Sexta entrada que dedico a un caso de mi paso por el Equipo Operativo de Ejecución (2019-2021). Otro caso de sanciones disciplinarias que tuvo su origen en las tan usuales requisas carcelarias.

¿El caso? Los muchachos del Servicio Penitenciario, que tienen dotes sobrenaturales parece, observan al Sr. L. “actuar de forma inusual”. ¿Qué hicieron? Lo que hacen todos los buenos muchachos del Servicio Penitenciario: una requisa de la celda del Sr. L. en donde encontraron, en su tarima, un “hierro plano de 40 centímetros”. Sí, lo que se conoce como “punta carcelaria”. Obvio, salió sanción y baja en la conducta del Sr. L., para su pesar.
¿La defensa? Varios argumentos, aunque no me lo crea. En primer lugar, me hiciste una requisa sin orden del director. En segundo lugar, realmente no encontraron nada cuando buscaron entre las pertenencias del Sr. L. y él presenció la requisa. En tercer lugar, los guardias salieron de la celda con la planchuela en la mano diciendo que estaba en la tarima de L., sin que nadie observe de dónde salió. En cuarto lugar, L. ofreció el testimonio de J. A. y de C. V., los que nunca fueron recibidos por la administración.
La verdad, el caso hacía agua por todos lados. La administración ni siquiera había cumplido el propio reglamento que indicaba cómo hacer una requisa. No se había tomado ni el trabajo de notificar al Sr. L. o a su defensa de la fecha en que supuestamente declararon los testigos de que la planchuela estaba en su tarima. O sea, no había permitido el control de la prueba de cargo.
Obvio, a pesar de la encendida defensa del Ministerio Público Fiscal, la sanción cayó porque la nulidad del procedimiento era escandalosa. También se borró la baja en la conducta. El bonus fue que se recomendó al Servicio Penitenciario lo obvio: si toma declaraciones testimoniales, debe ser en presencia de la defensa.
Tiempo después volví a ver al Sr. L. y lo noté muchísimo mejor de semblante, inclusive de salud (aunque no soy médico). Me impresionó tanto, que no me anduve con vueltas y le pregunté: “Chango, estás mucho mejor, ¿qué te pasó?”. Todavía recuerdo su respuesta: “¿Sabe qué doctor? Lo que pasa es que yo ahora tengo esperanza. Eso es lo que pasa”. No pude no conmoverme. Su conducta en el penal no dejó de mejorar y, si mal no recuerdo, avanzó en la progresividad de su pena.