A veces se gana y a veces se aprende

Sí, no voy a compartir siempre casos exitosos. De los otros también se aprende, aunque desearíamos no perder nunca.

Cortesía de ChatGPT by DALL·E

Siempre me gustó acelerar los procesos. Será porque quizás me sentí más identificado con los actores que con los demandados. Y, por otra parte, nunca me gustó todos los artilugios que utilizan los juzgados para demorar las resoluciones.

Una de ellas, que algunos manejaban a la perfección, fue el cumplimiento de las cuestiones fiscales. Todos, con tal de evitar que corra el tiempo para decidir, se vuelven fiscalistas extremos.

Sin embargo, nunca tuve muchos problemas mientras litigaba porque, como todos mis clientes lo hacen al amparo del beneficio de litigar sin gastos, no deben, en un principio, pagar la dichosa planilla fiscal.

Pero siempre quiero ir más allá y por eso cuando llegué a mi cargo empecé a plantear algo revolucionario: aplicar la ley. ¿Cómo? Pues sí, en el viejo Código Procesal Civil y Comercial se establecía que cuando una parte obtenía el beneficio de litigar sin gastos, la otra litigaba en igualdad de condiciones, sin perjuicio de que, si era derrotada, debía pagar las tasas y la famosa planilla fiscal.

Así, no se me ocurrió otra cosa que pedirles a los jueces del fuero que empiecen a aplicar las normas y pasasen a resolver sin hacer intimaciones a pagar la planilla, sin hacer cargos fiscales, sin mandar oficios a Rentas e incluso, directamente sin hacer la planilla.

Tuve eco en algunos juzgados, pero no en uno en particular, bien legalista. No tuve mejor idea que cuestionar esa decisión. Me rechazaron los recursos. Me fui en queja a la cámara (sí, no es un error, me fui a la cámara por esto en queja). La cámara me abrió el recurso, pero la posición fiscalista se impuso 2 a 1. No hubo final feliz esta vez.

Perder no es lo peor que nos puede pasar. Siempre se puede estar peor. Como me pasó a mí en ese caso cuando le comenté a la clienta todo el lío. Ella, que solo quería que le saliese rápido su divorcio, con una lógica indiscutible, me dijo: “Doctor, me hubiera dicho que tenía que pagar la planilla fiscal, la pagaba y listo”. Lección aprendida. O recordada: trabajamos para el cliente, hay que preguntarle qué le interesa, brindarle las opciones y que elija. Somos actores de reparto, no protagonistas de la obra.

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