Malas prácticas a evitar como la peste

A veces el mejor camino para mejorar es empezar a evitar los malos ejemplos. Y de eso trata la entrada de hoy.

Otra vez una imagen me sirve de inspiración para escribir esto, cortito y al pie. Es una maravillosa infografía de Diego Arroyo. No sé si la vi aquí en X o en otra parte. No importa. Lo importante es que condensa de forma asombrosa cinco síndromes, conductas perjudiciales que son, lamentablemente, habituales en el trabajo. Si uno quiere liderar debe evitarlas como la peste. Ya sea al frente de un estudio jurídico, en una empresa o en el mismo Poder Judicial, cuando tenga gente a cargo, bajo su ala o como quiera llamarlo (odio la palabra “reportes”), evite estas conductas. Son, sin duda, malas prácticas que llevan a que el liderazgo se estrelle y el clima laboral explote. ¿El trabajo? Obvio, naufragará como el Titanic.

1. Síndrome de Cronos

Sobre este síndrome ya escribí una entrada y creo que debería escribirse más. Así como no podemos tapar el Sol con las manos, tampoco podemos tapar el talento ajeno. ¿Tiene miedo? ¿Tiene incertidumbre? ¿Quiere resguardar su posición a como de lugar? Por favor, hágase a un costado si es así y deje que lidere otro. Los desafíos actuales exigen del talento de todos. Y los líderes no necesariamente son los más talentosos en todas las áreas. En todo caso, son aquellos que tienen la exigencia de hacer que los más talentosos brillen en sus áreas. ¿Le parece poco?

2. Síndrome de Hubris

Este síndrome es característico de los políticos según lo que leí, pero en realidad cualquier pequeña persona con un poco de poder puede ser su víctima. No hace falta seguir la famosa frase de San Martín (que no la dijo según Chequeado), sino tan solo reconocer que somos seres humanos y que como todos, tenemos nuestras limitaciones. Como les pedí a los jueces ante quienes litigo, no hay que subirse al pony. Y si tiene dudas, recuerde que el conocimiento es inagotable, lo que nos hace ignorantes de gran parte de él, como gotas que desconocen la mayoría del océano.

3. Síndrome de Hammurabi

Este no lo conocía, debo confesar. Sin embargo, muchas personas de empresas u organizaciones de más o menos envergadura deben sentirse identificados. Personalmente, me parece que la parálisis por la burocratización de los procedimientos puede ser extendida a cualquier proceso. Tengo mi forma particular de gestionar la comunicación. Y soy enemigo de todo lo que sea burocracia en el mal sentido. Sin embargo, no hay que creerse inmune a este síndrome. Recuerde siempre que el camino es simplificar, simplificar y simplificar, como dice Elon.

4. Síndrome de Napoleón

Casi como lo dijo el general, creo que liderar no es mandar, sino persuadir, inspirar y hacer crecer. ¿Habrá errores? Por supuesto. ¿Serán necesarias las correcciones? Obvio. ¿Es necesario andar a garrotes todo el tiempo a todo el mundo? Y creo que no che. Ojo, esto no es El Príncipe de Nicolás Maquiavelo, donde el florentino recomienda ser temido antes que amado. Tampoco es un concurso de popularidad. Cuando los que ejercen el mínimo poder que tienen lo hacen a través del miedo, siempre pienso que evidencian su enorme inseguridad. Recurren al miedo porque ellos mismos lo sienten. Y, además, disculpen, pero acá entra mi formación católica, además de mi educación materna: me enseñaron que la corrección fraterna es fuera del ojo público, que “los trapitos sucios se lavan en casa”. ¿Cuál es la necesidad de hacerlo en público? Ninguna. Corrija, sí, pero a la sombra. Aquellos a quienes corrija se lo agradecerán.

5. Síndrome del burnout

Esto es una plaga moderna definitivamente. Hay que cuidarse, no hay otra. Eso sí, mucho tiene que ver con cómo afronta uno los desafíos y las responsabilidades. Pero también con los recursos que tenemos. Nuevamente, reconocer nuestros límites es la principal defensa. Bajar las expectativas también. Y saber decir “no”. Caso contrario, nos terminaremos quemando. No sé ustedes, pero no conozco a ningún quemado que pueda liderar correctamente.

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