Abogado: ¿quince años?

El 17 de diciembre de 2009 me recibí de abogado luego de aprobar mi última materia. Parece una vida. ¿Lo es?

Este año pasé por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Tucumán y le comenté a un colega que me preguntó hace cuánto me había recibido que este diciembre cumpliría quince años. Me impactó de sobremanera el número. Hace quince años que me recibí, así que pensé que estaría interesante si en ese tiempo efectivamente me dediqué a ejercer la Abogacía o no. Como dice Ángel Ossorio en El alma de la toga, “Abogado es, en conclusión, el que ejerce permanentemente (tampoco de modo esporádico) la Abogacía. Los demás serán Licenciados en Derecho, muy estimables, muy respetables, muy considerables, pero Licenciados en Derecho, nada más”.

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Si estamos a una definición estricta del ejercicio de la abogacía, fui abogado entre 2010 y 2011, cuando me matriculé en el Colegio de Abogados de Tucumán y ejercí la profesión. Otros tiempos eran aquellos, donde imperaba el expediente en papel, donde había que ir juzgado por juzgado a ver las notificaciones, firmar el libro de comparendo y procurar mucho. Nada que ver con la comodidad de la digitalización, las audiencias virtuales y demás. Recuerdo con mucho cariño esa época, en donde litigué mayormente en el fuero laboral, pero con amparos por la aplicación de la Ley de Riesgos del Trabajo. Eran épocas donde mi ejercicio se vinculaba a esa rama del derecho, pues también trabajaba en un gremio. Insólitamente, empezaría a hacer un MBA y también terminaría asesorando a una empresa textil. Como se ve, ya por aquella época uno tenía que adaptarse a los roles que le tocaban, según los clientes. También me comí mi primera multa en un proceso en contra del primer concurso de empleados para trabajar en tribunales por la forma de desempate (se prefería a los concursantes de mayor edad). Eso sí, la cautelar la conseguí y la revocatoria que planteó la Corte Suprema de Justicia de Tucumán se la gané. Y le cobré honorarios más tarde.

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Entre 2011 y 2014 tuve mi etapa de empleado judicial. Claramente para Ossorio dejé de ser abogado. ¿O no? Quizás con una definición un poco más amplia, no fue tan así. Sin embargo, acá debo destacar dos subetapas. Entre 2011 y 2012 trabajé con Ricardo Molina, Juez en lo Civil y Comercial Común de la 6ª Nominación del Centro Judicial Capital. Yo tenía el cargo más bajo, obviamente, pero aprendí un montón ayudándolo con las resoluciones: interlocutorias, definitivas e incluso terminé haciendo regulaciones de honorarios. Valoro mucho esa etapa de mi vida.

Sin embargo, ya en 2012 empezó la segunda subetapa, ya en la Defensoría Oficial en lo Civil y del Trabajo de la 3ª Nominación del Centro Judicial Capital, a cargo de Lidia Beatriz Espinosa de Tejerizo. Ahí tuve la oportunidad de volver a ejercer de abogado por así decir. ¿Es que hacer escritos, ir a audiencias y atender clientes no es ejercer la abogacía? De cualquier manera, en esa etapa también aprendí mucho y, si bien fui para hacer todo lo que no era familia, también terminé ejerciendo en ese fuero.

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Entre 2014 y 2017 tuve otra etapa: la de funcionario judicial, en la misma defensoría. Fue otro cambio importante, sobre todo en lo que hace a la responsabilidad. Tal vez sufrí un poco, pero al final el balance fue muy positivo. Continué litigando, por supuesto. ¿Era abogado todo ese tiempo? Uno supone que sí, que lo era. Otros podrían decir que no, que no lo era. Es más, muchos no estarán de acuerdo en la división de etapas. Al fin y al cabo, empleados y funcionarios siguen siendo empleados. Se habrán recibido de abogados, pero no serán abogados, en los términos de Ossorio.

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La tercera etapa es la que más me gusta, obviamente, entre 2017 y la actualidad. Como Defensor Oficial en lo Civil y del Trabajo, con carácter itinerante, con jurisdicción territorial en los Centros Judiciales Concepción y Monteros si hay algo que no dejé de hacer ni un segundo es, a mi modo de ver, ejercer permanentemente la Abogacía. Por supuesto, muchos considerarán que la defensa pública, la defensa los pobres, de los vulnerables, de las víctimas de violencia o incluso, de los condenados (pues me tocó hacerlo por alguna subrogancia en el área de ejecución) no es ejercer la Abogacía. Yo creo que sí lo es. No hay una sola forma de ejercerla. Y mi manera me gusta.

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En quince años pasan muchas cosas. Si me pongo a pensar, uno acumula anécdotas, fallos a favor, en contra, sanciones disciplinarias, gente que va, gente que viene, clientes y mil cosas más. No siempre se gana. No siempre se pierde. Sin embargo, creo que lo importante es ejercer dando el máximo en cada caso. El día que no lo pueda hacer estaré obligado a dar un paso al costado. Si alguien me ve así, pido me lo haga saber.

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