenzo de que debería ser el primero. Es más, muchas veces se lo planteo descarnadamente a los clientes: “Supongamos que tenemos razón, la sabemos exponer, el juez nos entiende y nos da la razón. ¿Tenemos deudor que pueda pagar o nos vamos a quedar con la sentencia en un cuadrito enmarcada y colgada en la pared?”.

De nada sirve ganar si no podemos hacer cumplir lo que ganamos, aunque más no sea el daño causado por la muerte de un perro. Es real y es algo con lo que tenemos que lidiar al principio nomás. Eso sirve para moderar las expectativas. Personalmente, me sirvió para iniciar un proceso y obtener unas disculpas públicas. ¿Por qué no plata por los daños y perjuicios producidos? Pues porque del otro lado estaba la pobreza más extrema. Como digo, “no le íbamos a sacar una moneda ni dándolo vuelta”.

***

Gran aclaración, gran, aunque crea que no haga falta. Muchos juicios se ganan sin que se tengan todos estos requisitos. Y sí. Esto no es una ciencia exacta. Del otro lado también juegan, a veces mal o muy mal. Muchas veces capitalizamos los errores de la otra parte. O los cometemos nosotros y vemos como la diosa Nike se va con la otra parte, a pesar de que (creemos) la diosa Temis se queda llorando a nuestro lado.

7 comentarios sobre “Lo que hay que tener para ganar un juicio

Replica a Pascual Daniel Cancelar la respuesta