Un amigo me regaló este libro, “Manual de litigación penal” de Gonzalo Rúa. Sí, sin duda quiere arrastrarme al lado oscuro de la ley, el Derecho Penal. Todavía no lo logró, pero sí hizo que lo leyera. ¿Lo vemos?

En primer lugar, todos los libros sobre litigación, en cualquier fuero o materia, son bienvenidos. Tenemos (a mi modo de ver) demasiada producción sobre cuestiones baladíes para el ejercicio profesional.
En segundo lugar, Gonzalo Rúa en este libro lo que hace es juntar/compilar todo lo que ya venía escribiendo sobre la litigación penal. Por consejo de Binder, esta obra que quería hacer de un solo saque, la terminó fragmentando. Y salió bien.
¿Qué se puede encontrar en el libro? Planificación de un caso penal, Exposiciones iniciales, Examen directo, Prueba tangible, Contraexamen, Prueba pericial, Objeciones y Alegatos de clausura. Sí, un lindo paseo.
Es un libro pensado para la enseñanza y así lo declara el autor. Como dice Binder, en este libro Rúa “completa un curso entero de litigación, que satisface las necesidades actuales de la enseñanza universitaria y profesional”.
¿Es aburrido? De ninguna manera. Lo leí a fines del año pasado y principios de este. Se disfruta, está bien escrito, bien estructurado, tiene un montón de ejemplos y te engancha (imagináte, me enganchó a mí que no hago penal).
Las ideas centrales a lo largo del libro quedan grabadas a fuego, por lo claras y por lo insistentes. Así, siempre el litigante siempre estará trabajando alrededor de su teoría del caso, por ejemplo (¿O no Deborah Huczek?).

También el litigante siempre estará tomando decisiones estratégicas: ¿Me conviene objetar? ¿O me conviene callar? ¿Conviene ir con esta teoría del caso que tiene esta debilidad? ¿O conviene esta otra, que también tiene debilidades, pero es más difícil que las exploten?
Un libro de litigación que busque ser práctico tiene que tener casos prácticos y este no es la excepción. Rúa usa 5 casos para armar un mini compendio que usará a lo largo de todo el libro para explicar los temas.
¿Algo más? Sí, por supuesto, porque un buen libro no puede no aludir a material audiovisual en el más amplio sentido. Rúa lo hace desde Criminal Justice (1990) o My Cousin Vinny (1992).
Ojo, el ejemplo que a mí me quedó grabado es El tipo que bailando se convierte en idiota de Peter Capusotto, para explicar eso de que los litigantes “tenemos que obtener una imagen como si fuésemos un director de cine”. En fin, saquen sus propias conclusiones.
Sí, esto fue un hilo el 02/11/25.