¿Cómo hacer una tesis de doctorado mientras se trabaja y no morir en el intento?

Empiezo noviembre rompiendo la regla no escrita sobre las novedades sabatinas. Lo que comparto es, más o menos, la charla que tuve con alumnos de la UCA allá por el 2018, gracias a la invitación de Santiago Legarre (solo adecué un poco el texto a la actualidad). Justo había terminado de escribir mi tesis de doctorado, así que intenté compartir mi experiencia con ellos… ¡un viernes a la siesta!

Un poco de historia

Primero, un poco de historia de cómo llegué a hacer mi tesis de doctorado, pues siempre un poco de contexto ayuda a entender las decisiones que tomamos.

Me recibí de abogado en diciembre de 2009. Trabajé libremente hasta mediados de 2011. Desde allí ingresé al Poder Judicial de Tucumán, en un juzgado. A fin de ese año terminé de cursar la Maestría en Dirección y Administración de Empresas o MBA. En diciembre de 2012 defendí mi tesis de maestría. Para esa época ya había pasado a trabajar en una Defensoría Oficial en lo Civil y del Trabajo.

En el 2013 me inscribí en el Doctorado en Humanidades. También me casé en abril de ese mismo año, a lo largo del cual hice los 5 cursos obligatorios del doctorado (150 horas). Recuerdo que cuando mi esposa me preguntó por qué lo hacía en ese momento, le respondí que, si no lo hacía en esa época, no lo iba a hacer nunca.

En el 2014 nació mi primer hijo, Juan Bautista. Ese año hice 4 cursos más para el doctorado (140 horas) y una diplomatura no acreditable (evidentemente tenía ganas de hacer cosas).

En el 2015 hice un taller con Santiago Legarre, ¿Cuál es mi tesis?, en la misma UCA (no acreditable, pero útil). También salió la resolución de inscripción al doctorado, con lo que sumé presión para terminarlo porque reglamentariamente tenés un plazo para hacerlo luego de eso.

En el 2016 hice el último curso que usaría para acreditar las horas necesarias para el doctorado (36 horas). De mi maestría usé por convalidación 6 cursos (180 horas). Fui padre por segunda vez a fin de año, de María Justina.

En el 2017 asumí como Defensor Oficial una defensoría nueva, itinerante. Tuve que armar de cero la oficina. A partir de ahí empecé a viajar a tres lugares: Tafí del Valle, La Cocha y Monteagudo, localidades que están en el interior de Tucumán. Además, los días en los que iba a esos lugares, debía ir hasta la oficina, que queda en Concepción. En fin, sumé horas de viaje e hice un montón de kilómetros en auto.

Tesis, pero en serio

Ahora, voy a hacer un repaso, quizás demasiado detallista y aburrido del proceso de hacer la tesis, pero creo que puede llegar a servir a aquellos que están en la tarea de la suya.

El 2 de enero de 2018 a las 5:30 horas estaba sentado en mi computadora por empezar mi tesis. Todo ese mes sacrifiqué mis mañanas (sábados incluidos) hasta las 14:00 horas. Hice la parte más gruesa de la tesis que es la lectura del material, su selección, su resumen, etc.

Desde el 1º de febrero volví a mi trabajo. A partir de ahí sacrifiqué mis siestas para empezar ya la tarea de la redacción propiamente dicha. Ojo, aclaro que por aquel entonces no dormía siestas, pero destinaba ese tiempo a otras cosas, así que igual fue un sacrificio. Igual, gran parte del trabajo lo hacía las mañanas de los sábados, donde tenía más tiempo.

El mes de marzo continué de la misma manera hasta que el 13 de marzo me operaron de urgencia de apendicitis (casi peritonitis). El médico me dio dos semanas de reposo a pesar de mi resistencia. A los dos días estaba dedicado a mi tesis de vuelta. El 30 de marzo, día de mi cumpleaños, terminé las conclusiones. Al día siguiente arranqué la lectura y las correcciones. Esa desgracia (la operación) me permitió terminar antes del plazo autoimpuesto que era el 19 de mayo: ese día venía a Tucumán Santiago Legarre, que integraba la Comisión de Supervisión de mi doctorado. La idea era aprovechar su presencia para firmar papeles de la burocracia.

El 3 de abril volví a mi trabajo. Diez días después terminé las correcciones y agregados de la tesis. La imprimí y el 16 de abril se la envié a mi director, Oscar Flores.

El 12 de mayo me dio unas cuantas devoluciones, pero solo había leído la mitad. Los meses de mayo y junio los aproveché para la burocracia (siempre debe aprovecharse el tiempo para luchar contra la burocracia).

Entre el 10 y el 13 de junio leí la tesis en papel. El 16 la corregí. Dos días después se la envié a otro miembro de la Comisión de Supervisión, Mario Leal.

Los primeros días de julio presenté finalmente los papeles completos para la burocracia. El 15 de julio le envié a mi director la versión corregida. Al finalizar ese mes mi director me dijo que la tesis estaba muy aceptable (todo un logro para mí).

El 11 de agosto mi director me mandó sus sugerencias y correcciones. Las incorporé ese mismo día. Al día siguiente se la envié de vuelta a Santiago Legarre.

El 17 de agosto una amiga con una Maestría en Lengua Española me hizo correcciones. Siete días después incorporé las últimas correcciones. El 28 de agosto imprimí la tesis y el 3 de septiembre la firmé con mi director.

Decisiones cruciales

A lo largo del proceso tomé decisiones cruciales que me gustaría repasarlas y explicarlas. Estimo que pueden ser útiles.

1. Ser espartano o prusiano

Si realmente quiere hacer su tesis, debe ser espartano. O prusiano, como para motivarse a uno mismo. Recuerdo que cuando estudiaba la carrera de derecho, el padre de un compañero de estudio me contó una anécdota que me quedó grabada. Él estudiaba ingeniería y no pudo promocionar una materia, que claramente sí estaba en condiciones de promocionar. Por ese motivo, se autocastigó y decidió que iba a preparar el final todos los viernes a la noche del año, en una época en la que salía siempre. Finalmente la aprobó.

2. Apagar el celular o dejarlo en modo avión

Esto es muy sencillo, pero inmensamente útil. La posibilidad de trabajar sin que molesten llamadas o mensajes o que se tenga la opción de tentarse con ver aplicaciones en el teléfono es maravillosa. Productividad a full. Lo apliqué cada vez que me sentaba a trabajar en la tesis. Por supuesto, le avisé a todo mi entorno familiar y de amigos que lo iba a hacer, que no se preocupen si no daba señales de vida.

3. Tener todo el material disponible

Significa que no tenemos que cortar lo que estamos haciendo para ir a buscarlo. Ese trabajo supongo que ya se hizo antes, pero igual depende del tipo de investigación que uno está haciendo. Si cortamos, perdemos tiempo y nos dispersamos.

4. Evitar las distracciones como sea

El “como sea” puede sonar fuerte, pero es la realidad. Lo que yo hacía era encerrarme en el estudio y decirle a mi familia que no me molestase por nada del mundo hasta las 14 horas, salvo urgencias reales. Lo supieron comprender.

5. Armar un plan y cumplirlo a rajatabla

Esto significa literalmente ponerlo en papel o en Google Calendar o en cualquier soporte físico o digital que nos sirva. Eso es fácil. Lo difícil es cumplirlo, pero al menos tenemos un horizonte que nos motive a hacer lo que tenemos que hacer para cumplirlo.

6. Debe ser razonable

Roma no se construyó en un día. El plan debe ser razonable a nuestros tiempos y a los medios que tenemos para cumplirlos. Ponernos objetivos inalcanzables no nos va a ayudar a alcanzarlos mágicamente.

7. No sea inflexible

Insólitamente, aunque parezca contradictorio con la decisión Nº 5, es complementaria. Podemos tener un plan razonable y estar cumpliéndolo a rajatabla. Sin embargo, como dice John Lennon, la vida es lo que te pasa mientras haces planes. Ahí entra la flexibilidad, el acomodar actividades y reajustar plazos.

8. Santificar los domingos

Sí o sí el domingo no se tiene que hacer absolutamente nada relacionado con la tesis. Se debe despejar la mente. Se debe vivir la vida. No todo es la tesis. A veces los tesistas lo olvidan.

9. Dormir temprano y descansar

Esto es fundamental pero siempre es descuidado. Más en estos tiempos modernos de hiperactividad. Si bien yo me levantaba a las 5:30 de la mañana, religiosamente me dormía a más tardar a las 22 horas. Es decir que casi dormía las recomendadas 8 horas de sueño. Si uno no está descansado, no puede hacer bien el trabajo. Cabe destacar que esto lo hice casi sin estar consciente de lo fundamental que es dormir, pues por aquel entonces no había leído ¿Por qué dormimos? de Matthew Walker (libro que obviamente recomiendo).

10. Los feriados deben ser aprovechados si es posible

No son una extensión de los domingos. Así deben encararse. Son un día laboral más de tesis. No pueden ser una oportunidad para flaquear.

Consejos prácticos recibidos

A lo largo del cursado de mi maestría y luego de mi doctorado, recibí varios consejos prácticos de profesores. Elijo tres de ellos para compartirlos, pues me sirvieron un montón.

1. “Sean prácticos, como yo, que hice dos maestrías sobre lo mismo”. Carlos de Carlos Stolze

Algo así me contó este profesor chileno de mi maestría. Él hizo dos maestrías al mismo tiempo en España. Una era sobre derecho económico y la otra sobre administración. ¿Cómo hizo con la tesis? Pues eligió un tema que era enfocable desde ambos puntos de vista. Por ende, lo que hacía para una carrera, servía para la otra. No era un genio, sino un práctico, como él mismo dijo.

2. “Relacionen todo lo que hagan con su tesis”. Susana Maidana

Esta profesora se doctoró en filosofía hace mucho, cuando no había tanta oferta de cursos como ahora. Su tesis trataba sobre el filósofo Hume. Claramente no tenía muchas opciones de cursos sobre Hume. ¿Qué hizo? Tomó todos los cursos posibles y a todos los relacionó con Hume. Cuando estudiaba a Platón lo comparaba con Hume, cuando veía a Aristóteles, lo contraponía a Hume y así sucesivamente. Eso le facilitó muchísimo su tesis según ella.

3. “La clave de la tesis son las conclusiones”. José Yuni

Este profesor, gran metodólogo, me dio varios consejos prácticos. Sin embargo, el gran aporte me lo dio con su exposición sobre la estructura de la tesis. Concretamente dijo que a la clásica introducción debe seguirle el marco analítico (no tanto marco teórico o tantos antecedentes) y la clave son las conclusiones. ¿Por qué? Porque en la tesis de doctorado el requisito a evaluar es la originalidad. ¿Y dónde se ve la originalidad? Pues en las conclusiones, es allí donde debe esforzarse al máximo el tesista.

Libros fundamentales

A lo largo de la tesis leí varios libros. ¿En qué tiempo? En el que mi hijo iba a natación: mientras lo esperaba, una hora al lado de la pileta, leía. Elijo tres libros para recomendárselos, porque me sirvieron mucho en el proceso de hacer la tesis.

1. “La Fábrica de Tiempo” de Martina Rua y Pablo Martín Fernández

Este libro tiene un montón de tips para realmente fabricar el tiempo, aprovecharlo y dejarse de quejar siempre porque no nos alcanza. Si tenemos problemas para eso con el trabajo de la tesis, es fundamental darle una leída. Es súper práctico y no es vueltero.

2. “La semana laboral de 4 horas” de Timothy Ferriss

Este libro es una belleza andante. Si bien no terminaremos nuestra tesis trabajando 4 horas por semana, tiene reflexiones sobre las actividades que hacemos y la forma en las que las realizamos que lleva a que perdamos mucho tiempo. Bien leído, me sirvió mucho para simplificar cosas y optimizar el tiempo.

3. “Cómo se hace una tesis” de Umberto Eco

Finalmente, “el libro”. Umberto Eco es más conocido como el novelista de El nombre de la rosa que terminó en una película con Sean Connery. Sin embargo, además, el tipo te enseña a hacer una tesis en este librito híper práctico. Tiene cosas de otra época, por supuesto, porque se quedó desactualizado, pero es un indispensable para hacer la tesis. Yo lo descubrí con mi tesis de maestría y lo redescubrí con mi tesis de doctorado.

Cierre

En fin, espero que estos apuntes puedan serles útiles a los tesistas que están en la tarea que a veces puede parecerles difícil, tediosa o imposible. Mi historia terminó bien. La burocracia me permitió defender mi tesis con éxito el 4 de octubre de 2019. ¿Anécdotas? Siempre existen. Una la conté por aquí: con mi esposa recibimos a la benjamina de la familia, María Paz, el día anterior, pues la pequeña quiso nacer antes de tiempo. Así, empecé mi doctorado soltero y lo terminé casado y con tres hijos.

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