Carta a los jueces ante quienes litigo

Se termina la feria y, como si fuese un niño que escribe a los reyes magos (tarde, lo sé, pero bueno, es lo que se puede), comparto esta carta, a ver si este año el litigio se me facilita. Y aclaro que el “jueces” incluye a las juezas.

Estimados jueces, como sabrán, muchas veces litigo antes ustedes. A veces gano mis casos y a veces pierdo. Sin embargo, no quiero hacer foco en mis resultados. La cuestión no es el producto final, sino el proceso. Y, como si fuesen los reyes magos, quiero pedirles diez cosas a ver si este año facilitan mi trabajo ante ustedes. Ojo, si bien escribo esto desde el más puro egoísmo, no quiero dejar de aclararles que, aunque no lo crean, ustedes también serán beneficiados si me llevan el apunte con algunas de estas cuestiones. Y, si bien puede parecerles naif, creo que muchas están basadas en normas.

1. Apliquen la ley

Empiezo por lo elemental: con todo respeto, su trabajo es aplicar la ley (artículo 128 del CPCCT). Bueno, si quieren, el derecho. Háganlo. Pero tengan en cuenta que deben aplicar la ley tal como está, no como le gustaría que estuviese. Parece una nimiedad, pero no lo es. Su tarea es aplicar las normas que hicieron los legisladores electos por el pueblo, más allá de que no les gusten. Seguro encontrarán normas que personalmente no les gusten (yo tengo una lista enorme), pero su trabajo es aplicarlas tal como están, no cambiarlas ni evitarlas. Y aunque no lo crean, el hecho de que no les gusten las normas no las transforman en inconstitucionales ni contrarias a la Convención Americana de Derechos Humanos. Quizás el trabajo de aplicar las normas les parezca aburrido en ocasiones. No se dejen marear ni distraer: ese es justamente su trabajo. Si quieren reformarlas o dar rienda suelta a su creatividad regulatoria, cambien los tribunales por el recinto legislativo.

2. Lleguen a horario

Es quizás un pedido extraño, pues la puntualidad es una costumbre que evidencia el respeto por el tiempo ajeno, aunque en tribunales no siempre es bien practicada. Ya sé que a ustedes les parece una cosa pequeña, pero para las personas que acuden con sus problemas ante los tribunales, el impacto que tiene que ustedes lleguen a horario es tremendo. El simple ciudadano, con su ejemplo, entiende que hasta la majestuosa justicia cumple la palabra pactada y que el asunto que trae a tribunales (su asunto) tiene tal importancia que el horario se cumple. No es poco.

3. No se suban al pony

¿Cómo? Sí, así como leen. Podría haber puesto “sean humildes” o “no se la crean”, pero no. Me parece que no tendría el mismo impacto. Recuerden que son funcionarios públicos. Recuerden que son servidores públicos. Recuerden que son empleados públicos (sí, al fin y al cabo, más allá de algunas peculiaridades, lo son). Recuerden que los ciudadanos con sus impuestos les pagan sus sueldos. Recuerden que están al servicio de esos ciudadanos. Recuerden que son humanos, que son falibles y que no solo pueden equivocarse, sino que lo harán.

4. Tengan o mantengan el sentido del humor

No hay duda que su tarea es importante para la sociedad. Pero nadie ha dicho que no pueda hacerse teniendo (o manteniendo) el sentido del humor. Se juro que los ayudará para lidiar con los errores, con las tragedias, con los conflictos, con las dificultades y con todo lo que se les cruza en su día a día. Si se toman demasiado en serio todo, terminarán por sufrir su tarea. El sentido del humor, en dosis sabiamente administradas, permitirá que la hagan con alegría y dedicación excepcionales.

5. No se crean infalibles

Va de la mano de los pedidos anteriores: si son católicos, el único infalible es el Papa y encima, en determinadas cuestiones. ¿El resto? Meros mortales que nos equivocamos. No lo olviden: son meros mortales que pueden equivocarse. Por eso, cada vez que alguien les señale un posible error, antes de rechazarlo, abracen la oportunidad para examinar su conducta. Es la chance que tienen de aprender, de mejorar y de brindar un mejor servicio a los ciudadanos.

6. Abracen las críticas

¿Cómo que abrazar las críticas? El ego de todos detesta las críticas, lo sé. Y es difícil abrazar las críticas, sobre todo aquellas que son duras y demoledoras. Pues bien, háganlo, pues sino van a terminar muriendo por inanición, como lo decía un viejo colega suyo, Enrique Petracchi. Piensen que cada vez que alguien se dedica a criticar, los ha sacado de la indiferencia y si ha sido duro y demoledor, ha hecho su trabajo con esmero y profesionalismo. No se tomen las críticas como algo personal. Al fin y al cabo, de la crítica tratan los recursos que hacen los abogados todos los días contra sus resoluciones. Respeten su trabajo, valórenlo, léanlo con una mente abierta. ¿Quién sabe? Tal vez la crítica sea el combustible para que ustedes mejoren.

7. Sean firmes con las chicanas

Mucho se ha escrito sobre buena fe y lealtad procesal. Mucho más sobre las famosas celeridad y concentración procesales. Sin embargo, todavía puedo ver en el foro muchísimas malas prácticas que atentan contra todo eso. Se conocen como “chicanas” que, enmascaradas en el sagrado derecho a la defensa, buscan exprimir cada intersticio procesal para hacer del proceso una tortura china. Ante eso, todavía veo como ustedes no son más que meros espectadores del show, cuando deberían tomar el toro por las astas y poner orden. Sean firmes con esas chicanas, no dejen que los procesos se desmadren por las inconductas procesales de algunos. Y lo digo sabiendo que con la misma vara que estoy pidiendo que midan seré medido.

8. Dejen hacer su trabajo a los colegas

Irónicamente esto que les pido puede parecer contradictorio con lo anterior, pero no lo es. ¿Qué es lo que concretamente les pido? Pues que dejen de inmiscuirse en lo que no les corresponde. Sé que la tentación es grande, pero inténtenlo: dejen que los abogados hagan su trabajo. No los subestimen. No los infravaloren. No intenten ser justicieros, apenas intenten ser imparciales. Resistan la tentación a hacer preguntas cuando no les corresponde. Resistan la tentación de producir prueba de oficio. Resistan todo lo que puedan. Caso contrario, no dejarán de ser los niñeros de las partes, juzgando que sus abogados no están haciendo un buen trabajo. Y ese no es su trabajo.

9. No hablen (ni escriban) en difícil

Sí, sé que es un montón lo que les estoy pidiendo. Tienen a cuestas toda una formación de años en los cuales se ha creado la errónea idea de que cuanto más enrevesado y barroco escribamos, más genios somos. Bueno, les tengo una noticia: no es así, hemos vivido equivocados. Cuanto más claros y directos sean, mejores jueces serán. Y les cuento un secreto: por más que hablen o escriban en difícil, su ignorancia (sí, ignorancia, porque todos somos ignorantes en algo) saldrá a la luz y los dejará en evidencia. Pongan todo su esfuerzo en evitarlo.

10. Cumplan los plazos y más allá

Sabemos que los plazos judiciales son asimétricos: para las partes y abogados los vencimientos son inexorables, mientras que para ustedes son meras sugerencias. Sí, no seamos hipócritas, la realidad lo demuestra. Ante eso, no solo quiero pedirles que cumplan con los plazos procesales, sino que vayan más allá, como Buzz Lightyear. ¿Cómo? Pues que no tengan el mediocre objetivo de “estar al día” sacando resoluciones siempre el último día que tengan para hacerlas. No, eleven sus estándares para lograr cumplir los plazos mucho antes. ¿Un sueño? No sé, pero si lo hacen, todo el foro les dará las gracias.

***

Como verán, por más que siga buscando estos jueces, estimo que en el mientras tanto, puedo tener la leve esperanza de que pidiéndoles esto a los que están, podré litigar mejor. Quizás sea ingenuo, pero no pierdo nada.

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