Nombre curioso, saludo peligroso

La entrada recuerda una vieja anécdota de un magistrado que tuvo una trayectoria de vida en la justicia federal tucumana, al punto tal de que a la mesa general de entradas de esta se le puso su nombre… en vida.

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Para los transeúntes de la calle Congreso en su intersección con Las Piedras, unas letras doradas sobre el viejo edificio de la justicia federal tucumana dicen que la Mesa de Entrada General se llama “Dr. Raúl David Mender”.

El nombre a muchos extraños al foro puede no decirles nada. Sin embargo, detrás de esas letras doradas se esconde, como en todo, una historia.

Mender hizo toda su carrera en la justicia federal tucumana. Ingresó en 1951 como secretario y quedó cesante en 1976 cuando ya cumplía funciones como juez de cámara. El regreso de la democracia significaría para él su retorno a su cargo. Desde allí, vería pasar todos los gobiernos democráticos hasta que, ya en 2016, luego de una larguísima enfermedad, renunció a su cargo, a los 95 años (La Gaceta, 26/10/16). El presidente Mauricio Macri le aceptó la renuncia mediante el Decreto 1164/16.

Una trayectoria de tantos años en un solo lugar de trabajo es algo que, en esta modernidad, es rara, pues lo habitual es el cambio y no la permanencia. Quizás mucho de eso haya tenido que ver para que sus compañeros en la Cámara Federal de Tucumán dictasen la Acordada 99/16 que, con un repaso de su extensa trayectoria, le agradecía por “su valiosa labor en el desempeño de sus funciones en el ámbito del Poder Judicial de la Nación”. Mender fallecería al año siguiente (La Gaceta, 30/09/17).

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Seguro que Mender tuvo a lo largo de su vida profesional numerosas anécdotas, pero la que trascendió, incluso en la prensa nacional (El Cronista, 23/02/10) y que mi memoria retuvo, fue la que el viejo juez protagonizara en el 2008.

Mender subía las escaleras para ingresar al edificio cuando un empleado de una fiscalía las bajaba para salir. En el cruce, este lo saludó con un, aparentemente inofensivo “hola, buen día”. Vaya uno a saber qué le habrá pasado a su señoría, que, afectado en su decoro y majestuosa dignidad, inmediatamente lo llamó y le bajó la idea de que “acá no somos todos iguales”, en una cierta interpretación creativa del artículo 16 de la Constitución Nacional. Ya en su posterior descargo argumentaría que lo que dijo el empleado fue “hola, ¿qué tal?”.

Las versiones luego se bifurcan. El empleado dice que defendió lo que sería la versión originalista de la cláusula constitucional diciendo “todas las personas son iguales” mientras que la versión de su señoría fue que el muchacho se retiró cobarde y rápidamente.

Compungido, ya en su despacho, el juez le ordenó a la guardia que cuando ingresase de nuevo el empleado, lo trajese, incluso por la fuerza, a su oficina. El atribulado empleado, ya ante esta situación, fue auxiliado por su jefe directo, el fiscal general, quien se vio, al igual que él, impedido de acceder al edificio por la pretoriana guardia que seguía inflexible las órdenes impartidas por su señoría Mender.

En una secuencia confusa que no se sabe muy bien cómo se produjo, el dúo pudo escabullirse y subir por el ascensor tribunalicio. De acuerdo a la versión de su señoría el fiscal llegó “predispuesto al escándalo” como vulgar “patotero de calle”, sembró la confusión y se aprovechó de ella.

En su ¿descargo? Mender dijo que no había recibido todavía las debidas disculpas del joven empleado (sí, así como se lee) y que ello demostraba que ostentar un título universitario (el joven era abogado) no quiere decir que por ello se adquiera “señorío” (sí, sí, así como lee).

El final es para comer pochoclos, pues la pluma del magistrado indicó que “lo doloroso es que salen con esa moda actual vívida y disgregacionista, con una verdadera ‘cultura piquetera’, hijos del ‘tuteo’, del ‘checheo’, del ‘vozteo’, sin importarles una pizca la dignidad ciudadana, que quedaría salvada con un simple ‘buen día’ o ‘buenas noches’”.

La resolución del caso se dio, como todo en la justicia, años después. En efecto, la Resolución 26/10 del Consejo de la Magistratura le impuso una sanción de advertencia con especial énfasis en su proceder autoritario y violatorio de la Constitución Nacional, pues no solo afectó el derecho a la igualdad, sino también el derecho al trabajo. No conforme con el resultado, Mender la recurrió ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que finalmente, mediante la Resolución 3047/10 rechazó su recurso y confirmó la decisión tomada por el consejo.

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Los nombres de los espacios públicos son importantes. O al menos, deberían serlo. No todo da lo mismo. Las plazas, las calles, los edificios incluso, son susceptibles de ser nombrados de tal o cual manera. Muchos de ellos son incluso símbolo de una época. O de cambios de épocas. Tal vez con las elecciones se quiere resaltar tal o cual figura, hacerle un homenaje, usarlo de ejemplo para el resto de los ciudadanos, quizás por sus virtudes, sus habilidades o por su trayectoria pública.

Por supuesto, siempre hay espacio para los cambios de ocasión, para quedar bien con tal o cual sector o, incluso, para dar lugar a corrientes que tienen otra lectura de la historia. Eso sí, en general, siempre se ha buscado que este tipo de elecciones quedasen para la posteridad, para que sean las siguientes generaciones, luego de un tiempo prudencial, quienes pudiesen homenajear a los hombres públicos con el honor de llamar una calle o un paseo público en su nombre.

Pero, como se dice, en todos lados se cuecen habas. Y en todos los tiempos también. Carlos Páez de la Torre (h), recuerda un acto al cual caracteriza de nepotismo en estas lides, ocurrido en 1888 (La Gaceta, 16/12/14). Gobernaba la provincia Lídoro J. Quinteros y se le ocurrió fundar un pueblo en Río Seco, departamento Monteros. ¿A que no adivinan qué nombre le puso? Sí, el suyo. Por eso Villa Quinteros se llama así hasta el día de hoy. La mesa general de entradas de la justicia federal tucumana es un ejemplo más de que hay cosas que, aunque pasen muchos años, no cambian.

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El curioso episodio no hizo mella en la decisión que sus colegas de la Cámara Federal de Tucumán tomaron cuando Mender cumplió 60 años de su ingreso en el Poder Judicial de la Nación (La Gaceta, 20/12/11).

Eso sí, Mender no fue Quinteros, pero sus colegas le ahorraron el trabajo, puesto que en la Acordada 101/11 (inhallable en el mar de Internet) lo honraron al imponerle su nombre a la Mesa General de Entradas de la Justicia Federal de Tucumán. Y todo poco menos de un año después de la confirmación de su sanción por la corte nacional.

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Quizás ahora, cuando pase por la intersección de Congreso y Las Piedras y vea las letras doradas sobre el mármol del viejo edificio piense que detrás de ese nombre curioso, hubo un saludo peligroso.

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