La entrada pone el foco en una epidemia que existe en los tribunales y que no consiste ni en el COVID, ni en el dengue ni nada que se le parezca, aunque quizás lo más cercano sea una crisis de salud mental…

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Mencioné al pasar en esta entrada sobre honorarios al “Síndrome de Cronos” pero la realidad es que merecía una entrada propia. Intento hacerle justicia en esta oportunidad.
Este síndrome se inspira en la mitología griega (como todos los síndromes, o como todo en la vida). En el principio, Cronos, dios del tiempo, hizo una revuelta con los Titanes y sacó a su papá, Urano, del poder. Este, despechado, lo maldijo: “Más adelante te sucederá lo mismo”. Por supuesto, el rebelde Cronos no era tonto y no quería dejar el poder. ¿Qué fue lo que hizo para evitar una revuelta? Lo que haría cualquier hijo de vecino: comerse a cada hijo suyo al nacer. Esto le funcionó durante un tiempo, pero no contaba con la astucia materna de Rea, que lo engañó para salvar la vida de un niño que seguro usted ubica: Zeus. Este pequeño, con el tiempo, cumplió la profecía o la maldición de su buen abuelo Urano y destronó a Cronos. Como sabemos, se convirtió en el líder del Olimpo, el dios sobre todos los dioses.

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Hasta allí, la mitología griega. ¿Qué carajo tiene que ver con el ámbito laboral? ¿Y con tribunales? Aunque no lo crea, mucho. El síndrome de Cronos describe el miedo, no, el terror, mejor dicho, que las personas con niveles jerárquicos en las organizaciones tienen de ser reemplazados. Sí, aparentemente todos somos Cronos, personitas que nos creemos con poder por los cargos a los que hemos llegado, pero que en el fondo somos miedosos y temerosos de perder la posición que tanto nos costó conseguir. Y si a eso le agregamos que emulamos a Duck Dodgers en el trato con los subordinados como el cadete espacial Porky, tenemos cartón lleno.
El síndrome de Cronos perjudica no solo a los gerentes/líderes/funcionarios sino a todo el equipo que los acompaña. Por supuesto, no es alentador que el jefe quiera comerse a los empleados, cual Cronos con sus hijos.
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Aclaro antes que me peguen. No estamos hablando, todavía, de acoso laboral, mobbing ni nada por el estilo. Todavía no. Los jefes podemos hacer mucho daño sin llegar a ese punto. Y el síndrome de Cronos trae varias conductas que sirven de ejemplo.
1. La no delegación
Aunque, como dije, la delegación tiene mala prensa en tribunales y se acerca más al “haz lo que yo digo mas no lo que yo hago”, es una realidad en cualquier organización. Cuando uno delega, confía. La confianza es uno de los bienes más preciados que como seres humanos compartimos. Es una muestra de valorar a la otra persona, de reconocerle la aptitud para hacer la tarea encomendada. Sin embargo, cuando se nos cruza por la cabeza la loca idea de que quien está encargado de la tarea la puede realizar mejor que nosotros, podemos entrar en crisis. El síndrome de Cronos se resiste a entregar “la quintita” o a compartir el conocimiento pues no tendremos control sobre lo que pueden hacer los subalternos con él y menos si cometen el sacrilegio de mejorar lo que nosotros hicimos, lo que le enseñamos. Si quiere evitar caer en el síndrome de Cronos, deje de ver locuras como estas y abrace las mejoras implementadas por su subalterno en la tarea delegada. Los ciudadanos que ansían justicia se lo agradecerán.
2. No reconocer el trabajo bien hecho
Y sí, si creemos que nos van a suplantar, jamás debemos reconocer que los demás trabajan bien. Una conducta espantosa, pues a la delegación bien entendida, a la confianza compartida, debe seguir el reconocimiento por la tarea bien realizada. El feedback con quienes trabajamos es fundamental para un buen clima de trabajo. Además, si no reconocemos cuando las personas trabajan bien, ellas no son adivinas y no sabrán qué conductas son las que deben imitarse. Hay que sembrar seguridad jurídica.
3. Resistencia al cambio
Esto es paradójico. Los líderes deben liderar el cambio, deben estar en la punta de la lanza de la avanzada. En cambio, con el síndrome de cronos haciendo de las suyas, lo primero que hacen es ponerse en la vereda del frente, resistir, boicotear y desautorizar hasta la más mínima posibilidad de cambio, mejora o innovación en cualquier procedimiento de la organización. Sí, definitivamente, son los abanderados de las dos grandes leyes tribunalicias: “aquí siempre se hizo así” y “aquí nunca se hizo así”.
4. Hostilidad a posibles competidores
Sobre esto no hay mucho que agregar. Si usted está embebido en el síndrome de Cronos, verá sombras por todos lados y aquellos que deberían ser sus principales aliados en su trabajo, pasarán a ser posibles “serruchapisos”. Mi consejo es que deje sus problemas de ego y autoestima de lado, olvide los fantasmas y se concentre en potenciar a su entorno. ¿O acaso no está seguro de sus capacidades?
5. Recelo con todos
El recelo es aquello que impide compartir el conocimiento, la experiencia y el “saber hacer” o know how de manera generosa. Usted, contaminado con el síndrome de Cronos, no puede ver más allá del corto plazo y esconde, como si fuese un tesoro, el secreto de cómo hacer tal o cual tarea. ¿No se da cuenta de su inutilidad? Tarde o temprano el conocimiento será alcanzado por sus compañeros.
6. Toxicidad
Si hay hostilidad y recelo, la toxicidad en el trabajo surge como si fuese una planta ponzoñosa. Así, las relaciones laborales se enfrían y le dicen adiós a la empatía. En situaciones así, preguntar por la familia del compañero o incluso festejar un cumpleaños son cosas de extraterrestres o, de “ingenuos que no entienden la competencia”.
7. El éxito es mío y los fracasos son de ustedes
Los que tienen el síndrome de Cronos son fanáticos de esta canción de Atahualpa Yupanqui. Bueno, en realidad, reversionan aquella parte que dice que “las penas son de nosotros y las vaquitas son ajenas”. En efecto, invierten los términos, se apropian de los éxitos y se sacan de encima los fracasos, que hacen caer sobre el resto del equipo. Ellos nunca tienen la culpa, pero siempre tienen la exclusividad del éxito.
8. Baja autoestima
Esto quizás no es propio o exclusivo del síndrome de Cronos, pues seguro que cada persona tiene un background u hoja de vida o trayectoria distintos, que influyen sobre la cantidad de autoestima. Y ojo, no siempre es por baja formación académica, puesto que el síndrome envuelve a todos, sin distinguir grados académicos.
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Todas las conductas las saqué de otro lado. Sin embargo, hay una en particular que me fascina, que no está en la lista y que es muy propia de tribunales, que tiene un sistema cuasi feudal en lo que hace a la administración de los recursos humanos y la carrera en un entorno sumamente estable. ¿A qué me refiero? A una situación muy usual: se produce la posibilidad de un ascenso para alguien del equipo. Sin embargo, nada es gratis en la vida: es un ascenso fuera del equipo. Ante esa situación, por una cuestión de cortesía, se estila “contar con la bendición” del jefe de la oficina de la cual uno pretende emigrar (sí, como si fuese la primera escena de El Padrino).

¿Y cuál es el problema? Uno pensaría que cualquier jefe debería estar orgulloso de que sus subordinados mejoran en sus carreras y ascienden. Es más, hasta quizás por su egocentrismo podrían llegar a pensar que algo ellos tuvieron que ver para que se le presente esta posibilidad de ascenso a gente que trabaja con él, que “se formó” con él. Sin embargo, el síndrome de Cronos aplasta esas posibilidades y obtura ascensos de sus subordinados. En vez de bendiciones, no son pocos los que tiran por la borda una relación de trabajo hasta ese momento correcta e incluso, confabulan contra el ascenso de su subordinado. ¿Existe esa gente? Sí y algunos lo hacen sin síndrome de Cronos encima, lo que es peor. No necesitan el justificativo.
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En fin, si trabaja en el foro tribunalicio y está en posición de jefe, evite el síndrome de Cronos: de esa forma muchas personas se lo agradecerán. ¿Y sabe qué? Uno se siente orgulloso porque, si se preocupa por los suyos, ve que su trabajo está siendo recompensado. Pero, además, uno está seguro que después de este, vendrá otro que habrá que formar y hacer crecer: una oportunidad más. Vea el vaso medio lleno mientras dice, con toda tranquilidad: “Me alegro, me entristezco y me ocupo al mismo tiempo. Me alegro por vos porque es una posibilidad de crecimiento. Me entristezco porque el equipo te pierde. Y me ocupo, porque debo buscar quien intente reemplazarte”.
Si es empleado, reconozca cuanto antes a un jefe contaminado con ese síndrome e intente llevarlo lo mejor posible. Alguna vez mi padre, con toda su experiencia, me recomendó una norma de conducta como gran alternativa para lidiar con un jefe así: “Si a vos te interesa que las cosas se hagan, que los cambios se produzcan y te toca un jefe inseguro, lo que tenés que hacer es sencillo: convencerlo de que tus ideas son sus ideas y luego, cuando sea un éxito su implementación, darle todo el crédito”. Duro, pero buen consejo al fin.
3 comentarios sobre “Síndrome de Cronos judicial”