¿Está mal copiar? Es una pregunta válida, porque creo que, a todos en algún momento de nuestras vidas, por lo menos cuando pasamos por el colegio, se nos ha explicado que copiar está mal. No le podés copiar a tu compañero, no le podés copiar a tu colega, etc.

Es más, en algún momento el plagio debe haber sido un delito en algún punto del globo (y tal vez no como “plagio”, pero sí en forma genérica en nuestra vieja Ley 11.723, salvo que algún penalista me corrija). Es más, las acusaciones de plagio generalmente ocupan mucho espacio en todos los medios. Piénsense, por ejemplo, que hasta a la autora de Harry Potter, J.K. Rowling, exitosísima, se la acusó de plagiar toda su obra.
Un caso famoso fue el de El Aleph y El Aleph engordado, de Jorge Luis Borges. Todo terminó con un debido sobreseimiento al supuesto plagiador.
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Pero bueno, dejemos de un lado la literatura y nos pongamos a pensar en otros casos, como por ejemplo aquellas empresas que se acusan de haberse copiado mutuamente. Por ejemplo, Apple, que acusó durante muchísimo tiempo a Microsoft de copiarle un montón de ideas sobre su sistema operativo.
Hay muchas películas que ejemplifican esa lucha entre Bill Gates y Steve Jobs. Parte de la verdad, en teoría, estaría en que ambos en realidad le copiaron otra compañía, no recuerdo si a Hewlett Packard o a Xerox. Dejando de un lado el mundillo empresarial, nos vayamos a un poco el arte, y más específicamente la pintura.
Posiblemente uno de los grandes artistas del siglo XX, Pablo Picasso, dijo, o por lo menos se le atribuye la frase: «Los grandes artistas copian, los genios roban». Bueno, la sinceridad brutal de Picasso nos interpela. «¿Cómo que los grandes artistas copian y los genios roban?». Como que la idea nos hace ruido.
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Hago una digresión, en este momento muchos lectores deben preguntarse a dónde quiero llegar con esto. Si supuestamente escribo, más allá de alguna que otra incursión extraña, sobre cuestiones jurídicas, los abogados y demás. Bueno, hay muchas cuestiones jurídicas en copiar y plagiar, pero yo quiero en realidad hacer hincapié en que copiar no siempre está mal.
Copiar o imitar está bien en un montón de ámbitos, e incluso es una práctica que debería ser, ¿cómo se diría?, incentivada. Hay que copiar a los mejores, hay que imitar a los que mejor hacen las cosas, obviamente si nos da el cuero para copiarlos. Y hay que copiar las cosas bien hechas si nosotros queremos hacerlas al menos de la misma manera.
Por supuesto, esto no significa que tengamos que copiar y pegar todo, no quiero que tengamos la mala idea o la mala costumbre de los abogados, ya sea de un lado del mostrador o del otro, utilizando el copy and paste a lo loco en los escritos, en las resoluciones, en las sentencias. Eso es un espanto, no digo que haya que hacer eso. Entonces, ¿qué digo? Bueno, digo que hay determinadas prácticas que se hacen, no solo por abogados, por estudios de abogados, por organizaciones, por determinadas oficinas judiciales o por jueces o inclusive funcionarios, que hay que tomarse el tiempo de analizar para luego imitar, o literalmente, copiar.
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Hay que ir y decir “che, me sentí inspirado, vi que estabas haciendo esto, me pareció muy bueno y te lo copié y hoy nos funciona y te quiero dar las gracias”. Ahí no estamos haciendo nada más que halagar al copiado y contribuir a una mejor administración de justicia, a un desempeño más óptimo, más eficiente de nuestro propio trabajo, en cualquier ámbito en el cual nos desempeñemos como abogados, ya sea como funcionarios, como empleados, como defensores, como fiscales o como jueces.
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Recuerdo que yo trabajaba en un juzgado y vi el escrito de un colega, si mal no recuerdo, era Daniel Moeremans, que había hecho una demanda y en ella había puesto la frase de si hipotéticamente sale sorteado tal juez, lo recuso sin causa. A mí ver eso me shockeó, porque primero la recusación sin causa o sin expresión de causa, mejor dicho, era como un tema tabú. Por aquel entonces creía que no podés recusar sin expresión de causa a un juez que te cae mal, que es antipático, etc.
Y por otro lado me parecía realmente absolutamente novedoso que se lo hiciese para el hipotético caso que saliese sorteado, que no se esperase ni siquiera la notificación del sorteo. Luego entendí. Detrás de eso había una decisión estratégica, como diría Alejandro Rúa, en expresarlo de esa manera y en la oportunidad en la cual se expresaba. Luego lo copié, literalmente: cuando me tocó ser defensor lo hice en todos los fueros en los que podía recusar sin expresión de causa en los procesos.
Dije, a ver, ¿cuántos juzgados hay en el fuero? X cantidad de juzgados. ¿Cuál es el peor juzgado, aquel que se demora, que siempre se equivoca, que es un desastre? Ese en el cual uno realmente sufre el litigar. Bueno, a ese, si tenés la posibilidad, ¡sácatelo de encima! Recusás sin expresión de causa en el primer escrito y listo. Así que ¡pum! Una muy buena práctica copiada.
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Después, no hay que solamente copiar, sino que la tarea que se tiene que hacer en la práctica es ir y sentarse, hablar, escuchar, leer, aprender de quien ya está en el baile, digamos. Eso es lo que yo hice en su momento, y lo hago constantemente, lo hablo con mis colegas, con otros defensores y abogados.
En su momento hablé con defensores antes de yo ser defensor, luego lo hablé cuando quería ir a cambiar de trabajo, digamos, cambiar de centro judicial a otra defensoría, y escuché su experiencia, y hay que valorar la experiencia.
Primero porque, uno está compartiendo su experiencia y su tiempo con uno. Eso hay que agradecerlo.
Dos, como decía mi papá, de todos lados vos podés sacar algo positivo, escuchar algo, inclusive hasta de un tonto o alguien que te cuente una mala experiencia, te va a servir a vos para aprender sobre cómo no hay que hacer las cosas.
Tres, bueno, el punto de vista de otra persona nos enriquece y nos hace salir de nuestro sesgo de que hacemos todo bien, de que pensamos que somos unos genios: nos da un baño de humildad también. Así que, bueno, es cuestión de estar abierto.
Digresión, todo esto, si mal no recuerdo, hay una palabra muy linda, que no sé si es benchmarking que es la práctica en donde los competidores colaboran o intercambian información sobre esas prácticas, lo que es contraintuitivo a simple vista.
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Volvamos a otro ejemplo concreto en el que aprendí. Eran mis primeros años ejerciendo la profesión y en el fuero laboral vi que la otra parte, al contestar demanda, no negaba todo y cada uno de los hechos, sino que reconocía algunos. Y esto me llamó la atención. Claro, en ese momento yo venía con la formación de la facultad y la formación meramente teórica, en donde te dicen que tenés que negar todo y cada uno de los hechos y después pasar a dar tu versión donde decís lo que pasó. Sí, una cosa que yo siempre intuía que era medio raro, ¿no? O sea, ¿por qué iba a negar que el auto me chocó, si después en la verdad de los hechos iba a terminar diciendo el auto me chocó? Era como medio contradictorio o absurdo. Entonces aprendí que había otra forma de hacer las cosas y obvio, la copié.
Después con esa práctica me di cuenta que hay toda una teoría detrás, llevada a la práctica, ¿por qué hacemos eso? Si vos tenés una teoría del caso y determinados hechos que son afirmados por tu contraparte, vos también los afirmás, bueno, reconocélos. Listo, nos ahorramos pruebas, nos ahorramos tiempo y nos ahorramos conflictos o controversias.
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Después, como otra práctica que me interesó copiar, fueron las prácticas de feedback, en donde si tenemos gente a cargo, primero está bueno darle feedback todo el tiempo, diciéndole cuáles son los errores, cuáles son las cosas a mejorar y el porqué de la forma de hacer las cosas. Eso es importantísimo, yo siempre hago hincapié en eso. Y eso ya no sé de dónde lo copié, pero lo copié de algún lado, no es que se me ocurrió. Lo leí y lo implementé y está bueno.
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Por otra parte, hay otras prácticas que las adquirí con el conocimiento teórico, de leerlos. Por ejemplo, que los abogados no tenemos formación para liderar y dar órdenes, hay que formarse, y que dar órdenes no es tan fácil, hay que dar una orden precisa sobre lo que uno quiere y cómo lo quiere, etc.
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En definitiva, copiar a los mejores, emularlos, imitarlos, no está tan mal a simple vista. Obviamente no hay que hacer una copia o una imitación textual o a pies juntillas, porque si no, nos quedaríamos con una burda imitación o una burda copia, que en la misma realidad es un problema. Pero bueno, la idea es que de vez en cuando, como abogados, tenemos que levantar la cabeza, salirnos de nuestro metro cuadrado, ver cómo se hacen las cosas y aprender. Solo así seremos mejores.