No es lo mismo, es distinto

Parece la canción de Alejandro Sanz, pero la entrada concentra el recuerdo de un caso que también tuve que llevar a la cámara.

Cortesía de ChatGPT by DALL·E

A veces pienso que los casos en los que intervenimos por demandados, son menos simpáticos que aquellos en donde vamos por los actores. Sin embargo, no siempre es así y este caso que recuerdo hoy fue uno de esos.

Corría 2018 y me cayó un típico caso del fuero de familia: abuelo embargado porque el hijo no se hace cargo. El viejito termina siendo el pato de la boda: embargado en un 15% de su jubilación miserable (sí, por aquel entonces también eran miserables las jubilaciones). Un hombre de 70 años poniendo la cara por un sinvergüenza de 36. Encima, este pobre hombre ya se hacía cargo de cuatro nietos menores de edad, quienes vivían con él. ¿Es que encima debía hacerse cargo de otros dos más? ¿Qué no era que no es lo mismo ser abuelo que ser padre? La situación, como siempre en donde la pobreza domina el escenario, era espantosa. Los ingresos de mi cliente quedaban, luego del embargo trabajo, equivalentes a apenas el 61% del SMVM. Un espanto.

Ahora que leo la resolución, me doy cuenta de lo importante que es a veces tener alternativas. Incluso en los recursos. El objetivo primordial era lograr que se cese en el descuento pues no se había acreditado, a mi modo de ver, que el sinvergüenza de 36 años no pudiese pagar, solo estaba desempleado. Pero como somos pocos y nos conocemos mucho, como se dice, la alternativa que planteé fue que, en todo caso, se redujera el porcentaje fijado.

La cámara me escuchó y redujo el porcentaje de alimentos provisionales fijado. Luego el caso siguió y lo terminamos acordando. Mucho tuvo que ver esta sentencia que, a decir verdad, no fue la mejor dentro de las alternativas proyectadas.

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