Caso inexplicable

Sí, de vez en cuando nos cruzamos con algún que otro caso inexplicable como el que comento en esta oportunidad.

Cortesía de ChatGPT

Aunque no lo crean, es un caso de costas. Como siempre, uno cree que en materia de costas no hay nada por inventar. La maravillosa norma “el que pierde, paga” es la ama y señora que debería reinar sin contrincantes de peso en la mayoría de los casos. Sin embargo, a falta de argumentos y razonamientos normativos creativos, sagaces, convincentes de las partes, ¿qué hacer? ¿Aplicar la norma y seguir? ¡No! A falta de eso, siempre se encuentra algún juez con ansias de protagonismo, dispuesto a hacer lo que las partes no hicieron y dar rienda suelta a su creatividad, para aparecer “proactivo” y “empático”. Sí, lamentablemente aplicar la ley no garpa. Y lamentablemente, es difícil encontrar jueces de este estilo, que se buscan.

¿Vamos al caso? Uno de los más comunes del fuero donde impera la ley del “quiero flan”: familia. ¿De qué se trataba? Una simple protección de persona. El juez falla a favor de mi clienta, la parte actora y mantiene la medida de restricción en contra del demandado. Hasta ahí, nada del otro mundo. Sin embargo, la pizca de creatividad la puso al imponer las costas por su orden. ¿El fundamento? Ninguno, un absoluto despropósito. Hasta el día de hoy leo la resolución y me parece inexplicable que se haya llegado a esa decisión. Por supuesto, apelé y la cámara puso las cosas en su lugar, haciendo valer la norma de “el que pierde, paga”.

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