Rashomon

No creía que el “modo cine” se iba a extender todo febrero, pero me acordé de esta película del gran Akira Kurosawa y no pude no elegir concluir el mes cinéfilo con ella.

Cerramos febrero con cine y les prometo que esta entrada cierra el ciclo cine jurídico, por así decirlo, por lo menos por ahora. La película es Rashomon (1950) y es rara porque primero no es la típica hollywoodense, sino que es japonesa. Además, es rara porque es vieja. Sin embargo, es una joyita, no solo porque está dirigida por Akira Kurosawa, que ha tenido muchísimas películas que descubrí a lo largo del tiempo. Es más, muchas que creía hollywoodenses, no eran más que remakes de obras de Kurosawa.

Por ejemplo, Los Siete Magníficos (1960), un western muy conocido, en realidad es un remake de Los Siete Samuráis (1954), de Akira Kurosawa. O, por ejemplo, George Lucas se inspiró en La Fortaleza Escondida (1958) para hacer La Guerra de las Galaxias (1977). ¿Cómo cuáles? La primera es que la historia la cuenten no los protagonistas, sino personajes secundarios. La segunda es la manera de hacer las transiciones, con cortina y sonido. Algunos dicen que más que inspirar, Lucas básicamente le afanó a Kurosawa.

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¿Vamos a la película? Es rara para este ciclo porque no es propiamente una película judicial como las que traté, salvo Wonka. Aunque comparada con ella, es mucho más judicial. Bueno, ¿de qué se trata? Akira Kurosawa se inspira en dos cuentos de Ryunosuke Akutagawa. Uno es En el Bosque y el otro es Rashomon. Los fusiona y hace una historia muy interesante, que es contar el asesinato de un samurái y la violación de su esposa desde distintos puntos de vista, a través de la conversación de un monje, un peregrino y un leñador. La película nos contará las distintas versiones de un mismo hecho según el punto de vista de sus protagonistas. Así vamos a tener la versión del supuesto delincuente, vamos a tener la versión de la supuesta víctima, la versión de un testigo y, merced a la creatividad, la del mismo asesinado.

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En su momento me habían recomendado esta película, justamente para que la vea desde el punto de vista de un abogado. Y yo la vi. Sin embargo, me llevé una gran decepción. No fue un amor a primera vista, porque no me pareció buena o no le encontré la relación con el trabajo. Tiempo después, quizás más maduro le di una segunda oportunidad, la volví a ver e inclusive leí ambos cuentos japoneses. Ahí sí me gustó. Quizás por mi formación o por el paso del tiempo, hoy no dejo de recomendarla.

¿Por qué? Pues porque la esencia de la película, que luego se transmitió como un concepto, el “efecto Rashomon” es algo con lo que debemos convivir los abogados y, sobre todo, los que litigamos. No importa el área, aunque los penalistas deberían ser los principales interesados en verla. ¿Qué es eso del efecto Rashomon? Pues que los distintos protagonistas cuentan un hecho desde su subjetividad, dando lugar a distintas versiones posibles, razonables y, a simple vista, no se puede descartar ninguna como absolutamente falsa.

¿Por qué es importante? Pues porque, primero, puede haber tantas versiones de un hecho como personas hayan intervenido. Cada uno tendrá un punto de vista de cómo sucedieron las cosas. Obviamente, eso podrá terminar, según las consecuencias jurídicas, de una manera u otra. Sí, eso se vincula con la prueba. Elemental, mi querido Watson. En Rashomon, según la prueba, según la versión que se crea, el caso podría terminar con condena o absolución.

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La película es un gran recordatorio de lo evidente: los abogados trabajamos con hechos, en primer lugar. En segundo lugar, los hechos ya pasaron. ¿Entonces? Pues lo que tenemos entre manos son versiones de cómo sucedieron los hechos o cómo habrían sucedido.

Es frustrante, pero hay que reconocer que tendremos tantas versiones como involucrados o como relatos hagan del mismo hecho. Rashomon nos desafía en ese sentido y nos hace remarca que los abogados, por más que vayamos a la facultad y estudiemos toneladas de jurisprudencia, doctrina y teorías, al final del día siempre enfrentaremos los hechos, las versiones sobre cómo sucedieron y, obvio, la prueba.

Sí, como abogados, nuestro primer insumo, la materia prima con la que tenemos que trabajar son los hechos. Entonces, la enseñanza de Rashomon es, que, a pesar de toda nuestra formación jurídica, siempre debemos concentrarnos en los hechos. Pero no de cualquier manera. Debemos tratar las versiones de los hechos, pues siempre habrá varios.

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A partir de eso, existe algo que no se ve en la película, porque no hay un juicio propiamente dicho, sino que es más que nada una historia en una conversación. ¿Qué es? Pues que ese es el punto de partida de todo un trabajo que se complejiza cada vez más para los abogados.Como dice Alejandro Rúa en su Manual de litigación penal, la planificación del caso para llevarlo a juicio es profundamente estratégica. ¿Qué hechos tengo que probar? ¿Con qué prueba cuento? ¿Qué fortalezas y debilidades tiene? ¿Puede elegir este testigo? ¿Contraexaminaré al de la contraparte? ¿Cómo lo voy a atacar? ¿Por qué la versión de los hechos que tengo es convincente, creíble o no?

O sea, Rashomon es la previa de la litigación, pues recuerda que los abogados trabajamos con versiones de hechos pasados. De todas esas, de acuerdo a los “anteojos” que cada uno tiene, debe elegir testimonios, pruebas y planificar el caso para llevarlo a juicio. O, en su caso, decidir que en realidad debemos acordar antes.

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¿Pero tanto escrito para recordar que todos los días los abogados nos damos con versiones alternativas de los hechos? Encima, algunas son razonables, creíbles y hasta similares. Las vemos todos los días. “Yo contraté con su cliente”. “Sí, contrató, pero no ese trabajo, sino solo una intermediación”. “Pero su cliente es socio de quien me incumplió”. “No, ese incumplimiento fue por un trabajo posterior en el que yo no intermedié. Y no, ese hombre no es mi socio”. Se podrían dar mil ejemplos de casos así.

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En fin, ver Rashomon sirve para recordar los temas con los cuales trabajamos los abogados y cómo influyen en nuestra planificación. No solamente antes, sino después, para ir a juicio o sellar acuerdos. De cualquier manera, si no los convenzo o si creen que como abogados la tenemos clara en el sentido de que trabajar con los hechos es lo primero que tenemos que hacer, listo. Ahora, si son amantes del cine, tienen que ver igual Rashomon porque es una hermosa película.

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