Esta entrada es nostálgica porque recuerda cuando cumplí cinco años como Defensor Oficial en lo Civil y del Trabajo, con carácter Itinerante, con jurisdicción territorial en los Centros judiciales Concepción y Monteros (sí, cargo con nombre larguísimo, más conocido como «el itinerante»).

En el medio se fue mi papá, nació mi tercera hija y me doctoré (al día siguiente del nacimiento de Paz).
¿Qué es eso de «itinerante»? Pues significa que lunes, martes y miércoles, la oficina se va al interior del interior tucumano: Tafí del Valle, La Cocha y Monteagudo, para atender a todos aquellos que necesiten asistencia de un abogado y no puedan pagarlo.
¿Se quiere divorciar? ¿Quiere que el padre reconozca a los chicos? ¿Necesita que el progenitor cumpla con los alimentos para sus hijos? ¿Sufre violencia? En todos esos conflictos intento asesorar, representar y defender de principio a fin.
Por supuesto, los asuntos del derecho de familia son la mayoría, pero también están presentes los problemas de tierras: acciones posesorias, reivindicaciones, prescripciones adquisitivas, amparos a la simple tenencia y demás.
El trabajo tiene su variedad, porque también me ha tocado llevar casos de daños y perjuicios, acciones de consumo e incluso un par de laborales.
En estos 5 años tuve mudanzas de oficinas, vino gente, se fue gente, pero (creo) lo que siempre se mantuvo fue el compromiso de brindar un servicio de excelencia desde la defensa pública.
En algún que otro caso significativo pusimos nuestro granito de arena, como este, de gran repercusión en los medios (La Gaceta, 07/07/19).
En este caso literalmente se me quemaron los papeles, pero luego de remarla mucho, tuvimos final feliz (La Gaceta, 01/04/22).
También nos tocó ser accidentalmente actores de reparto en resoluciones judiciales novedosas, como esta (La Gaceta, 21/10/19).
Me advirtieron por usar la famosa frase «no borrarás con el codo lo escrito con la mano» como en el caso que comentaron acá y que recordé aquí.
En el medio me dediqué a otra cosa, como subrogante del área de ejecución penal. Y aprendí un montón. Perdí este caso en la Corte Suprema de Justicia de Tucumán (La Gaceta, 12/11/19).
Por supuesto, nada de esto lo hice solo, por eso se me mezcla el plural. Tengo excelentes compañeros de trabajo que hacen que mi trabajo pueda ser llevado con el profesionalismo y la calidad a la que aspiro. Son un equipo de lujo.
Aprendí que el tema no es ganar o perder (no se puede ganar siempre), sino dar lo mejor de uno en cada caso concreto: sin importar la dificultad del caso, el cliente, nuestra postura personal ni nada por el estilo.
Mi trabajo es por ahora una gran fuente de satisfacciones y de desafíos. Por eso, como Vanessa Lucero puedo decir que no quiero ser juez. Aspiro (apenas) a seguir trabajando como defensor.
Y quiero trabajar de tal forma de escuchar comentarios similares al de mi hermano Benjamín (sí, le caben las generales de la ley): «quisiera ser pobre para tener un abogado como Agustín». El día que vean que no lo haga… ¿me retan? Así vuelvo a la senda…
La gente de Cuarto Intermedio del Colegio de Abogados y Procuradores de Salta leyeron algo de esto este hilo y me hicieron una pequeñísima entrevista. Alcancé a contar un par de casos de laboratorio, como me pidieron. Si les interesa, se las dejo acá.
Sí, esto fue un hilo el 10/05/22.
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