Un Master in Business Administration o un Magister en Dirección y Administración de Empresas, da igual, depende de cuánto marketing quiera uno hacer, es una muy buena opción de posgrado para los abogados.

Experiencia propia
Por supuesto, lo digo desde mi propia experiencia porque después de recibirme en el 2009 tuve la oportunidad de hacer un MBA. Obvio, no fue iniciativa mía, sino de mi papá que, muy generoso, se ofreció a financiarme el posgrado que yo eligiese. Por supuesto, él tenía su propia visión del asunto: me sugirió, porque era muy propio de su personalidad, que yo hiciera un MBA. Creo que usó el ejemplo de que todos los integrantes del gabinete de Sebastián Piñera tenían MBA (la verdad que no sé qué pensaba, pues yo no pensaba integrar ningún gabinete de nada ni de nadie: empezaba a ser abogado, a ejercer, a sentirme litigante). La “sugerencia” paterna era realizar el MBA de la Fundación del Tucumán que en la práctica era un convenio entre esta, la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA) y la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV). Esta última aportaba profesores chilenos que venían a dar clases a Tucumán.
La verdad que yo, en ese entonces estaba muy lejos de todo lo que se llama el mundo empresarial. Recién recibido, estaba dando mis primeros pasos y encima, en la vereda del frente, como abogado de un gremio, la Unión Tranviarios Automotor (UTA). Luego también trabajé con el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA).
Encima no me veía siendo un abogado corporativo, de empresa ni interno, ni externo. Llámenlo consciencia de clase, o culpa o por mi formación católica o mi pasado misionero, tendía a identificarme con los más vulnerables: las víctimas de accidentes de tránsito, los consumidores, los trabajadores. Y eso, aunque también asesoraba a una empresa textil.
A pesar de todo ese contexto, mi papá me recomendó que fuese y que averiguase sobre el posgrado. Le hice caso: averigüé, hablé con egresados, hablé también con un abogado que justo lo estaba cursando (me planteó muy bien sus luces y sombras), hablé con el director en ese momento, Eduardo Ricobelli (excelente). Incluso averigüé el costo. Volví con mi papá y le dije: “mirá, la verdad que todos me hablaron muy bien de esto, pero cuesta un montón de plata que no podés gastar, aunque si sacás el mejor puntaje en el proceso de selección obtenés una media beca…”. Mi papá me cortó en seco y me dijo, con una convicción tremenda: “no hay problema, vos vas a ganar la media beca”. Lo miré y le dije: “escucháme, no me pongás esa presión, en el examen hay que rendir álgebra y yo matemática no veo desde el último año del secundario en 2005”. Mi papá insistió: “no, acordáte, vos vas, rendís y sacás la media beca”.
Con esa presión paterna y además con la presión de ser el más changuito (porque yo me había recibido en el 2009 e hice todo el proceso de selección para 2010), fui a rendir luego de pedirle prestado un libro a un amigo economista, Joaquín Álvarez, que se usa para el ingreso a Ciencias Económicas (creo que no tuve ni tiempo de abrirlo). Para el examen de comprensión de texto obvio no estudié nada.
Pero en esos exámenes no se terminaba la cosa. El proceso de selección era muy interesante. Todavía recuerdo el assessment center: los que no saben que es, básicamente te juntan con otros candidatos, te tiran un problema y ven su interacción. Todo fue guiado por un psicólogo que había hecho el MBA. Cuando él se presentó, dijo: “chicos, ustedes decidieron ir por otro camino profesional, decidieron no hiperespecializarse o sumergirse en lo suyo, sino ampliar sus horizontes y salir de su campo. Yo, por ejemplo, ya no digo que soy psicólogo. Yo digo que estudié psicología, pero ahora trabajo otra cosa”. Eso me impactó porque me dije: “pará un poco, no hice esa elección, quiero ser abogado, quiero ir a juicios, litigar, demandar, alegar, ir a audiencias. Eso quiero, pelear por los derechos”. O sea, como que me pregunté qué demonios estaba haciendo ahí. Es más, me le acerqué y le pregunté si efectivamente ya no ejercía de psicólogo. Me dijo que no y quedé más perdido con su respuesta.
¿Cómo siguió la cosa? Mi papá, quizá por sus dotes de brujo (según las leyendas familiares), dio en el clavo: me llamó Eduardo Ricobelli para avisarme que el mejor examen había sido el mío y que la fundación me ofrecía la media beca. “Me imagino que lo vas a querer hacer ahora sí al máster” me dijo, porque sabía de mi situación. Aunque por aquel entonces mis ingresos me permitían pagarme el MBA, mi papá insistió en cubrir esa mitad residual.
Y así terminé haciendo el MBA entre 2010 y 2011. En 2012 defendí mi tesis.
Razones por las que recomendaría hacer un MBA a los abogados
Disculpen la extensa introducción para, ahora sí, explicar por qué, según mi experiencia, es recomendable que los abogados hagan un MBA. Ello, independientemente de que luego terminen como yo, siendo un empleado público.
1. Salir de lo jurídico
En primer lugar, porque nos saca, nos obliga a salir de lo jurídico. La mayoría de los abogados tenemos una formación excesivamente jurídica: doctrina, jurisprudencia y leyes. Siempre digo que a veces es muy poco práctica, muy teórica. Ello, por supuesto más allá de que hayan avanzado los temas prácticos como la enseñanza de la litigación. Sin embargo, toda esa formación hace que muchas veces andemos por el mundo como con anteojeras que solo nos permiten ver todo desde nuestro punto de vista. Salir de lo jurídica ayuda muchísimo a nuestra formación.
2. Cubrir baches de formación
En segundo lugar, porque contribuye a llenar los baches de la formación que se nos da en la facultad. Salimos de la facultad con jurisprudencia, leyes y doctrina. Sin embargo, al momento de ejercer, descubrimos que tenemos que aprender a hablar con los clientes, aprender a negociar, a organizar el despacho, a gestionar el tiempo, a manejar las finanzas, a liderar. Una serie de destrezas que no nos enseñaron. En definitiva, son todas áreas en las cuales los baches que tenemos pueden hacerse más chicos con un MBA.
3. Enriquecimiento interdisciplinar
En tercer lugar, nos enriquece la interacción con otras disciplinas. Los abogados y todos los profesionales nos formamos entre profesionales. Entre colegas. Y así crecemos en burbujas. El MBA es una posibilidad, una puerta que se abre a descubrir que en otras burbujas de dive de otra manera, se ve desde otro ángulo el mundo. Yo tuve de compañeros a contadores, administradores de empresas, ingenieros, médicos y farmacéuticos. Mi grupo, con el que hice la mayoría de los trabajos de las distintas materias eran de otras profesiones: un ingeniero, una contadora y un farmacéutico. Esa interacción contribuyó muchísimo a mi formación.
4. El desafío de salir de la zona de confort
En cuarto lugar, el desafío y el salir de la zona de confort. No quiero hablar mal de los posgrados jurídicos, pero en su mayoría no nos exigen como nos podrían llegar a exigir. No quiero ser injusto, pero es la realidad. Los abogados aprendiendo derecho, estamos todavía en nuestra zona de confort. Ahora, si ponés a un abogado a aprender de gestión de recursos humanos o de liderazgo, ahí te quiero ver. Y más con otros tipos de profesionales. Ojo, no es solamente aprender de otras cosas, de otros temas (que, dicho sea de paso, neurológicamente y médicamente es recomendado). No se queda solo en eso. Mucho influye el método de enseñanza que es bien práctico, a través de casos. Sí, ese método del caso que todavía en las facultades de derecho es escaso. Los temas y el método de enseñanza nos sacan de nuestra zona de confort y nos empujan hacia arriba.
5. Lo aprendido no necesariamente es solo para lo empresarial
En quinto lugar, todo lo que se aprende en un MBA, no necesariamente sirve solamente para el ámbito empresarial. ¿Por qué? Y porque cualquier ámbito en el que terminés, como yo en la defensa pública, se verá beneficiado por tu paso por el máster. Ya lo decía Carlos Courtade en su libro Manual de gestión para el servicio de justicia: a los abogados no se nos enseña cómo liderar, cómo llevar adelante una oficina, cómo organizar, etc. No tengo dudar que lo que aprendí en el máster me hace hacer un mejor trabajo como defensor en el día a día.
Bonus: La experiencia de hacer una tesis
Este sería un punto bonus. El MBA te permite que atravieses la experiencia de hacer una tesis. Sí, muchos le tienen miedo, pero es una oportunidad para que uno desarrolle conducta, método, planificación, flexibilidad, etc. Obvio, también de aprender a escribir mejor. Sí, por supuesto, a cumplir plazos, a dar coherencia a las ideas, a mejorar las habilidades de búsqueda de información, investigación y manejar ese áspero mundo que son las citas en la academia. Sí, parece más para le mundo académico que para la profesión, pero no es tan así. Los abogados litigantes trabajamos con plazos, trabajamos escribiendo, argumentando, buscamos la coherencia cuando desarrollamos nuestras ideas en defensa de una postura. En definitiva, este sería el bonus que nos da hacer un MBA. Personalmente, hacer la tesis de maestría me sirvió muchísimo para hacer luego la del doctorado. Es más, ahora que lo pienso, si no hubiera hecho la primera me habría costado horrores hacer la segunda.
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Bueno, conclusión, por todas esas razones, yo recomiendo a los abogados que si tienen la opción, hagan un MBA antes de super especializarse en Derecho Administrativo, en Derecho Procesal, en Derecho Civil o en cualquier otra rama. Obvio, todo suma, si lo quieren hacer, háganlo. Yo estoy convencido en que este máster sirve a los abogados para ser mejores abogados, para ser mejores profesionales. Tal vez es lo que hace que hoy un colega me diga, como elogio, que “bueno, lo que pasa es que vos sos muy holístico”.