Rompo la regla de las novedades sabatinas para compartir este brevísimo repaso sobre las obras de Ayn Rand que me publicaron hace un tiempito (La Gaceta, 08/02/26). Le cambiaron el título a “Animarse a leer a Ayn Rand” y algunos retoques más. La publico completa acá, con la breve biografía que también le agregaron en el diario y una recomendación final a los abogados a los que les gusta el cine.

Me animo a afirmar que Ayn Rand es poco conocida en nuestro país. En nuestros claustros estudiamos a filósofos como Sócrates, Aristóteles, Platón, San Agustín, Santo Tomás, Descartes, Hegel, Marx, Heidegger, Nietzsche, Sartre, Wittgenstein e incluso hasta Watzlawick, pero paremos de contar. Hasta que un libro suyo cayó en mis manos, Rand solo me sonaba por la conocidísima empresa Randstad, número 1 en lo que hace a recursos humanos a nivel mundial. Y no, no tiene relación con ella.
Curiosamente, empecé a leer su obra de manera desordenada y absolutamente irresponsable. Tiendo a pensar que es la mejor forma de leer algo, desprovista de prejuicios y taras mentales, de juicios de otros, de comentarios y advertencias.
Algunos creen que, para dedicarse a la escritura, al escritor no le queda otra que transformarse en un personaje. Sobre todo, hoy, en tiempos de redes sociales, seguidores, likes, trolls y demás. Rand era un personaje antes que fuese necesario serlo. ¿Tiene alguna duda? Le bastará ver alguna de sus interesantes entrevistas en YouTube para convencerse.
Si está en la arquitectura, anímese a leer a Rand. Si es individualista, anímese a leer a Rand. Si quiere entender algo al actual presidente, anímese a leer a Rand. Si cree que no es colectivista, anímese a leer a Rand (quizás que se lleve una sorpresa). Si ama el capitalismo, anímese a leer a Rand. Si cree en los héroes, anímese a leer a Rand. Si es un romántico, anímese a leer a Rand. Quién sabe, probablemente se vea atrapado por su prosa.
1) Night of January 16th (1934)
Paradójicamente, esta, una de las primeras obras de Rand, no la conocí sino hasta hace poco. Desconocía que hubiese escrito una obra de teatro como esta y me fue muy grato descubrir que era sobre un juicio por jurados, tema del cual soy fanático. Me enteré de su existencia cuando se presentó el proyecto de Ley de Juicio por Jurados Federal, el actual gobierno lo hizo con la representación de esta obra de teatro. Si no puede conseguir el libro o al menos una versión en Internet, le sugiero que vea esa representación, disponible en YouTube.
Si le gustan los dramas judiciales, esta es una obra de teatro que le encantará. Es un drama judicial donde se lleva a cabo un juicio por el homicidio de un empresario “turbio”, Bior Faulkner. ¿La acusada? Su secretaria y amante, Karen Andre. La compungida viuda, Nancy Faulkner, afirma que su esposo había dejado su tumultuoso pasado atrás desde que ella entró en su vida y lo transformó. Hasta ahí, uno podría pensar “esto ya lo vi mil veces, narrado de mil maneras”. Y puede tener razón. Sin embargo, lo interesante y novedoso es que Rand incorporó al público a la obra. ¿Cómo? Pues es parte del público que asiste a verla, quien termina protagonizándola. Y aunque no lo crea, en el papel más importante de todos: el jurado. Sí, la obra está hecha de tal forma que usted, si va a verla, puede llegar a terminar subido al escenario, como uno de los doce jurados, que, luego de observar pelearse a la fiscalía y a la defensa, deberá decidir quién tiene razón. ¿Es Karen Andre culpable del homicidio de Faulkner? ¿O es inocente? El gran final, así, quedará en manos de los espectadores incorporados al elenco de la obra.
No puedo no compartir lo que dice la defensa en un pasaje de su alegato final, pues aporta una perspectiva inquietante, a punto de hacer recapacitar a los valientes que quieran integrar el jurado: “¿A quién se juzga en este caso? ¿A Karen Andre? ¡No!, son ustedes, damas y caballeros del jurado, quienes están siendo juzgados. Son sus almas las que serán puestas a la luz cuando hayan tomado su decisión”.
2) The Fountainhead (1943)
El manantial es la primera obra que leí de Ayn Rand, gracias a mi madre y su esposo, ambos arquitectos. No sé cómo les llegó a ellos la obra, pero apenas la terminaron de leer, uno después del otro (no me pregunten el orden, no lo recuerdo), me la recomendaron. Yo era chico (al menos, más chico que ahora) y seguí su recomendación. Agarré el libro… y no pude soltarlo. La novela me atrapó y leí un capítulo tras otro de manera casi adictiva, como se lee lo que realmente vale la pena, según dicen los que saben.
¿Cómo no deleitarse con la historia de ese enorme personaje que es Howard Roark? Es el modelo de héroe individualista que a Rand le fascinaba. Roark es arquitecto, pero más allá de eso, es un hombre al que no le gusta seguir la corriente. Él tiene su estilo y su forma de trabajar, pero ambos son innegociables.
El libro fue un éxito total y eso llevó a que se hiciera la versión cinematográfica en 1949, con Gary Cooper como protagonista (debo confesar que no sabía quién era). En blanco y negro, la película es maravillosa hasta el día de hoy (salvo para mi esposa que no pudo verla en mi compañía, pero bueno, en realidad no puede ver ninguna película “vieja”).
¿Y de qué va la novela? Es un canto al individualismo, pero tiene de todo, hasta un raro triángulo amoroso. Recuerdo que el consejo de mi mamá fue “mirála, tiene hasta un juicio, te va a interesar”. Si le gusta la arquitectura y el derecho (pareja rara, debo reconocer), le va a encantar. Rand le pega a todo el mundo: a los críticos que nunca hacen nada, a los que dejan de lado sus principios, a los que no se la juegan por lo que realmente creen, a los que siguen la corriente y a todo lo que llama “colectivismo”. ¿Es periodista? Anímese y lea este libro, donde también Rand le pega al periodismo amarillista, a los magnates de los grandes medios y a la famosa “crítica especializada”.
Según leí por ahí, el personaje de Howard Roark se inspiró en Frank Lloyd Right, arquitecto famosísimo por su estilo moderno y vanguardista. Busque “Casa de la Cascada” en Google y admirará un ejemplo de su trabajo (o ahórrese el trabajo y vea este video). Roark representa el desafío a lo establecido, a lo clásico, a lo conservador, a los compromisos, ¿al statu quo? Ponéle. Obvio, no le saldrá gratis el chiste. Le caerán la crítica, sus colegas, los medios y le harán un boicot laboral tremendo. ¿Hasta dónde estaría dispuesto usted a transigir sobre sus principios? ¿Son transigibles los principios? ¿Dejaría la actividad que ama porque no puede desarrollarla como quiere por negarse a hacerla como los demás le imponen? Todas esas preguntas se cruzan a lo largo de la obra, que sí, es larga, más de 800 páginas, pero le juro que se pasan rápido, pues lo cautivarán.
3) The Virtue of Selfishness (1964)
Ya no recuerdo donde vi o escuché decir a Ayn Rand que escribir novelas es un trabajo sumamente difícil y arduo. Pero no solo escribió eso. A lo largo de su carrera, además de escribir guiones cinematográficos para comer, también desarrolló diversos ensayos.
Esta obra los compila. No hay novedad para los conocedores de la obra de Rand, pero para los ignorantes como yo, que solo me enteré de su filosofía objetivista luego de leer sus novelas, este libro es un aporte importante. ¿Por qué? Pues porque Rand en sus novelas, si bien baja línea y evidencia su postura filosófica frente al mundo de una manera marcadísima, lo hace con tanta habilidad que uno consume la historia y se ve envuelto en la filosofía objetivista casi sin darse cuenta. Este libro es distinto. No hay envoltorios ni nada por el estilo. Rand desarrolla temas como la ética, las transacciones, el individualismo, los derechos, el gobierno, su financiación, el placer, la razón en una sociedad a la que caracteriza de irracional y hasta los conflictos de intereses. Sí, temas que de alguna manera siempre están presentes en la filosofía. Pero no se asuste. No están escritos en algún lenguaje críptico y rebuscado. No. Rand no es así. Es directa y no da vueltas, lo que facilita muchísimo para los ajenos a la filosofía adentrarse en el objetivismo que propone. También contiene ensayos de Nathaniel Branden, ex número dos del movimiento objetivista y, en su momento, heredero intelectual de Rand.
4) ¡Vivir! o Himno (1938)
¡Vivir!, también conocida como Himno en sus primeras ediciones es una novela corta que en apenas doce capítulos nos transporta a una utopía totalitaria realmente opresiva. O, en términos de Rand, colectivista. Sí, parece una historia que se ha contado muchas veces, pero vea la fecha en la que Rand lo hace, mucho antes de esa gran obra de George Orwell, 1984 (publicada en 1949). El recurso que utiliza para contar la historia es el del diario de su protagonista, Igualdad 7-2521. Sí, ya hasta en ese nombre se ve el totalitarismo. Recuerdo que me atrajo esta novela porque leí que describía un mundo en donde la primera persona del singular (el tan temido “yo” en estos tiempos), ha sido erradicado de la faz de la Tierra por la primera persona del plural (el más correcto e inclusivo “nosotros”). Aunque no lo crea, Rand respeta su elección y escribe toda la novela de la mano del “nosotros” aunque Igualdad 7-2521 se esté refiriendo solo a sí mismo.
Como en toda la obra de Rand, el romance y el amor hacen de las suyas. Pero, además, es lo que desencadena la creatividad de nuestro protagonista, la curiosidad, los descubrimientos, la investigación… ¿la vida propia? También.
Por supuesto, Rand siempre aprovecha para pegarles a los burócratas, a los formalistas, a los defensores del statu quo, siempre más cercanos a hacer respetar inútiles y absurdas reglamentaciones que a abrazar el progreso científico.
¿Le gusta la libertad? No dudo que le encantará acompañar a Igualdad 7-2521 y a su enamorada en su búsqueda más allá de los límites de una sociedad que los oprime al punto de suprimir todos los rasgos de su identidad.
5) Atlas Shrugged (1957)
La Rebelión de Atlas le costó casi once años de su vida a Rand. Pero el trabajo se nota. Es, según los que saben, la mejor novela que refleja su filosofía objetivista. También es de ciencia ficción, futurista, pesimista: sí, una distopía y a la vez utopía más. ¿El escenario? Un Estados Unidos que ya no es lo que era, gracias al excesivo intervencionismo estatal. En definitiva, la decadencia se ha apoderado de la otrora nación más poderosa del mundo.
¿Por qué el título? Atlas en la mitología griega era el titán que sostenía el mundo en su espalda y Rand no se anda con vueltas: coloca en ese lugar a los empresarios. Sí, para la rusa nacionalizada estadounidense, ellos son el sostén de la sociedad. La idea que plasma es inquietante: ¿qué pasaría si el gigante decide rebelarse? O al menos así me lo vendieron. Por eso me llamó la atención: un libro que ensalza a los que hacen, a los que se mueven, a los que hacen que las cosas pasen y que de repente un día, hartos de hacer lo que hacen, abandonan a la sociedad, la vacían y la dejan sola.
Pensar que llegué a leerla por una curiosidad: leí que el republicano Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, tenía como costumbre regalar un ejemplar de esta novela a todos los miembros de su equipo.
¿Es un libro a recomendar? Solo a aquellos que estén dispuestos a gastar su escaso tiempo en una zambullida de más de 1200 páginas. O al menos, que se autoengañen como hice yo, que absolutamente irresponsable lo leí en un e-reader. Eso me ahorró la incomodidad de cargar un mamotreto y de no asustarme por su extensión. Cuando se la recomendé a un amigo, me la hizo notar y me marcó la locura de mi sugerencia.
¿No se anima a las más de 1200 páginas? Pues ahí tiene la trilogía de películas que se lanzaron en 2011, 2012 y 2014, que lamentablemente no hicieron furor.
En el peor de los casos, si no le seduce la historia de ¿un lock out patronal? puede dedicarse a leer solo el discurso de John Gault, que tan bien compartió nuestro compatriota Fred Kofman. Le aseguro que, comparta o no la visión individualista de Rand, si no admite que se sintió movilizado, habrá sido poco sincero en su respuesta.
6) We the living (1936)
Los que vivimos es el último libro que leí de Rand. Es una novela, pero en realidad, camuflada, tiene mucho de autobiografía. Kira, el personaje principal, una joven de familia aristocrática que vio su mundo explotar con la Revolución bolchevique de 1917, es claramente un alter ego de Rand. Estudiante de ingeniería, será la que nos cuente cómo era vivir en la Unión Soviética en plena transición entre el zarismo y el comunismo. Todas las dificultades que uno pueda imaginarse, están en esta novela: el desabastecimiento, los privilegios, las injusticias, la redistribución de propiedades, las confiscaciones, la masificación, el adoctrinamiento y, por qué no, los conflictos entre “camaradas”. ¿Le suena? Un viaje más al totalitarismo soviético, pero con la pluma de Rand. Ah, sí, también hay lugar para el amor y otro triángulo amoroso, por si hiciera falta, aunque no le prometo finales felices a los que nos tiene acostumbrados Hollywood.
Perfil
Ayn Rand nació en San Petersburgo en 1905 y murió en Nueva York en 1982. El éxito editorial le llegó con El manantial (1943) y La rebelión de Atlas (1957), su obra cumbre. En ellas, Rand desarrolló su filosofía, conocida como objetivismo, en la que plasma su original visión del hombre como «un ser heroico, con su propia felicidad como el propósito moral de su vida, con el logro productivo como su actividad más noble». Más tarde, establecería los fundamentos teóricos de dicha filosofía en ensayos como La virtud del egoísmo (1964) o Capitalismo: el ideal desconocido (1966).
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Solo puedo agregar, para los abogados y amantes del cine, que El manantial (1949) con Gary Cooper, desarrolla un juicio por jurados contra Howard Roark. Está disponible en la red, pero si no quieren verla en su totalidad, es muy conocido su alegato de cierre, sobre creadores y parásitos.