Bueno, esta entrada podría titularse “El Traje y yo”, como acordándonos de “Platero y yo”, pero no tiene que ver con caballos o burros. ¿Platero era un burro o un caballo? Bueno, no importa, lo leí hace un montón. En fin, el título que quedó es mejor me parece...
Tanto va el cántaro a la fuente…
…que al final se rompe. Bueno, el refrán esta vez sirve para destacar algo positivo: tanto insistí en que para desistir no hace falta ratificar el desistimiento que me terminaron dando la razón.
El jurado, la ouija y el secreto
La regla del secreto de las deliberaciones del jurado es fundamental. El temita (como con toda norma) es que a veces la gente la agarra para el lado de los tomates. Y eso pasó en el caso “R. v. Young” de 1995 que involucra un jurado, la regla y una ouija. ¿Lo vemos?
Burocracia judicial
Si hay algo que detesto, no solo en mi trabajo, sino en mi vida diaria, es la burocracia. Pero la burocracia no entendida como la entendía Max Weber, que es el cuerpo profesional de funcionarios y empleados que hacen que el Estado ande y la mar en coche. No, la burocracia entendida en el mal sentido, en el sentido peyorativo de que la máquina de impedir, la empleada pública al estilo de Gasalla, los requisitos absurdos, las prácticas sin sentido, todo eso. Y sí, de eso va la entrada, pero centrada en lo judicial, obvio.
Somos seres humanos
Sí, lo somos y debemos recordarlo cada vez que nos equivocamos como aprendí en este caso (todo por intentar poner un poco de humor).




