Parece contraintuitivo recomendar hacer un doctorado en un área que no es la propia, sino una categoría más amplia, pero intentaré explicar los pros de la decisión.

Experiencia propia
Obviamente escribo esto desde mi experiencia. Cuando terminé con la defensa de mi tesis de maestría en diciembre de 2012, justo en 2013 se abría la inscripción para el Doctorado en Humanidades de la Facultad de Filosofía y Letras, así que aproveché la oportunidad para hacerlo.
Por aquel entonces no existía el doctorado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, o al menos el que existía no estaba acreditado por la CONEAU. El de humanidades sí tenía la chapa de estar acreditado ante ese organismo. Si bien por aquel entonces tenía claro que no quería ser investigador y aunque tenía una mínima vocación docente, como tenía amigos y conocidos que lo habían hecho, me pareció una buena oportunidad: estaba soltero, tenía 25 años, así que lo empecé.
Estaba organizado con una serie de cursos obligatorios (150 horas), pero a la vez te daba la posibilidad de acreditar horas de otros posgrados para llenar a cubrir todas las horas requeridas (500 horas). Esto lo podías hacer incluso con cursos optativos que ellos mismos organizaban. Por supuesto al final tenías que hacer la tesis y defenderla.
Lo más interesante de este doctorado y lo que me atrajo es que no estaba haciendo o aprendiendo algo de derecho, no estaba especializándome en un área específica, como lo podría haber hecho con cualquier maestría o especialización jurídica.
Empecé en 2013 con los cursos obligatorios. Luego el tema era hacer la tesis. Me llevó más tiempo que el que tenía pensado. En el medio pasaron cosas, terminé como Defensor Oficial en el 2017 y creo que eso fue el puntapié para intentar cerrar esta etapa lo antes posible.
Tal vez por eso el 2018 lo dediqué a la escritura de la tesis. La terminé defendiendo el 4 de octubre de 2019, un día después del nacimiento de mi hija más chica.
Razones para hacer un Doctorado en Humanidades
Luego del espacio autorreferencial, intentaré compartir las razones por las cuales recomiendo esta experiencia. Quién sabe, capaz que convenzo a alguno.
1. Te sirve para investigar y enseñar
Si alguno tiene intenciones de hacer carrera docente o científica, de investigación, el doctorado es una muy buena plataforma para ampliar tus horizontes. Está acreditado, es en una universidad pública, ya lleva años con muchísimos egresados. En fin, te da las credenciales académicas necesarias para tu carrera.
2. Salir de la caja
¿De qué me va a servir si soy un abogado y no quiero ser docente ni investigador? Pues creo que te va a servir para salir de la caja, sacarte los prejuicios, romper los estereotipos y aprender de la visión de otros profesionales. Porque lo que te enriquece de este doctorado es cursar con una torre de Babel de especialistas: contadores, historiadores, administradores de empresas, ingenieros, profesores de educación física, filósofos, psicólogos, en fin, todo un mundo extraño por así decirlo.
3. Los profesores
Los profesores para mí han sido buenísimos, inclusive aquellos que en su momento me parecieron malos y no los entendía. Luego, al leer todo el material, toda la bibliografía, me dije “claro, ahora los entiendo”. No los entendía porque no había leído lo que debería haber leído en su momento. Y cuando me refiero a los profesores, incluye tanto a los de los cursos obligatorios como a los de los optativos. Muchos de los grandes consejos para hacer la tesis los aprendí de los profesores. Hasta el día de hoy los recuerdo.
4. Bibliografía incómoda
Esto puede parecer contradictorio, pero la bibliografía con la que trabajás es incómoda, te desafía y te saca de la zona de confort. Estamos acostumbrados como abogados a leer doctrina, jurisprudencia y demás, esa es nuestra zona de confort. Ahora, encarar temas ajenos a nuestra disciplina tratados en artículos científicos o capítulos de libros, sin duda es otra cosa.
No me arrepiento. Aprendí sobre una variedad de temas que estaban muy lejos de mi usual área de conocimiento. Me enteré de la existencia de Félix Weil (luego me terminé comprando su libro, El enigma argentino), aprendí sobre Jürgen Habermas y hasta sobre las formas de estudiar a David Hume, filósofo empirista inglés. Todo me enriqueció.
5. Hacer una tesis de doctorado
Este es el gran punto: desarrollar una tesis de doctorado. Esto te sirve incluso si luego no te dedicás al campo académico. Te sirve no solo porque aprendés sobre métodos de trabajo, conducta, cómo desarrollar argumentos, cómo encadenarlos, cómo presentar tu idea, la importancia de cumplir plazos, manejar restricciones y manejar las famosas citas bibliográficas. Tal vez todo eso parece una tontera en tiempos donde cualquier inteligencia artificial podría hacer eso por nosotros mucho mejor. Sin embargo, tiendo a pensar que no podemos perder la capacidad de hacer todo eso. Al fin y al cabo, nos permite desarrollar destrezas que van desde el pensamiento crítico hasta la capacidad analítica.
Pero, además, al hacer la tesis nos damos cuenta que tenemos una gran oportunidad para analizar y romper todo un tema. Eso nos permite darnos cuenta de que cada vez que argumentamos o desarrollamos o defendemos una postura, no es así nomás. O sea, que el método científico realmente sirve, no es algo solamente para “ratones de biblioteca”.
6. Destrezas y habilidades
En la práctica, uno sabe que los litigantes tenemos otras necesidades, otras urgencias que no son las de la vida académica. Sin embargo, el doctorado es una magnífica oportunidad para desarrollar y profundizar habilidades que usamos en la profesión, aunque no se crea. Sobre todo, para profundizar en métodos, en conducta, en la capacidad de planificación, en la capacidad de ser flexibles, porque a veces no se llegan con los plazos, porque a veces un día no podemos trabajar.
Es más, hasta la defensa de la tesis es una linda oportunidad para desarrollar habilidades de comunicación, orales, que cada vez se necesitan más en la profesión, sobre todo en el litigio.
7. Utilitarismo y pragmatismo
Si queremos ser utilitaristas y pragmáticos, puede ver al doctorado como un papelito más por el que le dan puntos en los concursos para jueces, fiscales o defensores. Me resisto a verlo solo como eso, pero cada uno es libre de apreciarlo como guste.
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En definitiva, no tenga miedo y haga un doctorado como este. Salga de lo cómodo, de lo fácil y abrace lo interdisciplinar, aunque le pase como a mí, que cuando estaba en un curso de género me preguntaba de qué me iba a servir. Aunque no lo crea, al final los puntos se conectan y todo sirve, como dijo Steve Jobs.