No sé ustedes, pero cuando cursé mi carrera, en una materia nueva, periférica, de orientación, “Organizaciones y Teoría de la Decisión”, vimos, al pasar a Manuel Atienza. Hace poco descubrí un decálogo que hizo para argumentación jurídica. Lo comparto…

1. “No multipliques los argumentos sin necesidad”. Esto es sencillo de evitar: cuando los jueces lanzan “a mayor abundamiento…” es la prueba clara de que están incumpliendo la recomendación.
2. “Cuando existan dos o más procedimientos argumentativos para llegar a una conclusión, elige el más simple”. ¡Cuánto agradecería que los jueces aplicasen esto! No quiero vuelteros, sino gente que abrace la simplicidad.
3. “No empieces a escribir el texto definitivo de la sentencia hasta que tengas un esquema suficientemente claro y completo del iter argumentativo”. Típico también y se nota. Si no sabés qué demonios vas a argumentas, no te lancés a escribir cualquiera…
4. “Usa el diálogo con tus colegas para clarificar lo que vaya a ser el texto definitivo de la sentencia, pero no para volverlo más largo”. ¡Amén! ¿Hay necesidad de mamotretos ilegibles de páginas y páginas? Anoten tribunales colegiados.
5. «Escribe pensando que la sentencia va a ser leída no sólo por tus colegas o por los juristas interesados por los temas allí tratados sino, sobre todo, por un ciudadano de cultura media que quiere comprender con la mayor facilidad y rapidez posible la decisión y su fundamentación, y que está dispuesto a ser persuadido por los mejores argumentos». Este consejo es largo, pero se podría resumir en: ¿alguno de los jueces quiere pensar de vez en cuando en los lectores de sus sentencias? Gracias.
6. “Evita tomar decisiones puramente declamatorias: que no puedan llegar a ser ejecutadas por circunstancias fácticas o normativas fácilmente previsibles”. Esta es la famosa sentencia “para la tribuna”, tan tentadora para los jueces…
7. “Esfuérzate por alcanzar el consenso: por lograr una decisión y una fundamentación de la misma que no genere salvamentos o aclaraciones de voto, o que reduzca al mínimo esa posibilidad”. Y sí, el famoso consenso, viejo, metánle todos, no hagan un rompecabezas de sentencia después.
8. “No lleves a cabo una motivación que suponga entrar en niveles de fundamentación que sean más profundos de lo estrictamente necesario para justificar suficientemente la decisión”. O sea, la argumentación va de la mano de la necesidad, no profundicés de más.
9. “No asumas tesis ideológicas que sean controvertidas en el espacio social y dentro del tribunal, y que resulten innecesarias para justificar la decisión”. Como decía mi madre: “no te metas en camisa de once varas” (obvio, si no es necesario, je).
10. «Un tribunal constitucional tiene que ser algo más que un legislador negativo, porque en ningún caso puede renunciar a cumplir con su función esencial: garantizar los derechos fundamentales de la gente. Pero debe hacerlo sin transgredir el Derecho, respetando los límites constitucionalmente establecidos, lo que en algún caso puede significar renunciar a tomar la decisión que, en abstracto (si no existieran esos límites institucionales), pudiera parecer la más justa. Los jueces constitucionales no pueden convertirse en los nuevos señores del Derecho». Este consejo también es re largo y me atrevo a resumirlo en “no te subás al pony”, por más que al pony no le guste…
El decálogo de Manuel Atienza, acá, en su blog.
Y por aquí intenté leerlos de forma tal de aplicarlos para el litigio de los abogados.
Sí, esto fue un hilo el 03/11/24.