El infierno de un jurado

Si es muy temprano para que a alguien se le ponga la piel de gallina, que no lea esta entrada. Si son impresionables con solo leer e imaginar las situaciones que se describen, tampoco. Si bien hay un juicio por jurado de por medio, el protagonista hoy es el infierno.

¿Cuál infierno? El de un caso de violencia institucional con gravísimas violaciones a los Derechos Humanos (que, valga aclarar, no son un curro), que recuerda a oscuras épocas de un país que ya tiene cuarenta años de democracia.

¿Cuál infierno? El que sufrieron las víctimas del caso sucedido en la Comisaría de La Tablada, La Matanza, que terminó hace unos días con la declaración de culpabilidad de once policías por torturar y abusar sexualmente de veintiocho detenidas y personas trans.

¿Cuál infierno? El que sucedió entre septiembre de 2019 y enero de 2020, que empezó a ser investigado gracias a una inspección conjunta de la Defensoría General de La Matanza y la Comisión Provincial por la Memoria (CPM).

¿Cuál infierno? El que impactó terriblemente a los que hicieron la inspección, a pesar que muchos de ellos llevan años escuchando a personas privadas de libertad sobre diversos abusos, por la magnitud del hecho y la continuidad de las vejaciones. «Fue como haber estado en un campo de concentración» dijeron alguno de los inspectores

¿Cuál infierno? El de las “severidades” sufridas por las víctimas, dentro de las cuales sin duda, orinar en botellas de plástico y defecar en bolsas de nylon para luego coexistir con eso pican en punta seguidas del robo de comida y su sustitución por otra en mal estado.

¿Cuál infierno? El de la violación agravada cometida por los agentes de la ley y el orden mientras buscaban un celular en una requisa, que, obviamente también se hizo con personal policial masculino, sin consentimiento de las víctimas ni (sobra decirlo) autorización judicial.

¿Cuál infierno? Aquel en el que las víctimas se quejaron y así les fue: quedaron todas desnudas y amontonadas en un bañito donde las molieron a palos y las hicieron hacer “ejercicio”. A Daiana le dieron un trato especial: habitación y trabajo propios: debía limpiar orín, materia fecal y vómitos. Todo, con sus propias manos.

¿Cuál infierno? Aquel en el que también hay una perlita: el comportamiento de la defensa de los policías en el juicio, al interrumpir a los acusadores con “córtenla con este curro de los Derechos Humanos”. ¿El juez Gerardo Gayol? Parece que bien, gracias.

¿Cuál infierno? Aquel en el que creyó un jurado. Margarita Jarque de la Comisión Provincial de la Memoria puede cerrar mejor esta entrada, con lo que declaró al diario: «Sí creo muy importante que un jurado popular, surgido del propio pueblo, pueda tomar dimensión del significado, del dolor de las víctimas. Que hayan sido tan valientes, porque las defensas fueron muy hostiles, y que hayan podido ponderar de manera ecuánime a los imputados».

La fuente, como siempre, la Asociación Argentina de Juicio por Jurados, acá.

Sí, esto fue un hilo el 25/04/23.

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