¿Si el perro de mi vecino mata a mi perro puedo terminar embargándole y secuestrándole su camioneta Amarok? “El caso del perro”, como se conoce en la oficina, es sin duda, uno de los más insólitos que me tocó.

Consulta de clienta. “El perro de mi vecino me mató mi perro”. Las circunstancias: mientras el perro agresor era una dupla de infernales pitbulls, el perro asesinado era un pequeño caniche. Claramente una pelea desigual e injusta.
Mediación infructuosa: no se pudo llegar a un arreglo (sí, insólito). Demanda nomás en el ámbito judicial. ¿Monto? $ 25.000 en 2018 (infame Mundial de Rusia). Igual para esa fecha era poco, pero bueno… ¿cuánto puede costar un perro?
Contaba a favor de la clienta que el pitbull es un perro peligroso (chocolate por la noticia), pero no de forma subjetiva, sino objetivamente así clasificado por una vigente e increíble ley tucumana (artículo 2 de la Ley 8129).
Encima, se armó una causa penal luego del triste evento (¿a quién se le puede negar una causa penal?). Y aunque no lo crean, la causa penal sería clave porque un testigo en ambas causas declaró contradictoriamente y ¡se ordenó su investigación por falso testimonio!
La defensa planteó falta de legitimación pasiva por no ser el dueño de los perros, sino que eran de su novia (bien machirulo). Eso motivó una sesuda contestación sobre la triple legitimación pasiva: dueño, guardián y quien se sirve de la cosa.
Salió sentencia favorable de primera instancia, que concedió la indemnización por el daño no patrimonial pero no por el patrimonial (sí, insólito). Apelé ese punto, porque tenía un informe sobre el valor del perro en plaza. A todo esto, los honorarios eran más que la indemnización.
En segunda instancia la cámara concedió el pequeño daño patrimonial reclamado. Para eso debió decir lo obvio: los animales son cosas y la señora tenía derechos patrimoniales sobre el caniche (la otra parte planteó que era una persona no humana).
Lo difícil vino después, al querer cobrar. Se libró oficio al empleador para que embargase el sueldo. No pasó nada. Se impusieron astreintes. No pasó nada. Se ejecutaron. No pasó nada. Se mandaron los antecedentes al Ministerio Público Fiscal por desobediencia judicial. No pasó nada.
El empleador contestó mucho tiempo después que el ejecutado ya no trabajaba ahí. En eso descubrimos que tenía una camioneta Amarok. Salió embargo y secuestro. Y se hizo nomás: se la depositó en la Comisaría y se le retuvo las llaves en el Juzgado de Paz.
Ahí, mágicamente apareció el demandado y puso los billetes, uno sobre otro, para cumplir con la sentencia. El embargo y secuestro de una Amarok por un perro. Caro el chiste ¿no?
No se olviden del empleador-incumplidor, contribuyente a esta locura. Se siguió con las astreintes, la ejecución y obvio, había que embargar algo. A todo esto, las astreintes eran $ 60.000 (sí, más que el monto de la demanda).
Apareció una casita. Salió embargo. ¿Pagó? No. Pasó el tiempo y entonces se siguieron con los trámites para rematar la casa (sí, por $ 60.000 de astreintes de un caso de un perro de $ 25.000).
El juzgado, viendo que el caso se había ido de las manos, claramente, llamó a una audiencia a ver si se arreglaba de una vez este lío. No funcionó, no hubo arreglo (sí, insólito).
El caso del perro que llevó a secuestrar una Amarok y quizás termine en rematar una casa. Todo por un monto de demanda de $ 25.000. Only in Tucumán, cuna de la independencia.
Aclaro que esta entrada fue originariamente un burdo pedido de disculpas y de desagravio en honor a quien en una actitud muy machirulística omití olímpicamente en otro hilo pero a quien le había gustado la anécdota de este caso. ¡Gracias por hacérmelo notar!
Sí, esto fue un hilo el 09/07/23. Tiene su segunda parte acá, originada en otro hilo del 24/03/24.
6 comentarios sobre “El caso del perro”